CRIMEN Y CASTIGO EN LA SEVILLA DEL ANTIGUO RÉGIMEN

CRIMEN Y CASTIGO EN LA SEVILLA DEL ANTIGUO RÉGIMEN

CRIMEN Y CASTIGO EN LA SEVILLA DEL ANTIGUO RÉGIMEN

 

                                  José Antonio López Rodríguez.

                Licenciado en Derecho y Diplomado en Criminología.

 

 En la primavera sevillana del año 1800 estaba empezando el siglo que tan funestos sucesos iba a deparar a España en general y a Sevilla en particular.

Poco antes de que se declarara la epidemia de fiebre amarilla que diezmaría la población de la capital hispalense, se produjo un cruel asesinato en la calle Ancha de San Martín, hoy calle Alberto Lista.

La víctima del crimen, de 83 años, fue Antonio de Herrera y Morón, Hermano Mayor de la Santa Caridad durante 34 años, institución donde se le recuerda aún como “el criado de los pobres”. Los autores fueron unos jóvenes “montañeses” que allanaron su morada para robarle.

Montañeses, es como se ha llamado siempre a las gentes de la Montaña, hoy Cantabria, que protagonizaron la reconquista de Sevilla con Fernando III y la posterior repoblación de gran parte de Andalucía. Aún hoy, el decano de la prensa cántabra lleva por nombre Diario Montañés.

Ser “montañés” equivalía a ser hidalgo por proceder de “las montañas de Burgos” que en aquel entonces incluían Cantabria y norte de Palencia, zonas de hidalguía colectiva y de behetrías.

Montañés luego fue apellido y así se apellidaron personajes célebres como el escultor de la escuela sevillana Juan Martínez Montañés o el humanista Benito Arias Montano.

Antonio de Herrera y Morón también era hidalgo. Era Alférez Mayor Perpetuo por juro de heredad, de la villa de la Rinconada de Sevilla y era miembro de la Hermandad de las Doncellas. En prueba de hidalguía se le había devuelto la Blanca de la carne sobre el impuesto de la sisa. Fue propietario de la Hacienda La Prusiana en Mairena del Aljarafe y estuvo casado con Rosa Quijano Loizaga.

            

  Antonio de Herrera y Morón en el catálogo de Hermanos Mayores de la Caridad
Antonio de Herrera y Morón en el catálogo de Hermanos Mayores de la Caridad

                  

Entrada al Hospital de la Caridad
Entrada al Hospital de la Caridad

 

En la puerta del Hospital de la Caridad, la famosa institución fundada por Miguel Mañara, aún puede leerse Santa Caridad, Domus Pauperum Scala Coeli, (la Casa de los Pobres es la escalera hacia el cielo).

Allí, entre cuadros de Murillo y Valdés Leal y esculturas de Pedro Roldán, se prestaba cuidado a los necesitados como se sigue haciendo hoy.

En el atrio de la Iglesia de San Jorge, aneja al Hospital, está enterrado Antonio de Herrera y Morón junto a otros hermanos mayores como su sobrino Eusebio de Herrera y Rojas, que también fue teniente de Alcaide de los Reales Alcázares.

En la fecha del crimen era Oidor Decano de la Real Audiencia Don Francisco de Bruna y Ahumada, personaje que dejó huella en la historia cultural de Sevilla en la que una calle lleva su nombre.

Tal y como se relata en los Anales de Sevilla del cronista José Velázquez y Sánchez, en la noche del 7 de mayo de 1800, fue atacada la casa del número 6 de la calle Ancha de San Martín, morada de Antonio de Herrera y Morón, caballero de notoria hidalguía y excelente fama y los malhechores, después de robar todo el dinero que encontraron, le dieron muerte a puñaladas. La Justicia prendió a un “montañés” llamado Pedro Fernández, que resultó convicto y confeso.

Desde el primer momento surgió entre los montañeses establecidos en Sevilla  un espíritu, que aunque ajeno a cualquier sentimiento de solidaridad con el joven delincuente, les llevó sin embargo, por espíritu corporativo, a preocuparse de su bienestar en la cárcel y a su defensa con buenos abogados intentando por todos los medios librarle de la pena capital.

Al fin recayó sentencia de muerte y entonces presentaron la justificación de la hidalguía del reo por ser montañés, y lograron que la pena se ejecutara en “garrote noble”

El día de la ejecución amaneció el patíbulo enlutado y tendida una alfombra negra desde sus gradas hasta la “cárcel de los señores” y se cumplió la sentencia colocando cuatro hacheros en el cadalso con gruesos cirios en señal de distinción con los ejecutados en garrote ordinario o en garrote vil, pues la ejecución en garrote era exactamente la misma en los tres casos salvo signos externos en la conducción del reo.

Después de la ejecución, se bajó el cadáver y se condujo a la iglesia de San Francisco, donde quedó en la Capilla de los Burgaleses y al día siguiente se celebraron las exequias con gran ostentación pagada por sus paisanos. Se le dio canónica sepultura en el recién estrenado cementerio de Eritaña con numeroso acompañamiento.                                 

La ejecución en garrote era ya habitual desde el siglo XVIII aunque en 1800 aún se ahorcaba a los condenados como en siglos anteriores. Recordemos a Sancho Panza asustado al comprobar que en una arboleda asoman pies de personas entre las ramas de los árboles, ante lo que Don Quijote lo tranquiliza diciéndole: “No tienes de qué tener miedo, porque estos pies y piernas que tientas y no ves, sin duda son de algunos forajidos y bandoleros que en estos árboles están ahorcados; que por aquí los suele ahorcar la justicia cuando los coge, de veinte en veinte y de treinta en treinta; por donde me doy a entender que debo estar cerca de Barcelona.”

La pena de muerte en la horca fue sustituida por José I en 1809 y después por las Cortes de Cádiz, por la ejecución en garrote, y se hizo por motivos “humanitarios” al considerar más cruel la horca por ser mayor el lapso de tiempo que el reo tardaba en morir.

Después volvió a aplicarse y fue mediante Decreto del año 1832, cuando Fernando VII abolió la pena de muerte en la horca con un texto que decía lo siguiente: “Deseando conciliar el último e inevitable rigor de la justicia con la humanidad y la decencia en la ejecución de la pena capital, y que el suplicio en que los reos expían sus delitos no les irrogue infamia cuando por ellos no la mereciesen, he querido señalar con este beneficio la gran memoria del feliz cumpleaños de la Reina mi muy amada esposa, y vengo a abolir para siempre en todos mis dominios la pena de muerte por horca; mandando que adelante se ejecute en garrote ordinario la que se imponga a personas de estado llano; en garrote vil la que castigue delitos infamantes sin distinción de clase; y que subsista, según las leyes vigentes, el garrote noble para los que correspondan a la de hijosdalgo”..

La pena de muerte en garrote estuvo vigente en España de forma ininterrumpida hasta 1932 bien entrado el siglo XX. La segunda república la abolió en 1932 pero la reimplantó en 1934 para delitos de terrorismo y bandolerismo y la Constitución de 1978 la suprimió definitivamente.

 

Foto portada: Cárcel Real de Sevilla que estuvo en la calle Sierpes

FUENTES

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https://docelinajes.es/2016/12/antonio-de-herrera-y-moron-criado-de-los-pobres-por-d-jose-m-huidobro/

 

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