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La Antigüedad nunca estuvo aislada: los vínculos entre Oriente y Occidente que revela una exposición en Milán
Mucho antes de la globalización, el Mediterráneo y Asia ya estaban conectados por rutas comerciales, intercambios artísticos y encuentros culturales. Una exposición en la Fondazione Prada reúne más de 150 objetos para reconstruir aquella extensa red de relaciones que transformó el mundo antiguo.
Por Sofía Lovelace
Hay objetos que parecen contener una historia mucho mayor que su propia materia. Una pequeña figura femenina de marfil, procedente del subcontinente indio, llegó hasta Pompeya en algún momento anterior a la erupción del Vesubio del año 79. No sabemos quién la transportó, qué itinerario siguió ni quién fue su propietario. Pero su presencia en una ciudad romana constituye un testimonio extraordinario: hace casi dos mil años, un objeto nacido en una cultura distante había recorrido miles de kilómetros hasta alcanzar el Mediterráneo.
La distancia que separaba ambos territorios no impedía el contacto. Entre ellos existían rutas comerciales, desplazamientos humanos, intercambios de conocimientos y circulación de imágenes. Aquella pequeña escultura es una de las piezas que permiten comprender el alcance de una historia que todavía hoy continúa sorprendiendo.
A partir de este tipo de testimonios se articula Global Antiquity: Cultural Interactions in Afroeurasian Space 600 BCE–1000 CE, la exposición inaugurada el 5 de noviembre en la Fondazione Prada de Milán. El proyecto reúne más de 150 obras y objetos procedentes de museos y colecciones internacionales, con el propósito de reconstruir las relaciones artísticas, culturales, comerciales y políticas que conectaron el Mediterráneo con Asia durante más de dieciséis siglos.
La exposición, comisariada por Salvatore Settis, Anna Anguissola y Chiara Ballestrazzi, propone una revisión de nuestra manera de contemplar la Antigüedad. En lugar de presentar las civilizaciones como mundos independientes, organizados alrededor de sus propias fronteras, plantea una historia de encuentros, influencias y transformaciones recíprocas.
Una historia que no cabe dentro de las fronteras
Durante mucho tiempo, los relatos históricos han tendido a organizar el pasado mediante grandes civilizaciones: Egipto, Grecia, Roma, Persia, India o China. Cada una aparece asociada a un territorio, una tradición artística y una trayectoria política. Esta forma de ordenar el conocimiento resulta útil, pero puede producir una imagen incompleta cuando deja en segundo plano las relaciones que hicieron posible la circulación de personas, objetos e ideas.
Global Antiquity parte precisamente de esa dificultad. Su recorrido abarca aproximadamente desde el año 600 antes de nuestra era hasta el 1000 de nuestra era y propone observar el espacio afroeurasiático como una extensa red de contactos.
Las conocidas rutas de la seda y de las especias forman parte de ese entramado, pero no lo agotan. Los intercambios no seguían necesariamente un único itinerario ni avanzaban siempre desde un centro cultural hacia una periferia. Las relaciones podían desarrollarse en varias direcciones, mediante intermediarios, desplazamientos sucesivos y adaptaciones locales.
Un objeto podía cambiar de propietario, de significado y de función a medida que atravesaba diferentes territorios. Una imagen religiosa podía ser reinterpretada por otra cultura; una técnica artesanal podía incorporarse a una tradición distinta; una mercancía podía convertirse en símbolo de prestigio o en testimonio de una relación política.
La historia que emerge de estas piezas no es la de un mundo antiguo inmóvil, sino la de sociedades que se transformaban también mediante el contacto con otras.
La pequeña figura que viajó hasta Pompeya
La estatuilla femenina de marfil procedente de la India constituye uno de los ejemplos más reveladores de la exposición. Fechada en el siglo I de nuestra era, mide aproximadamente 24 centímetros de altura y se conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.
Su llegada a Pompeya plantea una pregunta inevitable: ¿cómo pudo un objeto originario del subcontinente indio terminar en una ciudad romana?
No es posible reconstruir con absoluta certeza su recorrido particular. Sin embargo, su presencia permite situar el Mediterráneo dentro de un sistema de intercambios mucho más amplio. Las relaciones comerciales y marítimas conectaban distintos puntos de Asia, el océano Índico, el mar Rojo y el mundo romano. Los productos podían circular a través de numerosos intermediarios antes de alcanzar su destino.
La figura no demuestra por sí sola la existencia de una ruta directa entre su lugar de producción y Pompeya. Lo que demuestra es algo igualmente importante: que determinados objetos y formas artísticas podían recorrer distancias extraordinarias y aparecer en contextos culturales muy diferentes de aquellos en los que habían sido creados.
Su valor histórico reside tanto en su procedencia como en el lugar donde fue encontrada. La arqueología permite así reconstruir relaciones que difícilmente aparecerían en los documentos escritos.
Cuando las imágenes también viajaban
Entre los testimonios reunidos en Milán figuran esculturas, relieves, inscripciones, monedas, tejidos, joyas, recipientes y objetos de uso cotidiano. Su diversidad permite observar que los intercambios culturales no se limitaban a las mercancías de lujo o a los productos destinados a las élites.
También viajaban las formas, los símbolos y las representaciones religiosas.
Uno de los ejemplos mencionados en el proyecto es una escultura de Buda procedente de Pakistán, fechada entre los siglos II y III de nuestra era. A ella se suma el testimonio de una estatua de Buda encontrada en la costa egipcia del mar Rojo, que la Universidad de Pisa destaca entre las piezas que ayudan a comprender la circulación de imágenes y tradiciones religiosas.
Estos objetos muestran hasta qué punto las expresiones artísticas podían atravesar territorios y participar en procesos de transformación cultural. Las imágenes no permanecían necesariamente ligadas a un único espacio geográfico. Podían desplazarse, ser contempladas por comunidades diferentes y adquirir nuevos significados.
La circulación de estas representaciones permite comprender que la historia del arte antiguo no puede estudiarse únicamente mediante escuelas, estilos o fronteras políticas. También es necesario atender a los caminos que hicieron posible su encuentro.
Un mapa de relaciones, no de civilizaciones aisladas
La propuesta de la Fondazione Prada concede una importancia especial a la manera de presentar las piezas. El diseño expositivo ha sido concebido por Rem Koolhaas y el equipo de AMO/OMA, con una disposición que organiza el recorrido mediante relaciones de convergencia, simetría e intersección.
La intención es que el visitante no contemple cada objeto como una unidad aislada, sino que pueda descubrir las conexiones que lo relacionan con otros testimonios.
Participan importantes instituciones internacionales, entre ellas el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, el British Museum de Londres, el Louvre de París, los Museos Vaticanos y el Parque Arqueológico de Pompeya. La amplitud de los préstamos permite construir un panorama que supera las fronteras de una colección o de una tradición nacional.
La exposición forma parte, además, de una línea de investigación que la Fondazione Prada desarrolla desde hace más de una década. En 2015 presentó Serial Classic y Portable Classic, proyectos dedicados a la reproducción y circulación de la escultura clásica. En 2022, Recycling Beauty examinó la reutilización de las obras de la Antigüedad en épocas posteriores.
Con Global Antiquity, esa investigación amplía su horizonte geográfico y cronológico para explorar la relación entre las culturas del Mediterráneo y Asia.
La globalidad antes de la globalización
Uno de los aspectos más interesantes del proyecto es la distinción entre dos conceptos que hoy suelen confundirse: globalidad y globalización.
La globalización, en su sentido moderno, está asociada a estructuras económicas, políticas y tecnológicas de alcance mundial. La globalidad, en cambio, permite reconocer que las conexiones entre territorios y sociedades existían mucho antes de que aparecieran las infraestructuras contemporáneas.
No significa que el mundo antiguo funcionara como nuestro presente ni que sus relaciones tuvieran la misma intensidad o velocidad. Las distancias, los medios de transporte y las condiciones políticas eran diferentes. Pero las sociedades antiguas tampoco vivían encerradas en universos independientes.
La circulación de objetos, conocimientos, creencias y técnicas revela una realidad más compleja. Las culturas se construyen también mediante aquello que reciben, transforman y transmiten.
Esta perspectiva adquiere una resonancia particular en nuestro tiempo. En una época en la que reaparecen discursos que presentan las identidades culturales como realidades cerradas, la arqueología ofrece testimonios materiales de una historia mucho menos sencilla. Ninguna civilización puede comprenderse plenamente sin atender a sus relaciones con otras.
La influencia no siempre se produce mediante conquistas o imposiciones. También puede surgir del comercio, la curiosidad, la convivencia, la adaptación y el intercambio cotidiano.
Lo que permanece en los objetos
Quizá la mayor virtud de Global Antiquity consista en devolver a los objetos antiguos su capacidad de contar historias que van más allá de su origen.
Una moneda, una escultura o un fragmento de tejido pueden revelar movimientos humanos, relaciones económicas y transformaciones culturales que los documentos no siempre registraron. Cada pieza constituye una huella material de un mundo en movimiento.
La pequeña figura de marfil llegada a Pompeya resume de manera extraordinaria esta idea. No conocemos el nombre de quien la transportó ni las circunstancias exactas de su viaje. Tampoco sabemos qué significado le atribuyeron sus propietarios romanos. Sin embargo, su presencia basta para cuestionar una imagen demasiado rígida de la Antigüedad.
El mundo antiguo no fue una sucesión de civilizaciones incomunicadas que ocasionalmente entraban en contacto. Fue también un espacio de circulación, encuentro y transformación, donde las distancias no impedían que los objetos y las ideas encontraran nuevos destinos.
La historia no siempre avanza siguiendo las fronteras que dibujamos en los mapas. A veces se esconde en el recorrido silencioso de una pequeña escultura, en una imagen religiosa encontrada lejos de su lugar de origen o en un objeto cotidiano que ha sobrevivido a quienes lo utilizaron.
Tal vez por eso aquella figura india encontrada en Pompeya resulte tan elocuente. No necesita explicar su viaje. Su sola presencia nos recuerda que, mucho antes de que inventáramos la palabra globalización, los seres humanos ya habían comenzado a construir un mundo de relaciones que desbordaba sus propios horizontes.
Datos de la exposición
- Título: Global Antiquity: Cultural Interactions in Afroeurasian Space 600 BCE–1000 CE.
- Lugar: Fondazione Prada, Podium, Milán.
- Fechas: del 5 de noviembre de 2026 al 1 de marzo de 2027.
- Comisariado: Salvatore Settis, Anna Anguissola y Chiara Ballestrazzi.
- Diseño expositivo: Rem Koolhaas y AMO/OMA.
- Contenido: más de 150 obras y objetos procedentes de museos y colecciones internacionales.
Fuentes documentales
- Fondazione Prada. Global Antiquity.
https://www.fondazioneprada.org/project/global-antiquity/?lang=en - Università di Pisa. Apre a Milano Global Antiquity, la mostra della Fondazione Prada. 5 de noviembre de 2026.
https://www.unipi.it/news/apre-a-milano-global-antiquity-la-mostra-della-fondazione-prada-trai-cui-curatori-ce-anche-la-prof-anna-anguissola/ -
Finestre sull’Arte. Milan: The Prada Foundation Hosts Global Antiquity.
https://www.finestresullarte.info/en/exhibitions/milan-the-prada-foundation-hosts-global-antiquity-the-new-project-by-salvatore-settis
Imagen portada: openai
Global Antiquity, en Milán, reúne más de 150 piezas para descubrir los intercambios culturales entre Asia y el Mediterráneo en el mundo antiguo.
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