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Los emperadores que regresan a casa: el largo viaje de los bronces de Boubon
Durante décadas, las esculturas de una antigua ciudad romana de Anatolia permanecieron dispersas entre colecciones de distintos países. Una nueva exposición en Estambul reúne piezas vinculadas a aquel conjunto, mientras Turquía anuncia la recuperación de cien bienes culturales procedentes de Estados Unidos.
Hay objetos que sobreviven a los siglos y, sin embargo, pierden por el camino algo esencial: el lugar al que pertenecen. Es lo que ocurrió con los bronces de Boubon, una antigua ciudad de Anatolia cuyas esculturas romanas fueron extraídas ilegalmente durante la década de 1960 y terminaron dispersas por diferentes países y colecciones.
Ahora, algunas de aquellas piezas vuelven a reunirse. El 2 de noviembre de 2026, los Museos Arqueológicos de Estambul inauguraron No Escape: Boubon, una exposición que reconstruye la historia de uno de los casos más significativos de tráfico ilícito de antigüedades de Turquía. La apertura coincidió con la presentación de cien bienes culturales recuperados de Estados Unidos.
La noticia tiene dos dimensiones. Por una parte, la devolución de las cien piezas, procedentes de distintos yacimientos y periodos históricos. Por otra, la posibilidad de contemplar de nuevo, en un mismo espacio expositivo, esculturas relacionadas con el antiguo santuario de Boubon.
Una ciudad romana y un santuario dedicado a los emperadores
Boubon se encontraba en la actual provincia turca de Burdur, cerca de la localidad de İbecik. En época romana albergó un Sebasteion, un santuario dedicado al culto imperial en el que se honraba a los emperadores y a miembros de la familia imperial.
Allí se encontraban esculturas de bronce de gran importancia. Entre los personajes representados figuran algunos de los nombres más conocidos de la historia romana: Lucio Vero, Septimio Severo, Caracalla y Marco Aurelio.
Pero el conjunto sufrió una ruptura violenta. Durante excavaciones ilegales realizadas en la década de 1960, las esculturas fueron extraídas y fragmentadas. Cabezas, torsos y extremidades acabaron en distintos lugares, separadas de su contexto arqueológico y de las demás partes de las obras.
Con el paso del tiempo, algunas piezas ingresaron en colecciones privadas y museos extranjeros. La dispersión hizo más difícil reconstruir su procedencia y establecer las conexiones entre los fragmentos.
La exposición de Estambul pretende precisamente recuperar esa relación: devolver a las esculturas su contexto histórico y mostrar cómo pertenecían a un mismo conjunto monumental.
La investigación que permitió seguir el rastro
La recuperación de los bronces no ha sido fruto de una única intervención. Detrás existe una larga investigación en la que participaron arqueólogos, periodistas, investigadores y autoridades de distintos países.
Una figura fundamental fue la arqueóloga turca Jale İnan, cuyos estudios sobre inscripciones, pedestales y esculturas conservadas en el extranjero ayudaron a establecer la relación entre las piezas y Boubon.
También desempeñó un papel importante el periodista y escritor Özgen Acar, que mantuvo el caso presente mediante documentos y testimonios. A estas investigaciones se sumaron los trabajos de los periodistas de The New York Times Graham Bowley y Tom Mashberg, que contribuyeron a dar visibilidad internacional al asunto.
Las investigaciones arqueológicas y documentales permitieron reconstruir la trayectoria de las esculturas y aportar pruebas sobre su procedencia.
Entre los elementos examinados se encuentran las inscripciones, las bases de las estatuas, las fotografías antiguas y los registros de colecciones. También se realizaron estudios científicos para comprobar las conexiones entre las piezas.
Las excavaciones arqueológicas en Boubon se reanudaron en 2023 bajo la supervisión de las autoridades turcas y continúan aportando información sobre el antiguo emplazamiento.
Cien piezas recuperadas de Estados Unidos
La inauguración de No Escape: Boubon coincidió con otro anuncio de especial relevancia: Turquía ha conseguido recuperar cien bienes culturales procedentes de Estados Unidos.
El conjunto no pertenece exclusivamente a Boubon. Incluye objetos de diferentes épocas y yacimientos de Anatolia.
Entre ellos destacan cuarenta piezas procedentes de Horoztepe, en la provincia de Tokat, fechadas entre el 2300 y el 2000 a. C. Son objetos de la Edad del Bronce Antiguo que incluyen instrumentos musicales ceremoniales, armas y recipientes metálicos. Su elaboración refleja el desarrollo de la metalurgia en aquella región.
Otro grupo está formado por cuarenta y cuatro placas arquitectónicas de terracota procedentes de Düver, en la provincia de Burdur. Datan del siglo VI a. C. y fueron utilizadas como elementos decorativos en la arquitectura de la época. Estas piezas habían formado parte de las colecciones del J. Paul Getty Museum.
La devolución incluye también un retrato procedente de la antigua ciudad de Afrodisias, además de máscaras teatrales y pequeñas figuras de divinidades.
Según explicó el ministro turco de Cultura y Turismo, Mehmet Nuri Ersoy, la recuperación fue posible gracias a la investigación científica, la documentación histórica y la cooperación con las autoridades estadounidenses. La intervención se inició después de que una casa de subastas estadounidense ofreciera objetos de origen anatolio en mayo de 2026. La venta fue detenida y se consiguió su devolución.
El patrimonio y la memoria de los lugares
La recuperación de estas piezas plantea una cuestión que va más allá de la propiedad de los objetos. Una escultura antigua no es únicamente una obra de arte que puede contemplarse en una sala. También es un documento histórico, una parte de un lugar y un testimonio de la sociedad que la produjo.
Cuando una pieza arqueológica se separa de su contexto, se pierde una parte de la información que permite comprenderla. Su emplazamiento, su relación con otras obras, su función y las circunstancias de su descubrimiento forman parte de su significado.
Por eso, reunir de nuevo los bronces de Boubon supone algo más que devolver unas esculturas a un museo. Permite recuperar, al menos parcialmente, las relaciones que el expolio había deshecho.
El ministro Mehmet Nuri Ersoy resumió esta idea al señalar que el objetivo no consiste simplemente en trasladar las piezas de una vitrina a otra, sino en volver a interpretarlas dentro de las historias y del contexto cultural al que pertenecen.
Quizá esa sea la verdadera importancia de esta exposición. Durante décadas, los emperadores de Boubon permanecieron separados, convertidos en fragmentos de una historia interrumpida. Su reencuentro en Estambul permite contemplarlos de nuevo como parte de un conjunto y recordar que el patrimonio cultural no puede entenderse plenamente cuando se le arranca de su origen.
Sofía
Diario Digital Luz Cultural
Fuentes de documentación
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Turquía recupera cien bienes culturales y reúne en Estambul esculturas romanas de Boubon, dispersas durante décadas por colecciones internacionales.
Imagen portada: openai
Los emperadores que regresan a casa: el largo viaje de los bronces de Boubon
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