- El esqueleto de la sociedad secreta - 31 de octubre de 2026
- Los juguetes que acompañaron a un niño romano hace casi dos mil años - 31 de octubre de 2026
- Mavis Pusey: la artista que convirtió las heridas de la ciudad en geometría - 30 de octubre de 2026
Los juguetes que acompañaron a un niño romano hace casi dos mil años
Un sarcófago intacto descubierto en la antigua Tomis, en la actual Rumanía, ha conservado un pequeño ajuar funerario con juguetes de arcilla, adornos de bronce y guirnaldas de flores. El hallazgo abre una ventana excepcional a los rituales funerarios y a la memoria de la infancia en el mundo romano.
Hay objetos que sobreviven a quienes los poseyeron. Un caballo de arcilla, un pequeño gallo, una moneda o unas flores depositadas junto a un cuerpo pueden atravesar casi dos mil años y llegar hasta nosotros convertidos en testimonios de una vida que apenas conocemos.
Eso es lo que ha ocurrido en Constanza, la ciudad rumana levantada sobre la antigua Tomis, en la costa occidental del mar Negro. Allí, los arqueólogos del Museo Nacional de Historia y Arqueología de Constanza han descubierto un sarcófago romano intacto que, según las primeras investigaciones, contenía la tumba de un niño, probablemente un varón. En su interior se conservaba un ajuar funerario que incluye juguetes de arcilla, objetos personales de bronce y guirnaldas florales.
El hallazgo, anunciado el 27 de octubre de 2026, destaca por el excepcional estado de conservación de la sepultura y por la posibilidad de estudiar sus elementos sin las alteraciones que suelen acompañar a las tumbas saqueadas o removidas a lo largo de los siglos.
Una tumba que había permanecido cerrada
El sarcófago apareció durante unas excavaciones arqueológicas preventivas en la zona de Flămânda, en el extremo septentrional de la antigua necrópolis de Tomis. Los investigadores habían advertido días antes la posible presencia de una sepultura intacta. Tras liberarla de la tierra y trasladarla a las instalaciones del museo, procedieron a abrirla con la participación de arqueólogos, conservadores y restauradores.
En el interior apareció un ataúd de madera que había protegido el enterramiento. Los primeros análisis sitúan la sepultura entre los siglos II y III de nuestra era, cuando Tomis formaba parte del mundo romano y constituía uno de los centros urbanos relevantes de la costa del mar Negro.
Los objetos recuperados permiten distinguir varios elementos del ajuar: adornos de bronce, una moneda, juguetes de arcilla y restos de guirnaldas de flores. Entre los juguetes se encuentran las figuras de un caballo y un gallo. No son piezas monumentales ni objetos concebidos para impresionar por su riqueza. Su importancia reside precisamente en su escala doméstica, en su relación con la vida cotidiana.
El sarcófago no ha devuelto la identidad del niño, pero sí algunos indicios sobre el cuidado que recibió después de su muerte.
El caballo, el gallo y la infancia
Las dos pequeñas figuras de arcilla son quizá los objetos que más fácilmente despiertan nuestra imaginación. Resulta tentador pensar en ellas como juguetes con los que el niño se entretuvo, aunque la arqueología debe distinguir entre lo que puede demostrar y lo que solo cabe imaginar.
Su presencia en la tumba permite afirmar que formaron parte del ajuar funerario. No demuestra, por sí sola, que fueran sus juguetes favoritos ni que los hubiera utilizado en vida. Podrían haber sido objetos personales, ofrendas o elementos elegidos por quienes prepararon el enterramiento.
Pero esa incertidumbre no resta interés al hallazgo. Al contrario, nos recuerda que los rituales funerarios romanos no respondían a una única fórmula. Las familias podían depositar junto a los difuntos objetos que expresaran vínculos afectivos, posición social, creencias religiosas o deseos relacionados con la muerte.
La presencia de juguetes en una sepultura infantil introduce una dimensión especialmente humana. Frente a las inscripciones de emperadores, las esculturas de generales o los monumentos dedicados a las élites, estas pequeñas piezas nos acercan a un aspecto menos visible de la Antigüedad: la experiencia de las familias ante la pérdida de un hijo.
No podemos reconstruir el carácter de aquel niño, sus juegos ni el tiempo que vivió. Tampoco sabemos quién eligió los objetos que lo acompañaron. Sin embargo, el conjunto funerario conserva una decisión concreta: alguien dispuso que esas piezas quedaran junto a él.
Una moneda y un pequeño amuleto
Entre los elementos identificados figuran una moneda y diversos adornos personales. Los investigadores también han señalado la presencia de una pieza del tipo bulla, un medallón que los niños varones romanos podían llevar colgado del cuello.
La bulla tenía un significado que iba más allá del adorno. En determinados contextos funcionaba como amuleto protector y formaba parte de las prácticas sociales asociadas a la infancia masculina romana. Su presencia puede ayudar a interpretar la identidad y la condición del difunto, aunque serán necesarios estudios más detallados para establecer con precisión qué revela esta pieza concreta.
La moneda, por su parte, invita a recordar las creencias funerarias del mundo antiguo. En diferentes tradiciones grecorromanas, las monedas depositadas en las tumbas se han relacionado con las concepciones sobre el tránsito al más allá. Sin embargo, no toda moneda encontrada en un enterramiento tuvo necesariamente esa función: su posición, su cronología y el resto del ajuar deben estudiarse antes de formular una interpretación.
La arqueología trabaja precisamente en ese espacio entre el objeto y su significado. Una pieza aislada puede sugerir una explicación; un conjunto bien conservado permite contrastarla.
Las flores que llegaron desde la Antigüedad
Entre los elementos más singulares del enterramiento se encuentran las guirnaldas florales. Su conservación resulta especialmente valiosa porque los restos vegetales son frágiles y suelen desaparecer con el paso del tiempo, dependiendo de las condiciones del suelo y del ambiente en el que permanecen.
Las flores pudieron formar parte de la ceremonia funeraria o del acondicionamiento de la sepultura. Su presencia remite a una práctica conocida en numerosas culturas antiguas: acompañar a los muertos con elementos vegetales que podían expresar afecto, respeto, duelo o renovación.
Pero también aquí conviene esperar a los análisis. Identificar las especies vegetales, estudiar su disposición y determinar cómo se conservaron permitirá conocer mejor la preparación de la tumba y las costumbres funerarias de la comunidad.
La combinación de materiales orgánicos, juguetes y adornos personales convierte el conjunto en algo más que una colección de objetos antiguos. Ofrece la oportunidad de estudiar cómo se construía un enterramiento infantil y qué elementos se consideraban adecuados para acompañar al difunto.
Tomis, una ciudad romana frente al mar Negro
La importancia del descubrimiento también depende del lugar en el que apareció. La antigua Tomis, situada en la actual Constanza, formó parte de las redes comerciales, políticas y culturales que conectaban el Mediterráneo con las regiones del mar Negro.
Su posición favoreció los intercambios entre comunidades de procedencias diversas. La ciudad fue escenario de una larga historia, en la que las tradiciones locales convivieron con las instituciones, las prácticas y las creencias del mundo romano.
El sarcófago se encontró cerca de una antigua vía que comunicaba Tomis con Histria, otro importante asentamiento de la región. Los arqueólogos consideran que el entorno de la sepultura podría corresponder a una zona funeraria vinculada a familias de cierta relevancia, aunque esa interpretación deberá contrastarse con el estudio del conjunto arqueológico.
Las necrópolis permiten reconstruir aspectos de una ciudad que no siempre aparecen en los edificios públicos o en los documentos escritos. La distribución de las tumbas, los materiales empleados, los objetos depositados y las diferencias entre los enterramientos ayudan a estudiar las costumbres y las desigualdades de una sociedad.
En este caso, el ajuar ofrece una oportunidad excepcional para observar las prácticas funerarias de Tomis durante los siglos II y III, sin perder de vista que las conclusiones definitivas dependerán de las investigaciones en curso.
Lo que una tumba puede contar
El estudio de este enterramiento apenas ha comenzado. Los especialistas deberán documentar los materiales, examinar los restos conservados y establecer las relaciones entre los distintos objetos antes de ofrecer una interpretación completa.
Su valor no depende únicamente de la antigüedad del sarcófago ni de la rareza de una sepultura infantil intacta. Reside también en la posibilidad de estudiar conjuntamente materiales que, en otras circunstancias, habrían desaparecido, quedado separados o perdido su contexto original.
La historia de Roma suele llegar hasta nosotros a través de sus conquistas, sus emperadores, sus monumentos y sus guerras. Pero también se encuentra en los espacios domésticos, en las costumbres familiares y en los pequeños objetos que acompañaron a las personas corrientes.
Aquel niño de Tomis continúa siendo anónimo. No sabemos cómo se llamaba, cuánto tiempo vivió ni quién lloró su muerte. El caballo y el gallo de arcilla no pueden responder a esas preguntas, y las guirnaldas tampoco restituyen una historia individual.
Sin embargo, casi dos mil años después, esos objetos siguen juntos. Su presencia permite acercarnos a una forma de despedida y recordar que, detrás de los grandes nombres de la Antigüedad, existieron vidas pequeñas cuya huella apenas ha sobrevivido.
A veces, la arqueología no necesita encontrar un tesoro para modificar nuestra mirada sobre el pasado. Basta con abrir una tumba y descubrir que alguien, hace muchos siglos, quiso acompañar a un niño con unas flores y dos juguetes.
Sofía
Imagen portada: openai
Un sarcófago romano intacto descubierto en la antigua Tomis revela juguetes de arcilla, adornos de bronce y guirnaldas funerarias de hace casi 2.000 años.
Los juguetes que acompañaron a un niño romano hace casi dos mil años
Sobre el contador
El contador registra los artículos que lees en este navegador durante un periodo de 12 meses. No utilizamos tu dirección IP ni identificamos quién eres. Si quieres desactivar el contador, activa Funcionales.
Puedes gestionar esta funcionalidad desde Configurar cookies.
Luz Cultural es un proyecto cultural independiente. Si quieres ayudarnos a seguir creciendo, puedes apoyar el proyecto.
APOYAR LUZ CULTURAL

Más leídos