Últimas entradas de Oscar Sanchez (ver todo)
- Jugándose el pellejo en la “Kon-Tiki” - 25 de octubre de 2026
- Hacia dónde sopla el viento - 16 de octubre de 2026
- Lorca que te quiero Lorca… - 12 de octubre de 2026
🎧 Audioguía Cultural (Beta)
Jugándose el pellejo en la “Kon-Tiki”
Para Roque
Para el océano, la ballena es un pez pequeño;
para el sabio, el pez pequeño es un océano.
Mehmet Murat Ildan
Leí La expedición de la “Kon-Tiki”cuando tenía 22 o 23 años, a instancias de mi madre. Ahora no encuentro el libro por entre los armarios de mi casa, debe haber salido de nuevo de viaje, como el Ulises de Alfred Tennyson y el de Christopher Nolan. Recuerdo que encontré la prosa de Thor Heyerdahl muy parecida, por lo recargada a la vez que sugestiva, a la de Don José Ortega y Gasset, que a su vez se asemejaba bastante a la de Manuel Azaña. Debe ser cosa del traductor al español, por entonces no me fijaba en esas virguerías. El libro es amenísimo, y consigue retransmitir el peligro, la brisa del mar y el poder absolutista del Sol quemando los pellejos, esos pellejos humanos y vulnerables de mi título, tratándose además de sujetos noruegos especialmente claros de piel. Sólo tiene un problema, y es que ya la propia existencia del libro te destripa su final, porque si aquel viaje de locos fue real, y en la contraportada te dicen que se trataba de un experimento sumamente arriesgado, entonces es que tuvo un final exitoso. Pero bueno, digamos que eso ocurre en el 99 por ciento de las películas, y de la gesta de la Kon-Tiki se hizo un documental que mereció un Óscar y una película bastante notable, dado lo muy localizado, por la balsa, de su acción, y a la vez lo desmesuradamente inmenso, por el mar, de su horizonte (https://youtu.be/cL_cTT6uZ8s?si=vAkpq69-VrKySP8U). La película pone mucho énfasis en el prurito religioso de Thor Heyerdahl, el fabuloso promotor, dispuesto a creer en los buenos presagios de un dios desconocido que habría reinado hace milenios, pero es que sin supersticiones disparatadas difícilmente se podrían acometer gestas como la suya y la de su tripulación, seis hombres dispuestos prácticamente al sacrificio. Fue como la hazaña de los reclutados por Ernest Shackleton para conquistar el Antártico en 1907 y su famoso anuncio de periódico…
Se buscan hombres. Viaje peligroso. Sueldo bajo. Frío extremo. Largos meses de absoluta oscuridad. Peligro constante. Regreso con vida dudoso. Honor y reconocimiento en caso de éxito.
Pese a las pocas esperanzas que insuflaban estas palabras, Shacketon recibió 5000 respuestas, de las cuales tuvo que cribar únicamente a 56 personas, todas hombres en el sentido menos machista y más digno de la palabra. Algún día, si hay que rendir cuentas ante algún tribunal galáctico que ponga a la humanidad a juicio, como en Ultimátum a la Tierra, habrá que sacar a colación aquellas pocas y parcas palabras, así como la travesía de la Kon-Tiki. Es cierto que algo de trampa hay: los peruanos de hace tres mil años no podían saber, creo yo, que hay corrientes oceánicas, tampoco tenían radios ni tenían relojes, no tenían ni idea, probablemente, de lo que es un tiburón, etc. Y es cierto que, con los años, hemos sabido que la tesis de Heyerdahl seguramente esté equivocada, puesto que los análisis genéticos de la población actual de la Polinesia no les emparenta en absoluto con los nativos sudamericanos, pero nada de eso importa. Al contrario: cuanto más arbitraria y menos científica, más alabanza merece la proeza, como la de Shackelton, que terminó mucho peor, pero al menos llegó a puerto. Hoy en día, que nos rendimos por menos de nada, y cuando casi toda la humanidad culta piensa que merecemos extinguirnos, hay que evocar estas cosas. Hacerse rico o conseguir 100 mil likes en dos semanas está muy lejos de ser la definición de la excelencia humana. La travesía de la Kon-Tiki no obtuvo resultados antropológicos, pero sí antropo-epifánicos, por decirlo así. Es decir, ayudó a saber, más allá de Wall Street o las redes sociales, lo que de verdad somos, y lo que podemos llegar a ser…
Por Oscar Sánchez
Imagen portada: openai
Jugándose el pellejo en la “Kon-Tiki”
Sobre el contador
El contador registra los artículos que lees en este navegador durante un periodo de 12 meses. No utilizamos tu dirección IP ni identificamos quién eres. Si quieres desactivar el contador, activa Funcionales.
Puedes gestionar esta funcionalidad desde Configurar cookies.
Luz Cultural es un proyecto cultural independiente. Si quieres ayudarnos a seguir creciendo, puedes apoyar el proyecto.
APOYAR LUZ CULTURAL

Más leídos