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Robin Williams: ¿quién hacía reír al hombre que podía convertirse en cualquiera?

Robin Williams: ¿quién hacía reír al hombre que podía convertirse en cualquiera?
Sofia Lovelace
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Robin Williams: ¿quién hacía reír al hombre que podía convertirse en cualquiera?


Fue un extraterrestre, un profesor, una institutriz, un médico, un genio y un hombre perdido. Pero quizá el personaje más difícil de interpretar fue él mismo.

Hay actores que interpretan personajes.

Y hay actores que parecen desaparecer dentro de ellos.

Robin Williams pertenecía a una categoría todavía más extraña.

Podía entrar en una habitación y convertirse en otra persona antes de que nadie hubiera terminado de reconocerlo. Podía cambiar la voz, el rostro, el ritmo de una frase. Podía pasar de un personaje a otro con una velocidad casi desconcertante.

Durante unos segundos podía ser un anciano.

Después un niño.

Después un militar.

Después un extraterrestre.

Después un profesor.

Y entonces volvía a ser Robin Williams.

O al menos eso creíamos.

Porque quizá la pregunta más interesante sobre él no sea por qué hacía reír tanto.

Quizá sea quién era el hombre que aparecía cuando dejaba de hacerlo.

El hombre que hablaba demasiado rápido

Nació en Chicago en 1951 y comenzó a llamar la atención nacional a finales de los años setenta interpretando a Mork, el extraterrestre de Mork & Mindy. El personaje parecía construido específicamente para él: energía desbordada, improvisación, voces imposibles y una imaginación que parecía no tener freno.

Pero había algo más.

Williams no parecía simplemente contar chistes.

Parecía pensar a una velocidad superior a la que podía hablar.

Una idea llevaba a otra.

Una palabra provocaba un personaje.

Un gesto desencadenaba una historia.

Y una historia podía convertirse inmediatamente en otra.

Era como contemplar una mente que no aceptaba permanecer quieta.

Hollywood descubrió muy pronto que aquello podía convertirse en una extraordinaria herramienta cómica.

Pero también descubrió algo más difícil de explicar:

que aquel hombre podía utilizar exactamente la misma energía para representar el dolor.

Entonces apareció el profesor Keating

En 1989 llegó El club de los poetas muertos.

Peter Weir le dio el papel de John Keating, un profesor de literatura que entra en un colegio masculino profundamente disciplinado y comienza a enseñar a sus alumnos algo que no aparece en ningún programa académico: mirar el mundo de otra manera.

Williams hizo algo inesperado.

Se contuvo.

Seguía siendo divertido, pero ya no necesitaba llenar cada segundo.

Un gesto.

Una mirada.

Una pausa.

Una frase pronunciada sin levantar la voz.

La película le proporcionó una de sus cuatro nominaciones al Oscar como intérprete. Las otras llegarían por Good Morning, Vietnam y El rey pescador, antes de ganar finalmente por El indomable Will Hunting.

Y ahí comenzó a aparecer el otro Robin Williams.

El que no necesitaba hacer reír.

El que sabía que el silencio también podía actuar.

Un genio, una institutriz y un terapeuta

Después llegarían algunos de los personajes que quedaron grabados en la memoria popular.

El Genio de Aladdin.

Daniel Hillard en Mrs. Doubtfire.

El hombre de La jaula de las locas.

El profesor de Patch Adams.

El protagonista de El hombre bicentenario.

Personajes completamente distintos entre sí.

Pero había una característica que los unía:

Robin Williams podía convertir la transformación en el propio espectáculo.

En Mrs. Doubtfire, un hombre desesperado por seguir cerca de sus hijos se convierte en una anciana británica.

En Aladdin, su voz convierte a un personaje animado en una criatura prácticamente incontrolable.

Y en Good Will Hunting ocurre algo todavía más interesante.

Williams interpreta al psicólogo Sean Maguire.

Por primera vez, parece que el hombre que siempre tenía una respuesta se queda sin ella.

La película recibió nueve nominaciones al Oscar y Williams ganó el premio al mejor actor secundario.

Su personaje no necesita ser el más inteligente de la habitación.

Necesita escuchar.

Y quizá ahí encontremos una de las mejores interpretaciones de su carrera.

Cuando la risa dejó de ser suficiente

Hay una ironía difícil de ignorar en su trayectoria.

El público había aprendido a identificar a Robin Williams con la velocidad.

Con la improvisación.

Con la capacidad de llenar un escenario de voces, personajes y energía.

Pero algunas de sus interpretaciones más poderosas aparecieron precisamente cuando redujo esa velocidad.

En One Hour Photo, por ejemplo, interpretó a un hombre completamente alejado de la imagen pública que el público tenía de él.

Ya no estaba el cómico.

Ya no estaba el hombre que hacía bromas constantemente.

Quedaba alguien inquietante, silencioso, casi invisible.

Y eso demuestra algo importante.

La máscara cómica nunca había sido toda la persona.

Era solamente una de sus posibilidades.

Después supimos algo que cambió la historia

Robin Williams murió el 11 de agosto de 2014, a los 63 años.

Durante mucho tiempo, su muerte fue contada principalmente desde la perspectiva de la depresión y de sus problemas anteriores con el alcohol y las drogas.

Pero posteriormente se conoció un dato médico decisivo.

La autopsia reveló que padecía demencia con cuerpos de Lewy, una enfermedad neurodegenerativa que no había sido diagnosticada correctamente mientras estaba vivo.

Su esposa, Susan Schneider Williams, explicó posteriormente cómo aquella enfermedad había alterado progresivamente su vida y cómo el diagnóstico llegó después de su muerte.

Este dato no convierte su historia en una explicación sencilla.

Y tampoco debería utilizarse para reducir toda su vida a una enfermedad.

Pero sí cambia una parte de la historia que durante años habíamos contado de manera demasiado simple.

Porque detrás de la imagen pública había un hombre atravesando algo que él mismo no comprendía completamente.

El hombre que hacía reír

Quizá por eso resulta tan difícil volver a ver algunas de sus películas después de conocer el final.

Pero quizá también sea un error hacerlo.

Porque Robin Williams no fue solamente el hombre que murió en 2014.

Fue el hombre que durante décadas consiguió que millones de personas rieran.

Y también consiguió algo mucho más difícil:

hacer que esas mismas personas lloraran.

En El club de los poetas muertos, un profesor habla a sus alumnos sobre aprovechar la vida.

En Good Will Hunting, un hombre intenta convencer a otro de que no puede vivir eternamente escondido detrás de sus heridas.

En Mrs. Doubtfire, un padre encuentra una manera absurda de permanecer cerca de sus hijos.

En El rey pescador, un hombre roto busca una especie de redención.

Son personajes diferentes.

Pero todos parecen perseguir algo parecido.

Una segunda oportunidad.

Una forma de regresar.

Una manera de encontrar sentido después de haber perdido algo.

Y quizá ahí estaba Robin Williams

Tal vez nunca podamos saber exactamente qué ocurría dentro de aquel hombre.

Ni deberíamos intentar convertir su muerte en una moraleja fácil.

Lo que sí podemos observar es su obra.

Y en ella aparece una curiosa contradicción.

El actor conocido por no poder quedarse quieto terminó dejando algunas de sus escenas más memorables en el silencio.

El hombre que podía producir cien voces diferentes encontró su mayor fuerza cuando hablaba con una sola.

El cómico que parecía capaz de hacer reír a cualquiera interpretó también a hombres profundamente solos.

Y el actor que podía convertirse en prácticamente cualquier personaje dejó una pregunta extraña detrás de todos ellos:

¿quién era Robin Williams cuando no estaba interpretando a nadie?

Quizá nunca lo sepamos.

Y quizá esa sea la única respuesta honesta.

Porque los actores nos enseñan constantemente a mirar a otros.

Pero algunos consiguen algo más extraño.

Nos obligan a mirar hacia el lugar donde termina el personaje.

Y allí, durante un instante, aparece una persona.

Después desaparece.

Y la película continúa.

Por Sofía

Escena → Cine
Autor John Mathew Smith & www.celebrity-photos.com

Robin    Williams
Imagen portada: openai

Robin Williams podía hacer reír a millones de personas, pero algunas de sus mejores interpretaciones aparecieron cuando dejó de hacerlo. La historia detrás del actor.

Robin Williams: ¿quién hacía reír al hombre que podía convertirse en cualquiera?

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