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10 detalles que no conocías sobre Alan Turing
El matemático que ayudó a descifrar Enigma también corría maratones, imaginó máquinas capaces de pensar y quiso explicar matemáticamente cómo aparecen los dibujos de la naturaleza.
Cuando pensamos en Alan Turing, casi siempre aparecen las mismas imágenes.
Una máquina.
Los códigos de Enigma.
Bletchley Park.
La Segunda Guerra Mundial.
Y después, inevitablemente, el ordenador.
Pero hay algo extraño en Turing.
Cuanto más se investiga su vida, menos encaja en la imagen convencional del genio informático.
Porque Turing no fue solamente matemático, criptógrafo y pionero de la computación. También se interesó por la biología, la inteligencia artificial, la filosofía de la mente y la naturaleza. Diseñó uno de los primeros ordenadores electrónicos británicos y, al mismo tiempo, llegó a correr un maratón en 2 horas, 46 minutos y 3 segundos, una marca extraordinaria para su época.
Incluso estudió un problema que parece pertenecer a un universo completamente distinto: cómo aparecen los patrones de la naturaleza.
Estas son diez historias que ayudan a descubrir al hombre que había detrás del mito.
1. Turing podía haber sido atleta olímpico
Esta es probablemente una de las facetas menos conocidas de su personalidad.
Después de la guerra, Turing se convirtió en un corredor de fondo de alto nivel. Perteneció al Walton Athletic Club y llegó a ganar campeonatos de tres y diez millas. En 1947 participó en el campeonato de maratón de la AAA y terminó quinto.
Su mejor marca fue de 2:46:03.
Para entender lo extraordinaria que era hay que situarla en su época: aquella marca estaba a unos once minutos del tiempo del ganador del maratón olímpico de 1948. Turing llegó a aspirar a formar parte del equipo británico para aquellos Juegos, aunque finalmente no fue seleccionado.
No corría simplemente por afición.
Uno de sus compañeros recordó que Turing explicaba su entrenamiento de una manera muy sencilla: necesitaba correr para liberar la tensión acumulada por su trabajo.
El hombre que intentaba resolver problemas que parecían imposibles también encontraba una solución para su propia cabeza:
correr.
2. Inventó una máquina que todavía no existía
En 1936, cuando los ordenadores electrónicos todavía no formaban parte de la realidad cotidiana, Turing publicó un trabajo que cambiaría la historia de la computación.
En On Computable Numbers, introdujo el concepto de una máquina abstracta capaz de ejecutar operaciones siguiendo unas instrucciones.
No era un ordenador construido con cables y válvulas.
Era una idea.
Pero aquella idea contenía uno de los principios fundamentales de la informática moderna: una máquina puede realizar diferentes tareas si dispone de un programa adecuado.
Bletchley Park señala que aquel trabajo proporcionó una base conceptual para la computación digital.
Turing había descrito matemáticamente algo que todavía tardaría años en convertirse en una máquina física.
Primero imaginó el ordenador.
Después llegó el ordenador.
3. Su gran ordenador británico casi se adelantó demasiado a su tiempo
Después de la guerra, Turing trabajó en el National Physical Laboratory británico.
Allí diseñó el ACE —Automatic Computing Engine—, una propuesta extraordinariamente ambiciosa para construir un ordenador electrónico programable.
El diseño fue presentado en 1946 y estaba basado en la idea de una máquina universal que pudiera realizar diferentes tareas mediante programas.
El problema no era la imaginación de Turing.
Era construir aquello.
Los retrasos administrativos y técnicos hicieron que el proyecto completo avanzara lentamente. Mientras tanto, una versión reducida, el Pilot ACE, fue construida y comenzó a funcionar en 1950. Permaneció en servicio durante años.
Turing había pensado en una máquina capaz de hacer muchas cosas simplemente cambiando sus instrucciones.
Hoy parece obvio.
En 1946 no lo era en absoluto.
4. Le interesaba más que los ordenadores pudieran pensar
En 1950 publicó otro de sus trabajos más famosos:
«Computing Machinery and Intelligence».
La pregunta inicial era aparentemente sencilla:
¿Pueden pensar las máquinas?
Turing comprendió que aquella pregunta escondía un problema casi imposible de definir.
¿Qué significa exactamente «pensar»?
En lugar de intentar resolver la cuestión filosóficamente, propuso sustituirla por un experimento.
Si una persona conversa con otra entidad mediante mensajes escritos y no puede determinar si está hablando con un ser humano o con una máquina, ¿podemos decir que la máquina está demostrando una forma de inteligencia?
Así nació lo que posteriormente se conocería como test de Turing.
Lo sorprendente es que Turing estaba preguntándose por la inteligencia artificial décadas antes de que existiera algo parecido a la inteligencia artificial contemporánea.
5. También quiso descubrir cómo nacen las manchas de un animal
Aquí la historia se vuelve fascinante.
Turing, uno de los padres de la computación, terminó dedicando una parte importante de sus últimos años a la biología matemática.
En 1952 publicó The Chemical Basis of Morphogenesis, un trabajo sobre la formación de patrones en los organismos vivos.
Su pregunta era extraordinaria:
¿Cómo puede la naturaleza pasar de algo aparentemente homogéneo a producir estructuras ordenadas?
Turing propuso que determinadas sustancias químicas —los llamados morfógenos— podían reaccionar y difundirse de determinadas maneras, generando patrones a partir de pequeñas perturbaciones iniciales.
La idea acabaría teniendo una enorme influencia en la biología matemática y en el estudio de la formación de patrones.
El hombre que había trabajado con códigos secretos estaba intentando descubrir ahora el código matemático de las formas de la naturaleza.
6. Turing estaba obsesionado con los problemas difíciles
Su manera de pensar tenía algo peculiar.
No parecía sentirse atraído únicamente por los problemas importantes.
Le interesaban especialmente los problemas que todavía no sabíamos formular correctamente.
Eso explica buena parte de su trayectoria.
Primero preguntó qué podía calcular una máquina.
Después, qué podía hacer un ordenador.
Más tarde, qué significaba que una máquina pensara.
Y finalmente intentó explicar matemáticamente cómo surgían formas biológicas.
Son preguntas aparentemente distintas.
Pero quizá Turing las veía como variaciones de una misma cuestión:
¿cómo surge el orden a partir de unas reglas?
Una máquina recibe instrucciones.
Un organismo sigue procesos químicos.
Una mente procesa información.
Turing parecía interesado en descubrir las reglas invisibles que estaban debajo de todos esos fenómenos.
7. En Bletchley Park tenía una taza encadenada al radiador
Y aquí aparece un detalle mucho más pequeño.
Pero extraordinariamente humano.
Durante su trabajo en Bletchley Park, Turing tenía fama de ser peculiar con sus pertenencias. Una de las historias más conocidas cuenta que encadenaba su taza al radiador para evitar que otros la utilizaran. Bletchley Park conserva esta anécdota como parte de su historia sobre Hut 8.
También sabemos que iba en bicicleta al trabajo.
Resulta curioso imaginarlo.
Mientras centenares de personas trabajaban en secreto para descifrar las comunicaciones alemanas, uno de los matemáticos más importantes del siglo XX estaba preocupado también por algo mucho más cotidiano:
que nadie le robara la taza.
8. El secreto de su trabajo permaneció oculto durante décadas
Hoy conocemos perfectamente la importancia de Bletchley Park.
Pero durante mucho tiempo Turing no pudo contar prácticamente nada de lo que había hecho allí.
El trabajo realizado durante la guerra permaneció clasificado durante décadas. Bletchley Park señala que su historia no comenzó a hacerse pública hasta 1974, casi veinte años después de la muerte de Turing.
Eso tuvo una consecuencia terrible para su reconocimiento.
Turing había realizado una contribución extraordinaria al esfuerzo bélico británico, pero no podía utilizar públicamente ese trabajo para construir su reputación científica.
Había ayudado a descifrar secretos.
Y después tuvo que guardar los suyos.
9. Su historia terminó convirtiéndose también en una historia de injusticia
En 1952 Turing fue condenado por una relación homosexual, cuando las relaciones entre hombres eran delito en el Reino Unido.
Se le dio la opción entre prisión y un tratamiento hormonal que hoy se describe como castración química. Eligió el tratamiento. La condena también afectó a su situación profesional y a su acceso al trabajo gubernamental.
Turing murió en 1954, a los 41 años.
La investigación oficial determinó que había muerto por envenenamiento con cianuro y dictaminó suicidio, aunque posteriormente se han planteado otras interpretaciones sobre las circunstancias de su muerte.
Décadas después, el Estado británico reconoció oficialmente la injusticia de aquella condena.
En 2013, recibió un indulto real póstumo.
Pero quizá el dato más importante sea otro.
No fue necesario esperar a que Turing se convirtiera en un símbolo para que su trabajo fuera extraordinario.
Ya lo era.
10. Quizá nunca fue un «hombre de ordenadores»
Esta es, quizá, la conclusión más interesante.
Cuando hablamos de Turing tendemos a encerrarlo en una categoría:
informático.
Pero esa palabra resulta demasiado pequeña.
Fue matemático.
Lógico.
Criptógrafo.
Corredor.
Investigador de inteligencia artificial.
Diseñador de máquinas.
Y, durante sus últimos años, investigador de biología matemática.
La diversidad de sus intereses no era accidental.
En todos ellos aparece la misma obsesión: comprender los mecanismos que producen algo que aparentemente parece imposible de explicar.
¿Cómo puede una máquina ejecutar cualquier algoritmo?
¿Cómo puede un mensaje aparentemente indescifrable revelar su contenido?
¿Cómo puede una conversación revelar si detrás hay una máquina?
¿Cómo puede una estructura química producir un patrón?
¿Cómo puede aparecer orden donde inicialmente solo vemos uniformidad?
Turing pasó buena parte de su vida buscando respuestas a preguntas que todavía estaban naciendo.
Y quizá por eso su legado continúa creciendo.
Porque algunas personas resuelven los problemas de su época.
Y otras tienen la rara capacidad de descubrir cuáles serán los problemas de la siguiente.
Turing pertenecía a las segundas.
Por Sofía
10 detalles que no conocías sobre Alan Turing
El matemático que ayudó a descifrar Enigma también corría maratones, imaginó máquinas capaces de pensar y quiso explicar matemáticamente cómo aparecen los patrones de la naturaleza.
Imagen portada: openai
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Alan Turing fue mucho más que el hombre de Enigma: corredor de élite, pionero de la computación, investigador de la IA y de la morfogénesis.

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