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¡Hakuna Matata!
Sobre la llegada de los Reyes Magos
Ignacio Echevarría
02.12.12
“No sé quién comenzó a tratar a la gente como semejantes –dijo Charlotte–. Es algo que nunca resulta”. “Es muy difícil dejar de hacerlo una vez que se ha empezado”, comentó Emilia. “Ya perderá interés, en cuanto la cosa deje de ser novedad –dijo Mortimer–. Parecía una idea tan original”. “Podemos ver lo antinatural de esa idea considerando sus resultados”, dijo Charlotte. (Ivy Compton-Burnett, Criados y doncellas, 1947).
04.12.12
La actualidad tanto nacional como internacional es tan oscura y lamentable que me descubro tontamente contento con la decisión de RTVE de retirar a España de Eurovisión por desacuerdo con la confirmación de que en el concurso participará Israel. Siempre he detestado Eurovisión, y en los últimos años he observado lleno de consternación la creciente popularidad de este bochornoso evento. Consternación comparable a la que reflejan no pocos cronistas culturales al dar cuenta de la noticia, entre ellos el de La Vanguardia, que escribe con aparente desolación: “La ausencia de España en Eurovisión 2026 deja huérfanos en el futuro inmediato los triunfos históricos de Massiel con La, la, la y Salomé con Vivo cantando, hasta los momentos recientes en los que España volvió a ilusionarse con candidaturas como la de Chanel en el 2022 –que devolvió al país al podio tras casi tres décadas– o la sensibilidad de Pastora Soler y Ruth Lorenzo, que lograron situar de nuevo a España en el mapa eurovisivo”. ¿Huérfanos? ¿Triunfos históricos? ¿España ilusionada? Qué habrá que tener en la cabeza para escribir en estos términos.
05.12.12
Hojeo un ejemplar atrasado de El Cultural que tengo sobre la mesa. Publica una entrevista con el actor Ethan Hawke de la que destaca estas palabras: “Para ser reconocido, solo tienes que vivir lo suficiente”. Busco en el cuerpo de la entrevista el pasaje en cuestión. A la pregunta: “¿Se siente reconocido en este oficio?”, responde Hawke: “Una vez entrevisté a Kris Kristofferson y le pregunté cómo manejaba las malas críticas. Me dijo: “Si vives lo suficiente, los críticos son más jóvenes que tú y te adoran. Solo sigue haciendo lo tuyo”. Tenía razón. Para ser reconocido, solo tienes que vivir lo suficiente [risas]”. Las palabras de Hawke me recuerdan al lema que añadió Camilo José Cela al escudo que se hizo cuando Juan Carlos I le concedió el título de Marqués de Iria Flavia: “El que resiste, gana”.
06.12.12
Durante los años en que trabajé en Tusquets Editores me cayó el mochuelo de ocuparme de la secretaría –vamos a llamarla así– del premio de narrativa erótica La Sonrisa Vertical. El premio estaba vinculado a la colección del mismo nombre, impulsada por Luis García Berlanga en 1977, y cuyos volúmenes también me correspondía editar a mí. Lo mejor del premio era su jurado, en el que concurrían, según los años, personalidades como Fernando Fernán Gómez, Camilo José Cela, Juan Marsé, Jaime Gil de Biedma, Ricardo Muñoz Suay y Juan García Hortelano, aparte del mismo Berlanga y Beatriz de Moura, dueña y directora de la editorial; también su pareja y socio, Antonio López de Lamadrid. Menciono los nombres de quienes formaron los jurados durante los años en que asistí a sus reuniones, que recuerdo largas y divertidísimas, y que solían concluir en una cena opípara. Sólo bastante después se incorporaron ocasionalmente la actriz Charo López y creo que Almudena Grandes, ganadora del premio en 1989, el último año en que actué de secretario. Más adelante se incorporaron Jorge Edwards, Rafael Conte, Terenci Moix… El premio se suspendió en 2004, pero la colección se prolongó todavía una década más, hasta 2014. Hacía ya mucho que había perdido su sentido y su significación, que en su tiempo vino a suponer, en el plano editorial, algo comparable primero al cine del “destape” durante la Transición y más adelante a las salas X. Desde la perspectiva del presente, tanto la colección como el premio serían hoy poco menos que inviables, sobre todo el premio, con ese jurado casi exclusivamente masculino: un cóctel de testosterona y whisky. Lástima no haber tomado nota de tantos disparates, pitorreos y carcajadas que en esas reuniones se sucedían. El privilegio de estar presente en ellas apenas compensaba, sin embargo, la tediosísima tarea de leer, siquiera por encima, las decenas de manuscritos que se presentaban al premio y entre los cuales –conforme a una práctica común en casi todos los premios literarios que se conceden en este país– yo seleccionaba entre tres y cinco, que eran los que el jurado supuestamente leía. Yo era joven, bisoño, y me alarmaba y escandalizaba a partes iguales la idea de que la suerte de los concursantes dependiera en gran parte de mi criterio, menoscabado por el aburrimiento que nunca ha dejado de inspirarme la literatura de género, no digamos ya erótica. Así que, para acallar mis escrúpulos, opté por hacer de cada manuscrito presentado un breve informe de diez líneas. Semanas antes del fallo, mandaba a los jurados, junto a los manuscritos seleccionados, un dosier con todos los “informes” de los rechazados, por si alguno sentía curiosidad o interés por leer alguno. Trabajos de amor perdidos. Sólo Juan Marsé me pedía cada año la novela que, infaliblemente, presentaba un mismo concursante, con variaciones sobre el mismo tema. No recuerdo los argumentos, si es que lo tenían, pero sí que siempre el protagonista era un torero. A Marsé le fascinaba aquel tipo, y según me dijo dio vueltas a la posibilidad de escribir una novela inspirándose en su chaladura. Lástima que no la hiciera realidad.
07.12.25
De excursión por el País Vasco francés, entro en una pequeña iglesia de Getaria y veo un primoroso “Belén” con toda su escenografía y sus elementos cuidadosamente compuestos. Falta el Niño Jesús, que, conforme a una vieja tradición, sólo se añadirá la noche del 24. María, José, ángeles y pastores permanecen entretanto en actitud de adoración hacia un pesebre vacío. Se me antoja que es una buena imagen de nuestro tiempo.
08.12.25
Leo un artículo de Andreu Jaume sobre la joven directora de orquesta Karina Canellakis. A propósito de su interpretación de las sinfonías quinta y sexta de Tchaikovsky, Jaume reflexiona previamente sobre el consolidado tópico que durante demasiado tiempo ha cuestionado la posibilidad de que las mujeres puedan ser buenas directoras de orquesta. El mismo Jaume aporta un buen número de ejemplos que lo refutan. Como refutan la idea de que las mujeres tengan una forma peculiar de dirigir. Sobre esto último, sin embargo, tengo mis dudas, al menos cuando recuerdo el modo en que la directora lituana Mirga Gražinytė-Tyla condujo a la Filarmónica de Múnich en la interpretación que hizo de la segunda sinfonía de Mahler, Resurrección, en Berlín, hace un par de años. Disculpen la pedantería intrínseca a este recuerdo y vayamos a lo importante. Aquella mujer danzaba sobre el estrado, en un estado de aparente éxtasis. Y toda una tradición cultural de impronta obviamente machista crujía ante la presencia enérgica y delicada de esa mujer –embarazada en aquellos días– gesticulando con dulce autoridad frente a la imponente formación de los músicos trajeados, en buena medida varones.
En nuestra personalidad intervienen factores que, por mucho que uno se lo curre, cuesta que desaparezcan del todo. Trazas
10.12.25
Me como el primer polvorón de la temporada. De la Estepa, cómo no. Si estoy solo, tengo la manía de entretenerme leyendo los textos de envases y envoltorios. Junto al detalle de los ingredientes, suele advertirse que el producto en cuestión “puede contener trazas de –en este caso– cacahuete, frutos de cáscara (avellana), semillas de sésamo, sulfitos, soja y mostaza”. Ocasiones hay en que las trazas son de ingredientes muy poco acordes con el alimento que uno se dispone a tomar, lo cual no deja de ser alarmante. Me imagino más o menos a qué obedecen estas advertencias y qué dicen de los procesos de fabricación. Pero me da por pensar que también, cuando se trata de personas, deberíamos hacernos estas advertencias. En el currículum de un tipo cualquiera, por ejemplo, avisar de que, por muy trabajador y buen ciudadano que sea, puede contener trazas de machismo recalcitrante, de facherío, de capullo, de pervertido. Bromeo, claro, pero no deja de parecerme una idea aprovechable. Al fin y al cabo, en nuestra personalidad intervienen factores hereditarios, de origen, culturales, de clase, de género y educativos que, por mucho que uno se lo curre, cuesta que desaparezcan del todo. Trazas.
14.12.25
“Así, cuando miro esos Estados que hoy día florecen por todas partes, no veo en ellos, así Dios me salve, otra cosa que cierta conspiración de los ricos, que hacen sus negocios, so pretexto y en nombre de la república” (Tomás Moro, Utopía, 1516).
16.12.25
Menuda juerga, cada año, la de las medallas de oro al Mérito en las Bellas Artes que concede el Ministerio de Cultura. Después de los premios nacionales, las medallas vienen a ser como la pedrea de la lotería. Como carecen de dotación, se conceden a troche y moche, hasta el punto de que, quien más quien menos, cuantos se dedican en este país a una tarea más o menos “artística” tienen números para ser galardonados algún día, por poco que se lo curren (y aquí me acuerdo de Ethan Hawke y de Cela). Naturalmente, nada se sabe de los criterios de selección. Este año 2025 los distinguidos son 35, nada menos. Por ahí se han acordado –a buenas horas– de Karina y de los Chichos, y por en medio del dj Mulero, de la librería Alberti, de unos artistas del circo (la familia Pla-Solina), de un médico forense (Francisco Etxeberria), de un ateneo popular (el de Nou Barris de Barcelona), entre un montón de sospechosos habituales, de los que hacen ruido con sus nombres: cantantes, actores, escritores, artistas plásticos, arquitectos, gestores culturales y cuanto les viene a la cabeza a los generosos donantes de las medallas.
17.12.25
“El que es de Dios escucha las palabras de Dios; por eso vosotros (los que no me creéis porque os digo la verdad) no las escucháis, porque no sois de Dios” (Juan 8:45-47). Estas palabras atribuidas a Jesús contienen en esencia el argumentario político de nuestro presente. ¿Y cómo y por qué respetar a los que no son de Dios, sordos a cuanto decimos?
18.12.25
Nunca he aspirado a ser recordado por las críticas o reseñas que he escrito (¡ay del crítico que piensa en la posteridad!). Pero tampoco se me había ocurrido que fuera a ser recordado por las que no he escrito. Y, sin embargo, me temo que estoy algo más cerca de lo segundo que de lo primero. Tiempo atrás, el escritor Suso de Toro publicó un artículo bastante agresivo sobre mí, que él mismo justificaba sugiriendo que venía a ser una venganza por una reseña negativa que yo le había dedicado. Pero resultó que la reseña a la que se refería no la había escrito yo, sino otro crítico. El mismo Suso de Toro admitió que se había pasado diez años cultivando un resentimiento equivocado. Estos días, leyendo el abultado recuento que Enrique Murillo hace de su vida y de su trayectoria profesional en Personaje secundario. La oscura trastienda de la edición (Trama, 2025), me sorprende descubrir que me atribuye una reseña de Doctor Pasavento, de Enrique Vila-Matas, que yo nunca escribí, entre otras cosas porque no he leído esa novela, que fue publicada, por otro lado, cuando yo ya había abandonado el reseñismo. No contento con eso, Murillo sugiere que suelo practicar “una figura retórica que consiste en tomar un elemento físico de quien sea, escritor o editor, y construir una teoría que parte de lo físico para explicar lo literario”. ¿Pero cuándo he hecho yo una cosa así? ¿Con quién me confunde Murillo? En mi reseña de Doctor Pasavento yo habría dicho, según él, que Vila-Matas “se convirtió en un gran escritor cuando aumentó notablemente de peso”. ¿A quién diablos se le ocurre que yo haya podido no digo ya escribir sino ni siquiera pensar semejante majadería? ¡Ay, Enrique, esa memoria! Y ay de mí.
22.12.25
“Aconteció, pues, en los días aquellos, que salió un edicto de Cesar Augusto para que se empadronase todo el mundo. Fue este empadronamiento primero que el del gobernador de Siria, Girino. E iban todos a empadronarse, cada uno en su ciudad. José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y de la familia de David, para empadronarse, con María, su esposa, que estaba encinta. Estando allí se cumplieron los días de su parto, y dio a luz a su hijo primogénito, y le envolvió en pañales, y le acostó en un pesebre, por no haber sitio para ellos en el mesón” (Lucas 2:17). Glosa: “Una concentración de doscientos vecinos en Badalona impidió ayer que una parroquia acogiera a quince inmigrantes que dormían a la intemperie debajo de un puente de la autopista C-31, en Badalona, después de haber sido desalojados el miércoles del antiguo instituto B9. Un grupo de vecinos del barrio de Sant Crist salieron a la calle después de que por la mañana Càritas y otras entidades religiosas anunciaran un plan de acogida que consistía en habilitar un espacio en la parroquia de la Mare de Déu de Montserrat para alojar a quince personas vulnerables. […] Sobre las 18 horas, mientras Creu Roja transportaba el material para acondicionar el espacio, fueron llegando personas a las puertas para protestar en contra de la medida. Los ánimos se fueron caldeando hasta que lograron impedir el acceso de los colchones y las sábanas al interior de la iglesia y los responsables decidieron abortar la misión. Los manifestantes profirieron gritos en contra de la delincuencia y clamaban en contra de la inseguridad que a su juicio suponía la pernocta de los quince inmigrantes en la parroquia. […] El alcalde de Badalona, Xavier García Albiol, se presentó en la concentración para apaciguar los ánimos. Después de haber negado durante todo el fin de semana la asistencia a los inmigrantes pidió a los vecinos que permitieran el alojamiento al menos durante aquella noche y se comprometió a abordar el asunto al día siguiente y pedir que no alojaran a los inmigrantes y fueran trasladados a otra parte. El intento del alcalde no fructificó y la parroquia anuló la acogida” (La Vanguardia).
La que nos viene encima. Ya me veo desempolvando la guitarra y retomando mi cancionero de adolescencia cristiana posconciliar
23.12.25
Varios diarios y medios de la prensa parroquial, entre ellos El País, coinciden en el mismo titular: “Hakuna abarrota el centro de Madrid con su pop cristiano que ya bailan hasta Ayuso y Feijóo”. Y así es: traen fotos que lo documentan. La que nos viene encima. Ya me veo desempolvando la guitarra y retomando mi cancionero de adolescencia cristiana posconciliar. No salgo de mi asombro, en cualquier caso. ¿Que qué demonios es Hakuna? Averígüenlo por sí mismos. Supongo que el nombrecito será un guiño al “Hakuna Matata” (‘No hay problema’, en suajilí) que popularizó el Rey León o algo parecido. E imagino que se dejarán ver en El Despertar, “el evento cultural del año”, del que les hablaba el mes pasado. “Que todo sea verdad”, “Baila y déjate de historias”, “El cielo aguarda”, “¡No aflojen!”, “Necesariamente disfrutones”, “Siempre en pie de guerra”… son los títulos de algunos lemas del grupo, inscritos en las pulseritas de tela que venden en sus macroconciertos. Yo qué quieren que les diga.
24.12.25
“¿Tú crees que se acabará la violencia? ¿Crees que dejarán de existir la represión y los hachazos y la gente que escupe a las tumbas de los demás? ¿Crees que de aquí a doscientos o trescientos años seremos felices y no hará falta que nadie trabaje y nos mirarán a nosotros, los de nuestra época, y recordarán nuestro sufrimiento y pensarán que ha valido la pena? ¿Pensarán que todo lo que hemos sufrido está justificado? ¿O el recuerdo de las cicatrices más bien les incordiará? ¿Nos olvidarán a todas, de aquí a doscientos o trescientos años? Porque sospecho que sí, sospecho que la ingratitud reinará en los países carbonizados, territorios ennegrecidos por los incendios que provocaremos esta noche. En un futuro mirarán con repugnancia nuestro sufrimiento, lo considerarán una necedad, una burrada, una mediocridad, un bebé que llora para que su madre deje de hablar por teléfono con su amante. Me pregunto si de aquí a doscientos o trescientos años habremos aprendido a hacer la revolución. ¿Tú qué crees?” (Eduard Olesti, Perros de pie, Alpha Decay, 2025).
27.12.25
Listas, listas, listas. Por todos lados listas que miden la excelencia plebiscitariamente; cuanto más numerosos sean los consultados –parece pensarse–, más cerca estaremos de representar los gustos de la mayoría. Pero ¿era para esto para lo que las listas servían? ¿No se trataba más bien de orientar a la mayoría sobre dónde buscar la excelencia? De un modo subrepticio, se va asimilando el concepto de lista al de ranking. Se va sustituyendo el criterio por la estadística. El medio que encabeza esta tendencia con mayor celo y entusiasmo es sin duda El País en sus páginas de Cultura, sobre todo desde que Jordi Amat, el Señor de las Listas, se incorporara a la coordinación de Babelia. Ya hace mucho que el diario selecciona masivamente “los 25 libros más esperados del mes de febrero, de marzo, de abril…”. ¡Veinticinco! ¡Esperados! ¿Quién demonios espera tantos libros al mes? Y discos, y películas, y series… ¡Ale, ale! Es como hacer la quiniela y rellenar todas las casillas: así toca seguro. El gran órdago de Babelia ha sido armar, con motivo de que se hayan cumplido 50 años desde la muerte de Franco, sendas listas de las 50 mejores películas, los 50 mejores discos y los 50 mejores libros del último medio siglo. Para la selección de los 50 libros se ha contado con “la participación de un panel de 116 expertos”. ¡Ciento dieciséis! Me tomo la molestia de consultar la nómina de “expertos”, me río para mis adentros asociando esa palabra a según qué nombres, me pregunto qué sentido tiene seleccionar “libros” en general, sin acotar ningún género, de modo que en la lista hay personas que no han leído una novela en su vida, junto a otras que no han leído más ensayos o poemarios que un estudiante de bachillerato. Parece mentira que no reparen en algo tan básico como que, cuanto mayor es el número de los consultados, más obvio y banal es el común denominador resultante. Pero no: de lo que se trata es de que seamos muchos. Por otro lado, imagina uno que el rasero de lectura de alguien nacido en los años 50 no es el mismo que el de alguien nacido en los 80 o 90, al menos cuando se considera medio siglo de producción editorial. En fin: que la estupidez y la inutilidad de las listas plebiscitarias está cantada de antemano, de modo que sólo sirven para hacer ruido y que en su río revuelto pesquen comerciantes y despistados. De lo que se desprende que quizás no estaría mal que, aparcando vanidades, unos y otros se resistieran, cuando son consultados, a participar en estas ceremonias de la confusión y de la tontería, que usurpan y socavan el exiguo territorio del criterio y del discernimiento.
28.12.25
Veo en el Centro de Fotografía KBr de la Fundación Mapfre, en Barcelona, una estupenda retrospectiva de la fotógrafa estadounidense Helen Levitt (1913-2009). Un recorrido de casi medio siglo por las calles de Nueva York. Especialmente recurrentes y conmovedoras son las fotografías de niños en el Harlem de los años 30, 40, 50. Calles vacías de coches, repletas de niños jugando, peleando, riéndose, disfrazándose, bajo la mirada distraída de los mayores. ¿Cuándo las calles de los barrios dejaron de ser el territorio de la infancia?
30.12.25
Del mismo modo que era tradición, en los viejos belenes, no añadir la figurita del Niño Jesús hasta la noche del 24, también lo era que las figuras de los Reyes Magos se situaran lo más lejos posible del portal, de modo que se pudiera cada día acercarlas un poco, hasta que el 6 de enero llegaban al portal mismo. Cada día más supersticioso, también en este pequeño rito veo una prefiguración de nuestro futuro: los tres reyes magos del planeta –Trump, Putin y Xi– acercándose poco a poco a nuestros ateridos pesebres, para obsequiarnos con petróleo, uranio y tierras raras.
Foto portada: Helen Levitt, New York, c.1940. /© Film Documents LLC, cortesía Zander Galerie, Cologne
¡Hakuna Matata!
