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Boekhandel Dominicanen: la iglesia medieval de Maastricht convertida en un templo de los libros

Boekhandel Dominicanen: la iglesia convertida en librería
Sofia Lovelace
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Boekhandel Dominicanen: la iglesia medieval de Maastricht convertida en un templo de los libros

En el corazón de Maastricht, una iglesia gótica del siglo XIII alberga una de las librerías más extraordinarias de Europa. Sus antiguas bóvedas, sus pinturas centenarias y una monumental estructura de estanterías conviven en un espacio donde la arquitectura sagrada ha encontrado una nueva vida alrededor de la literatura.

Hay lugares en los que entrar en una librería significa mucho más que buscar un libro. En Maastricht, una ciudad histórica del sur de los Países Bajos, existe un espacio donde la lectura adquiere una dimensión casi monumental: la Boekhandel Dominicanen, instalada en la antigua iglesia de los dominicos.

Al cruzar sus puertas, la mirada se eleva hacia las bóvedas góticas. Los restos de pinturas históricas recuerdan la función original del edificio, mientras una gran estructura metálica repleta de libros asciende por el interior y permite recorrer sus distintos niveles. La piedra, la altura y la luz componen un escenario que parece concebido para convertir el acto de leer en una experiencia arquitectónica.

No es una iglesia transformada en museo ni un decorado histórico construido para una fotografía. Es una librería en funcionamiento, con literatura, arte, música y actividades culturales. Su singularidad reside precisamente en esa convivencia entre patrimonio y vida cotidiana.

Siete siglos de historia entre sus muros

La historia del edificio se remonta al siglo XIII. En 1261, la orden dominica obtuvo autorización para establecer un convento en Maastricht. La iglesia formó parte de aquel conjunto religioso, ligado durante siglos a la vida espiritual e intelectual de la ciudad.

La construcción pertenece a la tradición gótica de los Países Bajos históricos. Sus proporciones verticales, sus bóvedas y la amplitud de su nave responden a una arquitectura que buscaba dirigir la mirada hacia lo alto y crear una atmósfera de recogimiento.

Pero la historia no conservó intacta su función original. La entrada de las tropas francesas en Maastricht en 1794 y la posterior incorporación de la ciudad a la República Francesa marcaron el final de la presencia dominica en el antiguo convento. La iglesia dejó de cumplir su cometido religioso y comenzó una larga etapa de usos diversos.

Durante los siglos siguientes sirvió, entre otras cosas, como almacén, sala de conciertos, espacio comercial y aparcamiento de bicicletas. También tuvo funciones mucho menos previsibles, hasta convertirse en un lugar asociado a diferentes episodios de la vida cotidiana de los habitantes de Maastricht.

Esa sucesión de usos podría haber terminado por desdibujar la identidad del edificio. Sin embargo, también forma parte de su historia: la antigua iglesia sobrevivió porque, de una manera u otra, continuó formando parte de la ciudad.

Una librería dentro de una obra de arquitectura

La transformación decisiva llegó en 2006, cuando el edificio abrió sus puertas como librería. El proyecto interior fue diseñado por el estudio de arquitectura Merkx + Girod, que se enfrentó a un desafío fundamental: introducir una superficie comercial amplia sin destruir la percepción de la iglesia como espacio histórico.

La solución fue una gran estructura de estanterías metálicas de varios niveles, dispuesta de forma asimétrica en la nave. En lugar de dividir el edificio en una sucesión de habitaciones, el diseño aprovecha su altura y mantiene visible la arquitectura original.

La intervención permitió disponer de aproximadamente 1.200 metros cuadrados de superficie comercial en un espacio cuya planta ocupaba unos 850 metros cuadrados. La diferencia se consiguió mediante el desarrollo vertical de las estanterías y las plataformas.

El visitante puede subir por esa estructura, descubrir nuevos niveles y contemplar desde arriba la amplitud de la nave. La librería se convierte así en un recorrido: los libros no solo llenan el edificio, sino que conducen al público a través de él.

La propuesta evita dos extremos frecuentes en la rehabilitación de edificios históricos. No conserva el espacio como una pieza intocable, ajena a las necesidades contemporáneas, pero tampoco elimina sus características para adaptarlo a una actividad comercial convencional.

La arquitectura nueva y la antigua mantienen una relación visible. Las estanterías son contemporáneas; las bóvedas, la piedra y las pinturas pertenecen a otra época. Su convivencia constituye el principal logro del proyecto.

Los frescos que sobrevivieron al paso del tiempo

Los libros no son los únicos tesoros que guarda la antigua iglesia. Sus paredes y bóvedas conservan pinturas históricas de considerable interés artístico, algunas de ellas dañadas por los usos y transformaciones que experimentó el edificio.

Entre las obras más destacadas se encuentra una pintura mural realizada al fresco seco —técnica conocida como secco— que representa a santo Tomás de Aquino y está fechada en 1337. La propia librería destaca su importancia como una de las representaciones históricas más singulares del santo.

Durante siglos, la pintura permaneció cubierta por capas de cal. En el siglo XIX, Victor de Stuers contribuyó a recuperarla al retirar cuidadosamente esos recubrimientos. Más tarde, especialistas en conservación trabajaron para consolidar y limpiar la obra, procurando preservar los fragmentos que habían llegado hasta nuestros días.

También se conservan pinturas en las bóvedas, muchas de ellas vinculadas a la decoración del siglo XVII. Su presencia añade otra dimensión a la visita: mientras el lector busca un título, puede descubrir una parte del patrimonio artístico de Maastricht.

La restauración no podía devolver todas las pinturas a un estado ideal. Algunas han llegado incompletas, y esa fragilidad es parte de su valor histórico. Conservarlas no significa fingir que el tiempo no ha pasado, sino permitir que sus huellas continúen siendo visibles.

Mucho más que libros

Desde su apertura, Boekhandel Dominicanen ha desarrollado una oferta que va más allá de la venta de libros. Sus estanterías abarcan literatura, arte, libros infantiles, viajes y otras disciplinas, además de una sección dedicada a la música, con discos compactos y vinilos.

En el antiguo presbiterio funciona también un café, Coffeelovers, donde es posible hacer una pausa en la visita. La zona sirve, además, como escenario para presentaciones de libros, conversaciones con autores, debates, conferencias y actuaciones musicales.

Esta dimensión cultural resulta esencial para comprender el proyecto. La iglesia no se ha convertido simplemente en un establecimiento comercial instalado en un edificio bonito. Ha recuperado una función pública como lugar de encuentro, aunque con un propósito distinto del que tuvo durante sus primeros siglos.

La actividad cultural ayuda a mantener vivo el espacio y a conectar el patrimonio con la comunidad. El edificio deja de ser únicamente un vestigio del pasado para integrarse en las prácticas contemporáneas de la ciudad.

En marzo de 2014, tras la quiebra de la cadena Polare, la librería emprendió una nueva etapa como establecimiento independiente bajo el nombre de Boekhandel Dominicanen. Desde entonces ha continuado desarrollando su actividad y reforzando su identidad propia.

¿La librería más bonita del mundo?

Boekhandel Dominicanen ha sido descrita en numerosas ocasiones como una de las librerías más bellas del mundo. En 2025 recibió el reconocimiento de «la librería más bonita del mundo» otorgado por 1000 Libraries, según informa el propio establecimiento.

Más allá de los títulos y las clasificaciones, su atractivo resulta fácil de comprender. La experiencia reúne elementos que habitualmente se encuentran separados: la contemplación de una obra arquitectónica, el descubrimiento de un patrimonio histórico y el placer de recorrer una librería con tiempo.

La fotografía ha contribuido a extender su fama. Desde determinados puntos, las estanterías parecen elevarse hasta las bóvedas y el contraste entre el metal oscuro, la piedra antigua y los libros crea una imagen inmediatamente reconocible. Pero reducir el lugar a una fotografía sería perder parte de su sentido.

Su interés más profundo está en demostrar que la conservación del patrimonio puede implicar nuevos usos, siempre que exista un proyecto capaz de respetar las características esenciales del edificio. Una iglesia histórica puede seguir siendo un lugar significativo sin tener que permanecer vacía ni convertirse exclusivamente en una pieza de exposición.

Cuando los libros ocupan el lugar del silencio

La antigua iglesia dominica nació para una comunidad que se reunía en torno a la oración y la vida religiosa. Hoy recibe a lectores, estudiantes, viajeros y curiosos que recorren sus pasillos en busca de una novela, un ensayo o simplemente un momento de tranquilidad.

No es necesario establecer una equivalencia entre la experiencia religiosa y la lectura para apreciar la continuidad simbólica del lugar. Ambas pueden invitar al recogimiento, a la reflexión y a apartarse durante un tiempo del ruido exterior.

La diferencia está en que ahora el espacio reúne muchas formas de curiosidad humana. Los libros conviven con las pinturas, el café con la arquitectura gótica y las conversaciones con la memoria de quienes ocuparon el edificio siglos atrás.

En Maastricht, una iglesia medieval ha encontrado así una segunda vida sin renunciar a su pasado. Sus muros ya no albergan una comunidad monástica, pero siguen reuniendo a personas alrededor de una forma de conocimiento.

Quizá esa sea la lección más interesante de Boekhandel Dominicanen: que conservar un edificio no siempre significa mantenerlo inmóvil. A veces, la mejor manera de prolongar su historia consiste en permitir que siga siendo utilizado, visitado y descubierto.

Bajo sus bóvedas, los libros han encontrado un hogar extraordinario. Y la antigua iglesia, lejos de convertirse en una reliquia silenciosa, continúa formando parte de la vida de Maastricht.

 

Por Sofía

Fuentes

Especiales

Imagen portada: openai

Boekhandel Dominicanen: la iglesia convertida en librería

Descubre Boekhandel Dominicanen, la extraordinaria librería de Maastricht instalada en una iglesia gótica del siglo XIII, entre frescos, arquitectura y libros.

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