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La casa de los Perron: la historia real detrás de The Conjuring
Una familia, una vieja casa de Rhode Island, los Warren y una leyenda que Hollywood convirtió en pesadilla
Hay casas que envejecen.
Y hay casas que empiezan a acumular historias.
La de Round Top Road, en Harrisville, Rhode Island, pertenece a una categoría todavía más extraña.
Durante casi tres siglos fue simplemente una casa de campo.
Después llegaron los Perron.
Y, según ellos, algo cambió.
Décadas más tarde llegó Hollywood.
Y aquella casa se convirtió en una de las viviendas más famosas de la historia del cine de terror.
Pero aquí comienza lo interesante.
Porque si separamos lo que contó la familia, lo que investigaron los Warren, lo que dicen los documentos históricos y lo que decidió añadir Hollywood, la historia resulta bastante diferente de la película.
Y quizá también bastante más fascinante.
Una casa de 1736
La casa que hoy se conoce popularmente como The Conjuring House se encuentra en el área de Harrisville, dentro de Burrillville, Rhode Island.
No es una construcción creada para el cine.
Es una vivienda histórica real.
Los registros actuales de Rhode Island identifican el inmueble de 1677 Round Top Road como Old Brook Farm y lo consideran potencialmente elegible dentro de su inventario histórico.
La documentación histórica de la propiedad sitúa la construcción de la casa en 1736.
Durante generaciones fue una explotación agrícola familiar, vinculada a los Richardson y posteriormente a los Arnold. La propiedad llegó a formar parte de un terreno agrícola mucho mayor que el actual.
Nada de esto resulta especialmente terrorífico.
Y quizá ahí está la primera sorpresa.
Durante casi tres siglos, la casa no necesitó fantasmas para tener historia.
Los Perron llegan en 1971
En enero de 1971, Roger y Carolyn Perron se instalaron allí con sus cinco hijas: Andrea, Nancy, Christine, Cindy y April.
Buscaban espacio para criar a su familia.
Encontraron una antigua granja de Rhode Island.
Y, según el relato posterior de las hijas, encontraron también algo más.
La familia comenzó a describir fenómenos que no podía explicar: ruidos, objetos que parecían moverse, olores extraños, apariciones y otras experiencias que, según su testimonio, se prolongaron durante años.
No se trata, por tanto, de una historia inventada después de la película.
La familia ya hablaba de esas experiencias mucho antes de que Hollywood las llevara a la pantalla.
Y una de las personas que más contribuyó a conservar aquel relato fue Andrea Perron, la hija mayor.
En 2011 publicó House of Darkness House of Light: The True Story, donde reconstruyó la década que su familia pasó en la casa.
Es importante detenerse aquí.
Porque desde este momento tenemos que distinguir dos cosas:
testimonio no significa prueba.
Pero tampoco significa que podamos afirmar que nunca ocurrió nada.
Lo que tenemos son personas que aseguran haber vivido determinadas experiencias.
Y eso pertenece a la historia.
La llegada de los Warren
La historia de los Perron terminó llegando a Ed y Lorraine Warren, los conocidos investigadores paranormales estadounidenses.
Los Warren acudieron a la casa y realizaron una investigación que incluyó una sesión espiritista.
A partir de entonces, el caso empezó a adquirir una dimensión mucho mayor.
Y aquí comienza la transformación de una historia familiar en una leyenda.
Porque con el paso del tiempo apareció un nombre que acabaría convirtiéndose en el gran personaje invisible de la casa:
Bathsheba Sherman.
La supuesta bruja
En The Conjuring, Bathsheba Sherman es presentada como una mujer relacionada con la casa, acusada de brujería y responsable de una maldición que habría afectado a quienes vivieran allí.
Es uno de los elementos centrales de la película.
Y también uno de los más problemáticos históricamente.
Porque Bathsheba Sherman existió.
Pero eso no significa que la historia que cuenta la película sobre ella sea verdadera.
La investigación histórica disponible señala que Sherman vivió en otra propiedad, la granja de la familia Sherman, y no en la casa de los Perron. Murió en 1885 y fue enterrada en Harrisville. No existe documentación histórica que la vincule con la casa de Round Top Road ni que demuestre que fuera una bruja, asesinara a un niño o realizara sacrificios satánicos.
Es una distinción fundamental.
La mujer fue real.
La bruja de The Conjuring pertenece a otra historia.
Y hay algo todavía más extraño
La investigación del Skeptical Inquirer encontró que muchas de las muertes que posteriormente se asociaron con la propiedad tampoco ocurrieron allí.
Una de las muertes sí está documentada en el terreno: en 1901, un hombre llamado Jarvis Smith murió de frío en una pequeña estructura de la propiedad después de haber estado bebiendo.
Pero otras muertes que aparecen repetidamente en las versiones populares ocurrieron en otros lugares.
Incluso la muerte de Edwin Arnold, uno de los nombres asociados a la historia, se produjo aproximadamente a una milla y media de la casa.
La leyenda había empezado a hacer algo muy humano.
Mover las historias de un sitio a otro hasta que todas terminaran dentro de la misma casa.
La casa empezó a absorberlo todo
Una granja con casi tres siglos de historia ofrece material suficiente para construir una leyenda.
Familias.
Nacimientos.
Muertes.
Enfermedades.
Accidentes.
Conflictos.
Desgracias.
Y cuando alguien comienza a mirar retrospectivamente esa historia buscando explicaciones sobrenaturales, cada episodio puede adquirir un significado diferente.
Eso es exactamente lo que ocurrió con la casa de los Perron.
El pasado comenzó a ser reinterpretado desde el presente.
Y cada nuevo relato añadía una capa.
Hasta que la casa dejó de ser una casa.
Se convirtió en un archivo de fantasmas.
Pero los Perron sí creían que algo ocurría
Aquí es donde conviene evitar el error contrario.
Sería muy fácil escribir:
«Todo fue inventado».
Pero eso tampoco está demostrado.
Andrea Perron ha mantenido durante décadas que su familia vivió experiencias paranormales reales.
En entrevistas posteriores ha insistido incluso en que la figura de Bathsheba fue utilizada injustamente como explicación de aquello que ocurría en la casa. En una entrevista de 2021 llegó a defender expresamente que no consideraba a Bathsheba responsable de las experiencias que vivió su familia.
Es decir:
la propia familia Perron no encaja perfectamente con la versión cinematográfica.
Y eso resulta fascinante.
Hollywood necesitaba un villano
Entonces llegó el cine.
The Conjuring, dirigida por James Wan, se estrenó en 2013 y convirtió el caso Perron-Warren en una historia de terror para millones de espectadores.
Pero Hollywood necesitaba algo que una historia real rara vez ofrece:
un antagonista claro.
Una maldición.
Una bruja.
Un pasado maligno.
Un enfrentamiento.
Un clímax.
Y, finalmente, una resolución.
La realidad es mucho más incómoda.
No sabemos exactamente qué ocurrió en aquella casa.
La película sí necesita decirnos qué ocurre.
Y por eso transforma una historia abierta en una narración cerrada.
La casa de la película ni siquiera es la casa real
Aquí aparece uno de los detalles que más me gustan para este artículo.
Cuando vemos la casa en The Conjuring, no estamos viendo la auténtica casa de los Perron.
La película fue rodada en Carolina del Norte.
La producción utilizó un inmueble de Currie para determinados exteriores y construyó interiores en los estudios EUE/Screen Gems de Wilmington. La auténtica casa de Rhode Island no fue utilizada como escenario de rodaje.
Es decir:
La casa real inspiró la película.
Pero la casa que vemos en la película es otra.
Hollywood construyó una casa cinematográfica a partir de la memoria de otra casa.
Y eso cambia nuestra percepción.
El cine también inventó la geografía
La película mezcla diferentes elementos hasta crear un espacio único.
La casa de Rhode Island.
Las historias de la familia Perron.
La investigación de los Warren.
La figura de Bathsheba Sherman.
Y las necesidades narrativas del guion.
Todo queda ensamblado.
Como si hubiera ocurrido exactamente en el mismo lugar.
Pero no fue así.
La película crea una especie de geografía sobrenatural que no coincide completamente con la geografía real.
Y quizá esa sea una de las razones por las que funciona tan bien.
¿Estaba realmente maldita?
Aquí tenemos que detenernos.
No existe evidencia científica que demuestre que la casa estuviera habitada por espíritus o que una entidad sobrenatural causara los fenómenos relatados.
Pero tampoco podemos convertir la ausencia de pruebas en una demostración de que las experiencias personales de los Perron fueran falsas.
Son dos afirmaciones diferentes.
La primera pregunta es:
¿La familia vivió experiencias que interpretó como paranormales?
Sí, según su propio testimonio.
La segunda:
¿Existe evidencia verificable de que esas experiencias fueran causadas por fantasmas o entidades sobrenaturales?
No disponemos de ella.
Y la tercera es quizá la más interesante:
¿Cuánto de la historia que hoy conocemos procede de los hechos y cuánto de las historias que se construyeron después?
Ahí sí podemos investigar.
Una casa que acabó siendo más famosa que sus habitantes
Después de que los Perron abandonaran la propiedad en 1980, la casa siguió teniendo propietarios.
Durante décadas no fue simplemente un escenario paranormal.
Fue una vivienda privada.
Pero después del éxito de The Conjuring, la situación cambió radicalmente.
La fama atrajo visitantes y curiosos, y propietarios posteriores llegaron a organizar investigaciones paranormales y estancias nocturnas. En 2019 la propiedad fue adquirida por Cory y Jennifer Heinzen, que la utilizaron para actividades relacionadas con el fenómeno paranormal. En 2022 fue vendida de nuevo.
La casa había dejado de ser únicamente una casa.
Ahora era una marca.
Y aquí aparece otro misterio
La propiedad se encuentra actualmente en una situación complicada respecto a su explotación pública.
El archivo histórico independiente dedicado a la casa señala que la licencia de entretenimiento no fue renovada por Burrillville en noviembre de 2024 y que existen además procedimientos legales recientes relacionados con la propiedad.
Por eso conviene no presentar hoy la casa como si fuera simplemente una atracción turística abierta al público.
Es una propiedad privada y el acceso no debe darse por supuesto.
Una advertencia importante, especialmente porque la fama de la película ha provocado durante años visitas no autorizadas a la zona.
Lo que queda después de quitar los fantasmas
Y aquí es donde la historia empieza a ponerse realmente interesante.
Porque si eliminamos por un momento los fantasmas, las maldiciones y las sesiones espiritistas, todavía nos queda algo extraordinario.
Una casa construida en 1736.
Casi tres siglos de historia.
Generaciones de familias.
Una familia moderna que afirma haber vivido allí experiencias que no pudo explicar.
Dos investigadores paranormales que convirtieron el caso en parte de su archivo.
Una escritora —Andrea Perron— que décadas después decidió contar su versión.
Y finalmente una película que tomó todo aquello y lo convirtió en una historia universal de terror.
Eso ya es una historia.
No necesitamos inventarle fantasmas.
La verdadera casa de The Conjuring
Quizá la casa de los Perron sea interesante precisamente porque no sabemos qué ocurrió realmente dentro de ella.
Sabemos que la casa existe.
Sabemos cuándo fue construida.
Sabemos que los Perron vivieron allí durante una década.
Sabemos que afirmaron experimentar fenómenos extraños.
Sabemos que los Warren acudieron.
Sabemos que Andrea Perron escribió su versión.
Sabemos que James Wan convirtió aquel material en una película.
Y sabemos que la película modificó considerablemente la historia.
Lo demás pertenece a otro territorio.
A la memoria.
A la creencia.
A la interpretación.
Al miedo.
Y quizá ese sea el verdadero poder de una casa
Una casa puede conservar mucho más que paredes.
Puede conservar las historias de quienes vivieron dentro.
Pero también puede convertirse en algo diferente cuando alguien empieza a contar esas historias.
Primero existe la casa.
Después aparece el recuerdo.
Después la leyenda.
Y finalmente llega el cine.
En ese momento ya no sabemos exactamente dónde termina la historia y dónde empieza la ficción.
Quizá por eso The Conjuring sigue funcionando.
Porque nos propone una pregunta que ninguna película puede responder completamente:
¿Y si la casa realmente hubiera estado encantada?
Pero la historia real nos deja otra pregunta, mucho más incómoda:
¿Y si lo más aterrador no fuera lo que ocurrió dentro de la casa, sino lo que ocurrió después con su historia?
Porque una casa puede sobrevivir tres siglos.
Una persona puede sobrevivir en los archivos.
Pero una leyenda puede sobrevivir para siempre.
Y en Harrisville, una vieja casa de 1736 terminó convertida en algo que sus primeros habitantes jamás pudieron imaginar:
un lugar donde millones de personas han ido buscando fantasmas que quizá nunca estuvieron allí.
Por Sofía
La casa de los Perron: la historia real detrás de The Conjuring
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Imagen portada: openai
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La casa de los Perron inspiró The Conjuring, pero la historia real es muy distinta de la película. Documentos, testimonios y leyenda se cruzan en Harrisville.

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