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Nos deja Juan Ta-Nariz

Nos deja Juan Ta-Nariz
Oscar Sanchez
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Nos deja Juan Ta-Nariz

Mi amigo Sergio, cuyo tío carnal había sido maestro de tantos amos ulteriores del burle ibéricos, me introdujo en mi primera mocedad en el programa ese que hacía Juan Tamariz, Magia Potagia, donde él mismo, Tamariz, gafotas, chistera y melena al viento, Pepe Carrol, más guapo que él pero tal vez menos carismático, y aquel argentino genial que siendo manco siempre nos lo podía “haserrrrr (todavía) más leeentoooo”, me amenizaban a mí, mientras que a Sergio le ponían a desmenuzar como un desesperado la grabación en VHS, a ver cómo el cabrito de turno nos había engañado con tanta habilidad. Hoy nos engañan de mil maneras, pero nadie nos dice lo de Juan Tamariz, no me refiero ahora a eso del “¡¡¡Txan-Txachán!!!” al final del truco, sino eso otro, que nos dejaba tan impactados, de que si hubiéramos usado trucos de cámara, que decía Tamariz, pues dónde demonios estaría la gracia. Servidor, acordándose de eso, digo cosas semejantes alguna vez en mis clases: si hoy yo os hubiera puesto un Power-point, o un video de otro profesor exponiendo a los presocráticos, o un horrible test aplicado acerca de los temas que habéis memorizado a la fuerza, ya me diréis dónde está la jodida gracia de la asignatura de Filosofía…
Porque la gracia está, sin duda, en que Tamariz te camelaba en tu misma cara, así como yo suelto el rollo sin chuleta ni guion, que es lo que me enseñaron Tamariz y Sergio, algo así como otro “¡¡¡Txan Txachán!!!” enarbolando un violín invisible. El teatro de la magia, por desgracia, va camino de la desaparición. Ni David Copperfield, ni el mago pop ni un potencial mago reguetón(-to)…  Entre que, para magia/magia, la Mecánica Cuántica, el Arte Contemporáneo o las películas de Andréi Tarkovsky, y que, para sorprender al personal, ya tenemos a la(s) IA(s) de sonido, texto e imagen, el Deep Fake y los Youtubers pagados por los popes de la Ilustración Oscura y la ultraderecha -que casi es la misma cosa-, vamos camino de morir de éxito. Porque la magia de Tamariz era artesanía, práctica, ingenio, mientras que la que nos aguarda a la vuelta de la esquina grabada por una cámara de reconocimiento facial es arte-insanía, si se me permite el juego de palabras. Larga muerte a Juan Tamariz, el verdadero ilusionista de España (lo de Rappel o Abascal es de risa, pero de la otra, de la que solloza), que no nos dio más que estupor y alegrías…

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