Vivir en la pobreza: Al artista desaparecido

Vivir en la pobreza: Al artista desaparecido

Vivir en la pobreza

Al artista desaparecido

La experiencia inmersiva de la creación en España

Por Juan José Santos Mateo

Suena el himno de España. Miles de banderitas hondean como llamas de fuego crepitantes de emoción. Se apagan las luces, comienza la proyección. En la imagen, un plano secuencia atestigua el encuentro entre un cubo de concreto gris, sin inscripciones, sin motivos decorativos, sin un asa donde agarrarlo, y el asfalto. Un pedestal huérfano juntándose con el suelo, avanzando los 13.000 milímetros que los separan: es la distancia entre lo terrenal y lo sublime.

13.000 milímetros. Video-monumento al artista desaparecido es la obra de arte que presenta Josechu Dávila en el espacio Nadie Nunca Nada No al mismo tiempo que los coleccionistas apuntan con sus escopetas de feria –de arte– en las casetas de ARCO. Mientras unos celebran “la gran fiesta del arte español”, otros rinden homenaje a los caídos, a los que se están cayendo, y a los que caerán:

“Josechu Dávila propone homenajear a los artistas pasados, presentes y futuros que han tenido que abandonar su profesión total o parcialmente, debido a la apuesta de las instituciones españolas por favorecer prioritariamente la gestión y promoción cultural, olvidando que los artistas son la materia prima de esta industria. Esto ha relegado a gran parte de nuestros creadores a una posición de amateurs, generando una enorme desventaja frente a otros artistas internacionales, y limitando tanto su crecimiento profesional e intelectual, como el papel de nuestro país en el panorama cultural internacional.”

Los simios nos rascamos la cabeza mientras vemos ese cubo de cemento, esperando la conversión en homo-sapiens. El picor no se va.

Cosas de esas

En el 2021 lancé una plataforma de crítica de arte, quizás afectado por las fiebres, y me tiré al mar, a lo capitán Ahab, a la caza de suscriptores y patrocinadores. Logré los apoyos necesarios; la mitad de ellos, artistas españoles. Después de aplaudir a los sanitarios a las 20:00, a las 20:15 me ponía yo sólo a blandir palmas por los creadores solidarios con la crítica, desmintiendo de paso el oxímoron. Ahora, un año después, me toca renovar suscripciones, lo que me hace sentir como el cobrador del frac, pero sin frac y con Paypal. Muchos de los suscriptores artistas quieren pagar la cuota (de 24 euros anuales), pero no pueden: el 2021 y el principio del 22 está siendo, para las y los artistas de este país, mucho peor que el 2020. Que ya es decir. He recibido respuestas descorazonadoras, frases como “Jamás me había pasado y llevo currando desde los veinte años… Como era autónomo no tengo paro ni cosas de esas”.

Cosas de esas. El Estatuto de Artista fue aprobado en 2018 por unanimidad en el Congreso de los Diputados y aquí estamos todavía, mano sobre mano, esperando llegar a Moscú como las tres hermanas de Chejov. Dicen que el 31 de diciembre del 2022 tiene que estar “desarrollado”. Hasta que llegue el día soñado, ¿podrán los artistas “desarrollar” el pago de sus facturas de luz, agua y esencia de trementina? Ese estatuto no será la panacea pero servirá para regular un colectivo laboral que en su mayoría no alcanza los doce mil euros anuales de ingresos (de hecho, en su mayoría, por nivel de ingresos, está muy por debajo del umbral de la pobreza, establecido en 9.009 euros), que por sus características es intermitente y estacional. No solicitan privilegios: en colectivos como el agrario y el ganadero ya hay medidas de este tipo, que aplican correctores en sus cotizaciones para poder acceder a prestaciones de desempleo, por ejemplo. Quizás una de las claves es que el sector del campo tiene sindicatos y se une para manifestarse frente al ministerio de turno. El artístico no está unido. En países como Finlandia, el año pasado, los artistas se manifestaron en las plazas para solicitar ayudas: sus plegarias fueron escuchadas.

Aquí, Escrivá ha propuesto aumentar la cuota de autónomos de 184 euros al mes a 214. Mientras, Iceta y su tropa de asesores digitales –colocados a dedo– bailan Don´t stop me now. ¿Tan utópico es plantear unas tasas de autónomo que dependan de los ingresos? Quizás no somos capaces de valorar lo que significa que un artista, que en su aplastante mayoría es o intenta ser autónomo, no sea capaz de pagar la cuota mensual. Se traduce en que si un día tiene un accidente, o se pone enfermo, al no tener seguridad social, o no podrá ser atendido en un hospital, o podrá, pero a cambio de tener que endeudarse económicamente. Es que el día que el cuerpo no le dé para más y se tenga que jubilar, no tendrá pensión: acabará durmiendo en la calle, apoyando su espalda contra un pedestal vacío.

Urgen muchas cosas de esas, propuestas que ya se llevan a cabo en otros países, que funcionan. En Alemania, donde ya existen varias ayudas pensadas para los agentes culturales (como ayudas al alquiler), han lanzado el Neustart Kultur (Nuevo comienzo para la cultura), una inyección económica sin precedentes. En Nueva York, si eres artista y demuestras que las pasas canutas para pagar las facturas el Estado te provee de 1.000 dólares por mes, algo que ya hizo California el año pasado.

Por encima de todo, lo necesario es un plan cultural a largo plazo. Lo que tenemos hasta ahora son políticas de golpe de riñón. Cuando gobierna el PP, el arte contemporáneo es la continuación natural de la gloria barroca. Cuando lo hace el PSOE, es un medio para ilustrar sus campañas de medidas sociales. Cuando lo ha hecho Unidas Podemos (o Ahora Madrid con Carmena en la capital), el arte contemporáneo es elitista y pretencioso. No puedo preguntar a los políticos qué tipo de arte y de artista quieren, y no lo voy a hacer. Te lo pregunto a ti. ¿Qué tipo de artista? ¿Uno que vista a la moda, que conceda polémicas entrevistas cada semana, que lance incendiarias soflamas a favor del ecologismo, el feminismo, contra los políticos, el capitalismo, los coleccionistas de arte, que sea hiperactivo en las redes sociales, que responda tus posts de Instagram? ¿Qué tipo de arte pretendemos tener? ¿Arte público a gran escala fotogénico y controversial? La disonancia entre una quina disminuida y una séptima mayor. Si me preguntan a mí, a ese tipo de artista y de arte no lo quiero ver ni en pintura.

La última obra de arte

El apocalipsis va a llegar. No, ya está aquí. El artista español ni es un faro de la moralidad posmoderna, ni viste de Marc Jacobs, ni se hace selfies con Rosalía. Es un zombie purulento con hambre de espectador rellenito. El artículo Artistas Zombies se hace eco del Informe Maslow, elaborado por Fermín Díez de Ulzurrun y María Ozcoidi, que da cuenta de la precariedad extrema del artista nacional: “Si la muerte del artista no está garantizada, sí al menos su zombificación y transmutación en un artista no-vivo, atrapado entre el amateurismo y la indigencia, y cuya creatividad vocacional solo sirve, en última instancia, para alimentar la voracidad del ocio capitalista.”

España 2034. Se presenta la última obra de arte. Monumento al espectador desaparecido es una experiencia inmersiva por la cual el espectador podrá sentir que está dentro del cubo de concreto que presentó Josechu Dávila en el 2022. Así, el visitante será capaz de ver todo gris por todos lados; podrá notar cómo sus brazos y sus piernas no se mueven, sus oídos no escuchan y su boca no se abre. Toda una experiencia sensorial 4D que cambiará para siempre su relación con el arte.

Vivir en la pobreza

su tropa de asesores digitales –colocados a dedo

 

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