TAL VEZ EL FUTURO NO SEA COMO DECÍS

TAL VEZ EL FUTURO NO SEA COMO DECÍS

Antonio Costa Gómez
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TAL VEZ EL FUTURO NO SEA COMO DECÍS

   Creéis que el mundo va a seguir rutinariamente siempre en la misma dirección. Que todo será más tecnología y tecnología sin fin, más complicación, más alejamiento de la Naturaleza. Para enriquecer a unos pocos y esclavizar a los demás.

   Pero la Humanidad ha cambiado de dirección muchas veces. Las cosas no son tan mecánicas y tan previsibles. Hay más sorpresa y creación de lo que admitís. Con vuestra pasmonería y vuestro papanatismo.

    La vida se sofisticaba cada vez más al final del Imperio Romano. Se urbanizaba y se refinaba cada vez más, se hacía cosmopolita. Y de repente todo dio un vuelco, la gente volvió toda al campo, infinidad de territorios se hicieron casi independientes, el feudalismo acabó con la burocracia administrativa, la cultura se refugió en los monasterios.

   En el siglo XVIII parecía que la razón y las reglas lo eran todo, que habría cada vez más razón y más reglas. Y de repente explotó le sentimiento, y la gente volvió a la Naturaleza, y se valoró la inspiración y el misterio. Y se volvió al gótico entusiasta y a las historias de la Edad Media.  Y a la libertad individual y al genio contra las reglas.

    En los años sesenta todo parecía desarrollismo y consumismo sin fin.  Y de repente saltaron en todo el mundo los hippies y la Contracultura. Que se sentaron de manera natural en las plazas, se pusieron flores en las ropas y se dejaron de tantos aparatos. Y vivieron de forma natural.  Y proclamaron la libertad en todo. Y también eso parecía avanzar así, pero luego vino una era de moralismo y puritanismo sin precedentes.

   Nos chantajeáis con el futuro, tenéis decidido lo que será el futuro. Creéis que solo será lo que vosotros queráis. Pero el futuro nadie lo conoce, por eso es futuro. Y dependerá de lo que digamos todos, no solo vosotros. Dependerá de tantas cosas.

    Nos machacáis con el futuro. “O hacéis esto o estaréis fuera del futuro, seréis unos apestados”. Vuestra idea del futuro nos aplasta y nos apabulla. O compramos más y más aparatos sin fin o seremos unos frikis solitarios. Incluso tendremos que irnos a otro planeta, como dice una carta publicada en El País. Esa carta sí la publicaron, no las muchas que mandé yo contra la deshumanización y el dominio absoluto de la técnica.

   Creéis que la Técnica es Dios, que lo arreglará absolutamente todo. Que no hay más que usar técnica y técnica y todo lo demás sobra. Que la técnica nos arreglará todas las cosas, incluso las más interiores o espirituales. Y que hay fórmulas para todo.  Y nos alejaremos cada vez más de la naturaleza, y ya no seremos naturales, nosotros mismos seremos muñecos artificiales diseñados.

    Pero yo no lo creo y a mí no me aplastáis. Tal vez el futuro sea más naturaleza y más espíritu. Y menos fórmulas y más creatividad y originalidad. Y menos el algoritmo y más lo imprevisible. Y la sorpresa y el prodigio del mundo que queréis empobrecer. Porque vuestro futuro es un empobrecimiento continuo.

   Habláis de innovación, pero no queréis innovar el camino, queréis continuar rutinariamente este camino. De la manera más aburrida y más fatal. Como si estuviéramos condenados a ello. Como si no fuéramos libres e imprevisibles sin caber en ninguna miserable fórmula.

    Habláis de innovación, pero queréis hacer siempre lo mismo: comprar aparatos y aparatos, usar la técnica para todo. Incluso para rascarse la nariz o para escribir novelas. Y empobrecerlo todo y sujetarlo al algoritmo y la medianía.

    Habláis de innovación, pero seguís siempre con lo mismo.

    Tal vez la gente se hartará de que le compliquen la vida cada vez más. Tal vez un día prefiera rascarse la nariz sin más, sin usar ningún aparato. Y pasear por los bosques y mirar los abedules mejor que el teléfono móvil. Y respetar la naturaleza, que tiene mucha más hondura y genialidad que todos nuestros aparatos y diseños. Tal vez todo se llene otra vez de vida y no de fórmulas. Y la vida sea imprevisible y no mecánica.

    Y cuando hablemos con alguien le aportemos de verdad algo, algo imprevisible, y no lo que ya se sabe por fórmulas, lo rutinario. Tal vez seamos vivos y no solo técnicos.

    Y ahora, gilipollas, simplifica todo, y di que yo no quiero máquinas en absoluto. Quiero máquinas, pero no solo máquinas, quiero también otras muchas cosas. Y quiero que se respete la naturaleza y el espíritu. En Finlandia y Japón tienen tecnología pero respetan muchísimo la naturaleza. Y al lado de sus últimas tecnologías tienen sus leyendas de los bosques del norte y su meditación zen. Y los bosques de Nara y los ciervos que vienen a besarte las manos. Ciervos vivos, gráciles, poéticos, misteriosos, no ciervos miserables de diseño.

    Tal vez en la vida no será todo mecánico, todo sujeto a fórmulas, volverá la creatividad y la imaginación, el misterio que consiste en no simplificarlo todo, en no controlarlo todo, en dejar que las cosas sean lo que son por ellas mismas. Y buscar el corazón de las cosas, como decía Natsune Soseki.

    Nos chantajeáis con vuestro futuro rutinario de máquinas y solo máquinas. Pero tal vez el futuro tenga también poesía y naturaleza. Y comunicación verdadera y espíritu. Porque tal vez la gente comprenda que las máquinas son solo máquinas y que hay mucho más fuera de ellas. Y valore otra vez la naturaleza y beba de ella. Y se comporte también de manera más natural.

    Y no quiera comprar máquinas sin fin que solo enriquecen a unos pocos. Y apartan a las personas de sus puestos. Y exigen que las personas sean obedientes y sin derechos como las máquinas. La mecanización absoluta de todo solo beneficia a unos pocos que se ahorran sueldos y nos venden sin fin. Como hacían los ingleses en la China colonial, que obligaban a los chinos a comprar su opio. Ahora la tecnología, de esta manera tan absolutista en que la concebís, se ha convertido en el opio del mundo.

  Tal vez el futuro no sea como decís. Tal vez sea más naturaleza y más espíritu. Y más creatividad y más imaginación. Y más humanidad imprevisible y asombrosa. Y menos fórmulas. Y nos digamos de verdad algo unos a otros, no solo fórmulas. Y no seremos fabricados o diseñados, sino libres y naturales. Y misteriosos, o sea, libres del control de las multinacionales y los diseñadores.

    No me creo el futuro que me queréis imponer. Ni creo que este sea el único camino posible. Ni que tengamos que hacer todos lo mismo sin escapatoria. Y seguro que hay alguien más, ahí entre los abedules que aún quedan, en las esquinas de los bares adonde no llega el control digital, que siente lo mismo.

     La Humanidad ha cambiado su camino muchas veces. E incluso la especie humana ha cambiado su dirección varias veces antes de la Historia. Porque, por otro lado, no depende solo de ellos y sus prejuicios. Depende del universo entero. Tal vez caiga otra estrella que acabe con los dinosaurios actuales. Tal vez una radiación solar haga clic en los cerebros de los tecnócratas y sus adoradores y les haga ver las cosas de otra manera. Incluso tal vez la contaminación feroz que sufrimos, alguna niebla química, afecte a las neuronas y en la gente se encienda una lámpara extraña e inédita.

   Y haremos otro futuro tal vez, más creativo y más rico. Donde no todo sean fórmulas y algoritmos. Donde cada uno de nosotros tenga todo un mundo imprevisible e informulable que comunicar. Y vuelvan los abedules a rozarnos en las sienes.

ANTONIO COSTA GÓMEZ

FOTO: CONSUELO DE ARCO

 

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