Se Pierde el Humo del Café (La Dictadura del Presente)

Se Pierde el Humo del Café (La Dictadura del Presente)

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Se Pierde el Humo del Café (La Dictadura del Presente)

    Ese humo delicioso que subía de las tazas de café. Se pierden tantas cosas en este afeamiento del mundo.

    Y no se puede ser nostálgico. Si eres un nostálgico te vuelves un proscrito. Te ponen una marca en la frente.

    Es la prepotencia del presente. O te tragas el presente o eres un gilipollas. Un viejo, un no sé qué. Tienes que esconderte, callarte.

   Es la inquisición vigilante del presente. Como las dictaduras que te obligan a cantar aleluya. Y ay de ti si no cantas.

    Hay que salir a vitorear al Fuhrer como en la película “Una jornada particular” de Ettore Scola. Solo Sofía Loren se queda en la terraza a tender las sábanas. Y Marcelo Mastroiani que no está para esos triunfalismos habla con ella.

     También estos son tiempos de brutalidad y frenesí. De máquinas sordas y aplastantes como los tanques Panzer en las calles. Y desear aquel humo del café es ser un proscrito

     Como cuando el arzobispo de la música en el diario canónico te dice que coleccionar vinilos es de cobardes. Y él es el valiente que se une a los valientes en formación cerrada. Marcando el paso con fuerza.

     El que no acepta esta fuerza es un cobarde. Debería esconderse, lleva un vestigio, una marca. Una señal de vergüenza como la mujer con la letra roja de Nathaniel Hwthorne.

     Tiempos que te aplastan y anulan. Tiempos de brutalidad e incultura bajo la bota de la técnica desatada. De la técnica que no quiere saber nada sino de sí misma.

    No tememos las máquinas, tememos que en el mundo no haya más que máquinas. Pero el simplismo nos acalla.

    Solo podemos susurrar y esperar que algún día calle el vocerío de la tecnocracia arrogante. Y de los desfiles de máquinas prepotentes. Que en tiempos más atentos alguien escuche nuestros susurros.

  Solo queda esperar y aspirar el perfume de las naranjas. Y saborear las magdalenas antes de que las hagan de plástico. Y te obliguen a tomarlas so pena de ridiculizarlas.

    Como dije yo una vez en un momento de humillación: Ya lloverá.

ANTONIO COSTA GÓMEZ, ESCRITOR

FOTO: CONSUELO DE ARTO

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