Rafael Alcalá, Por el quicio del viento

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Rafael Alcalá, Por el quicio del viento

LO BREVE SI BUENO…

José Cenizo Jiménez

            Rafael Alcalá (Málaga, 1943), autor de más de veinte libros de poesía (Premio Barro 1992, entre otros), narrativa, ensayo e investigación, publicó  Las otras caras de la moneda, conjunto de microrrelatos, hace poco, que se abría con una cita anónima: “Nada es lo que parece, sino lo que es”. Mientras otras veces había optado por un enfoque más realista, crítico asimismo, ahora buscaba más allá de lo aparente.

            Y en esa línea hay que situar su último libro, Por el quicio del viento, que se lee literalmente de un tirón porque en sus cincuenta y siete páginas hay setenta enunciados, a modo de greguerías, que ocupan cada una de ellas una sola línea, un reto del escritor, que no sitúa los puntos finales como queriendo darnos a entender una continuidad sugerente.

            Manuel Varo hace la introducción, apuntando que la greguería es “como un destello en mitad de la noche más oscura” y señalando como cualidades del libro la unión de contenida poesía, una pizca de ironía, un pellizco de ambigüedad, los dobles sentidos, “para recrear lo esperado con sorprendente desenlace”. Termina afirmando que reflejan estas greguerías “un mundo muy personal, donde la inocencia, la ilusión, el juego, la aventura y el placer de regresar a la infancia están muy presentes”.

            De todo ello hay en este deleitoso muestrario. No falta el toque social y de denuncia, con contundencia: “El político planta mentiras; el labrador cosecha sudores”.  El efecto surrealista: “Han sido detenidos los círculos y los cuadrados por escándalo y agresiones”. Alguna es inquietante: “No chupaba paloduz, sino su propia sangre. Nuevo tema que investigar”. Con esta hipérbole tenemos el tiempo como fondo: “Tenía 3500 relojes. Su obsesión era controlar el tiempo y no envejecer”. El lirismo: “Las secuoyas son las primeras criaturas que peinan el alba”. Pero queremos destacar el humor, que salta a menudo: “Rechazó un trabajo multimillonario. En Siberia no hacían churros”, “Charles tomó el té a las 6 y no a las 5. Inglaterra lo deportó por rebeldía”.

            Atractiva mezcla de temas, de recursos y de enfoques para dejar patente la búsqueda del fondo de las cosas. Libro donde lo breve, si bueno, que lo es, ya se sabe…

Rafael Alcalá, Por el quicio del viento, Málaga, Amazon-KPD, 2021

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