POESÍA DE LA DISIDENCIA EN LA OBRA DE F. MORALES LOMAS

POESÍA DE LA DISIDENCIA EN LA OBRA DE F. MORALES LOMAS

Jose Sarria
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POESÍA DE LA DISIDENCIA EN LA OBRA DE F. MORALES LOMAS

Por José Sarria.

“La paradoja del caminante. Poesía reunida, 1981-2021”
F. Morales Lomas.
Diputación Provincial de Jaén, 2022.

La Diputación de Jaén ha publicado “La paradoja del caminante. Poesía reunida, 1981-2021” que recoge, en sus casi ochocientas páginas, la obra lírica completa de Francisco Morales Lomas, compuesta de diecisiete libros de poesía, editados e inéditos, escritos a lo largo de cuarenta frondosos años que componen una hialina obra bajo la decidida vocación de un Humanismo Solidario que esencializa la propuesta general del poeta.

Tal y como señala el autor en la poética con que se abre el texto: “La poesía de Morales Lomas nace de la conciencia de la palabra y de la emoción discursiva en su neorromanticismo cívico, con el hondo magma del Humanismo Solidario como guía, para satisfacer la empatía del lector”.

POESÍA DE LA DISIDENCIA EN LA OBRA DE F. MORALES LOMASDe alguna manera, toda su obra se eleva como pacífica rebelión contenida en sus propuestas poéticas, y allí es posible asistir a la interpretación lírica del mundo, pero de otra manera. Con Machado, como referente esencial, bajo la apelación permanente a ese nosotros comunitario que emerge en el discurso del maestro sevillano, los textos del jiennense se cimentan y fluyen desde tres elementos constitutivos sustanciales: contemplación, tal y como manifestara la escritora austríaca Ilse Aichinger: “El mundo es de la materia que exige contemplación”, reflexión y rebelión, que transitan a lo largo de su obra y que, en palabras del crítico literario Albert Torés: “se fundamentaría sobre estos planos básicos: el del conocimiento de la realidad y el modo de interpretarla o transformarla. Además, desarrolla un conflicto entre la sensibilidad y la expresión que aquí indaga claramente sobre la vida, sobre lo que mancomuna a los hombres”.

Y esa deconstrucción del mundo inmediato servirá al poeta para adentrase en un espacio simbólico, metafórico, a veces onírico, desde el que expresar su escepticismo frente a la realidad, que se dogmatiza con nombres y denominaciones generalmente indubitadas, enarbolando una inalterable poética, inconformista, insumisa y comprometida con la palabra exacta, adecuada, y con la vida: “haber estado siempre en el mismo sitio y encuadrado en la disidencia, que es la mejor forma de resistir, pero sobre todo la mejor forma de ser consecuente con uno mismo …/… coherente con su propio pensamiento y su propia vida”, dirá Morales Lomas.

La presencia  de lo arrebatado, de lo aniquilado y la responsabilidad social conforman el magma creativo en la poesía de nuestro escritor, elevando un estandarte contra el olvido, contra la conformidad, una insurrección contra la dejación y la amnesia social, bajo la imperiosa necesidad del encuentro con los otros que se hacen presentes en sus acendradas propuestas líricas, tal y como ha señalado el autor: “Los otros existen y mis poemarios miran a todos. Se produce un encuentro entre el yo poético y el nosotros”.

Decía Hölderlin que “lo permanente lo instauran los poetas”, constituyéndose la poesía como la más elevada de las expresiones literarias, cuya fuerza generatriz puede coadyuvar a la consolidación de un luminoso horizonte, de un nuevo mundo. Y así lo ha entendido Morales Lomas a lo largo de su prolija y dilatada obra lírica, pues el suyo se eleva como un discurso incardinado en un espacio público desde donde participar, con la palabra precisa, meditada, de un proyecto de emancipación humana destinado a constituir la identidad de un sujeto incardinado en la historia, esencia y ser de ese Humanismo Solidario del que venimos hablando y que se sustancia en la decidida vocación por contribuir al establecimiento de una fundante subjetividad y a la constitución de un germinativo sentimiento, encaminados a la reconquista del ser en un tiempo tan extraño como el que nos ha tocado vivir.

Francisco Morales Lomas piensa y cree, firmemente, fraternalmente, que además de alimento, de materia, la humanidad necesita necesariamente de la palabra, del alimento poético, tal y como sostuvo Shelley en su “Defensa de la Poesía”, al igual que lo reafirmó Federico García Lorca en el discurso que pronunciaba en Fuentevaqueros, con motivo de la inauguración de la biblioteca de su pueblo natal: “No solo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro”.

Y he aquí “La paradoja del caminante”: este es el libro, este es el alimento, este es el poeta.

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