MI ABUELO SE ADELANTÓ A FRANZ KAFKA

MI ABUELO SE ADELANTÓ A FRANZ KAFKA

Antonio Costa Gómez
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MI ABUELO SE ADELANTÓ A FRANZ KAFKA

   Kafka, que lleva cien años muerto y vivo, hablaba de como los poderes inasequibles aplastan al individuo. A la persona concreta y candente y angustiada. Y desprotegida contra la Razón Absurda.

    Te sacan de la cama una mañana y te someten a un proceso sin fin sin decirte de qué te acusan,y al final te liquidan en las afueras como un perro. Te contrata el Castillo como agrimensor pero luego no se comunica contigo y te deja solo vagando entre funcionarios. Un día te convierten en un insecto y te ves encerrado en ese cuerpo extraño.

   Mi abuelo hablaba de lo mismo. Escribía principios del siglo XX, en la misma época que Kafka y publicó varios libros en la editorial Ramón Sopena. En la novela “La risa de Dios” una mujer sufre desgracia tras desgracia, pierde a su marido, enferma, pierde a su hijo. Sucumbe abandonada entre la belleza de la Costa Brava. Y al final un personaje dice: “Dios se ríe de nosotros, somos el motivo para la risa de Dios”.

   Tiempo después Milan Kundera publicó la novela “La risa de Dios” y se comentó mucho, la gente filosofó sobre ella. Pero mi abuelo ya había publicado una novela con ese título muchos años antes. También Unamuno dijo, citando a Homero, que los dioses nos provocan males para tener algo que contarse entre ellos.  Unamuno era otro al que le dolía el hombre concreto y angustiado, perdido entre razones abstractas.

   No crean, mi abuelo tenía cierta conexión con la cultura centtroueropea. Fue  de los primeros que cita a Nietzsche en España. Mi abuelo fue muy despistado en muchas cosas, tenía un estilo muy retórico y decimonónico, despreció a Valle Inclán. Pero tenía a veces ocurrencias geniales. Y levantó en Chantada una especie de Castillo Interior lleno de antigüedades y obras de arte. Con armaduras, tapices, cuadros impresionistas, Llegué a apreciarlo en mi infancia, me daba miedo y me fascinaba. Era lo contrario del castillo de Kafka, invitaba a mucha gente. Se parecía más al  castillo interior de Santa Teresa.

    Mi abuelo, como Kafka, también se enfrentó a su padre (y después mi padre a él, y después yo a mi padre).  Mi abuelo (Kafka lo hizo en su imaginación, en su novela “El fogonero”, pero mi abuelo lo hizo de verdad) también escapó a América para buscar oportunidades y dinamismo. “La sugestión de América” y “Las fraguas de la fortuna” equivalen a “América” de Kafka (o “El desaparecido”, como el escritor quiso titularla).

   Pero incluso en América el héroe de Kafka se pierde en el barco, se pierde en la mansión, se pierde en el circo. Mi abuelo se perdió en dificultades, pero luchó con tesón contra ellas. Y en Buenos Aires fundó periódicos y fundó asociaciones de gallegos.

    Para los dos América fue  la oportunidad, la tierra nueva sin tantas burocracias, el estímulo a la vida.

    De modo que mi abuelo fue Kafka hace un siglo. Y Kafka durmió en la casa de mi abuelo en Chantada, en la provincia de Lugo.

   También a mi abuelo  le dolía la persona indefensa y protegía a artistas, como el joven catalán Juan Ardit. Fundó el periódico “El Regionalista” para oponerse a la arbitrariedad de los caciques.

    Cuando ganó Franco y estaba CNS, Confederación Nacional Sindicalista, mi abuelo interpretaba las siglas a su manera: “Comemos Nosotros Solos”.

    Mi abuelo era Kafka y Kafka era mi abuelo. Y le gustaba disfrutar, como a Kafka cuando le pidió a su tío materno, que trabajaba en los ferrocarriles de Madrid, que lo llevara como empleado. Seguramente pensaba en comer cocido madrileño.

    O en admirar a las madrileñas, que se ponen a veces tan coquetas, cuando suben a los trenes.

    Por eso mi abuelo decía a los setenta años, cuando se había retirado a su pueblo en Galicia: ”Yo, a mi edad, mucha coña, poco coño y un poquito de coñac”.

    El otro Kafka, el de Praga, también tenía sus toques de humor. Lo tenía a menudo en sus obras, aunque no lo señalen, y también cuando hablaba con su hermana Otla o cuando le escribía a sus novias.

    Y mi abuelo, el Kafka de Lugo, que se quejaba de los poderes que nos manosean y se burlan de nosotros, también usaba a veces el humor para resistir. Y el coñac y las fantasías.

   De joven colaboraba en la revista “Vida galante”, que dirigía el escritor erótico Antonio de Hoyos y Vinet (tan reivindicado por Prada y Pedro Gimferrer). Y en un texto le pregunta una mujer ¿Me quieres? El responde: Claro que sí. La mujer pregunta: ¿Y si hay lluvia de mujeres? Él contesta: Si hay lluvia de mujeres, no llevaré paraguas.

    (Con permiso de los meapilas actuales con los genitales de hierro).

ANTONIO COSTA GÓMEZ

FOTO: CONSUELO DE ARCO

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