‘Mank’ revela, por fin, que Orson Welles no escribió ni una línea del guión de ‘Ciudadano Kane’

‘Mank’ revela, por fin, que Orson Welles no escribió ni una línea del guión de ‘Ciudadano Kane’

‘Mank’ revela, por fin, que Orson Welles no escribió ni una línea del guión de ‘Ciudadano Kane’

  • “Uno de los grandes temas de ‘Mank’ es la traición que muchos grandes escritores cometen para dar verdadera enjundia a sus obras”
  • “La película de David Fincher nos descubre que el film que ha estado décadas en el puesto número uno de las mejores películas de todos los tiempos no fue escrita por su famoso director. Casi nada”
  • “El valor principal de ‘Mank’ es su preciosa defensa del oficio de escribir y su arrojo para cuestionar un mito, la leyenda del genial e imaginativo Orson Welles”

Por Iván Reguera

En cuartopoder no solo vamos a recomendar a los amantes del cine que vean Mank, de David Fincher (está en Netflix), además les recomendamos que después de verla lean el riguroso y brillante libro de la famosa crítica de cine Pauline Kael titulado El libro de Ciudadano Kane (Cult Book). Este ensayo montó un gran revuelo en su día porque afirma que en la concepción del guión de Ciudadano Kane nunca participó Orson Welles, entonces el niño mimado de Hollywood, un ególatra que solo tenía 24 años.

Mank (con guión de Jack Fincher, padre de David Fincher, fallecido en 2003) es una rareza porque su protagonista es esa figura que a nadie le suele interesar y es tan medular como un arquitecto para un edificio: el guionista. En este caso Herman Mankiewicz, verdadero y único autor del guión del célebre clásico de cine Ciudadano Kane.

Mankiewicz fue un tipo que se codeó con la realeza de Hollywood y uno de los escritores mejor pagados del mundo, con contratos impensables para cualquiera de sus colegas. Detestaba, eso sí, a los republicanos y tenía fe en el proyecto del novelista y candidato socialista Upton Sinclair: un ambicioso programa para California en el que el Gobierno contrataría a parados para trabajar en granjas y fábricas que funcionarían como cooperativas autosuficientes dirigidas por los trabajadores. Sinclair también propuso un primer impuesto con el que los más ricos pagarían hasta un 30% de sus ingresos. Por supuesto, el sueño fue boicoteado por el establishment republicano y demócrata (hasta Theodore Roosevelt lo rechazó) y por un Hollywood que años más tarde emprendería su demencial caza de rojos.

Uno de los grandes temas de Mank es la traición que muchos grandes escritores cometen para dar verdadera enjundia a sus obras. Fue el caso de Mankiewicz, íntimo de Marion Davies y su pareja y protector, el magnate William Randolph Hearst. El borracho, apostador y cáustico Mank solía amenizar las famosas fiestas de la no menos famosa mansión de San Simeón, por la que también pasaron magnates del Hollywood como Irving Thalberg o Louis B. Mayer.

El admirado y casi adorado Thanlberg, que inspiró la novela inacabada El último magnate, de Scott Fitzgerald, fue en realidad un pijo mimado por el estudio que despreciaba el trabajo de guionistas como Mankiewicz. Así lo explica Pauline Kael en El libro de Ciudadano Kane: “Thalberg racionalizó el sistema de Mayer de poner a trabajar simultáneamente a grupos de guionistas de forma sucesiva y en el mismo proyecto. No era otra cosa que usar a escritores como piezas de una línea de montaje que los alienaba por completo y les quitaba sus últimos vestigios de dignidad y amor propio”.

Pero en Mank se denuncia algo más grave: la miseria moral de otro santo del cine norteamericano: Orson Welles. Mundialmente famoso por el escándalo que montó con la retransmisión radiofónica de La guerra de los mundos (miles de oyentes pensaron que la emisión de la invasión extraterrestre era real), Welles se presentó en Hollywood como un niño prodigio, un Mozart del cine al que todo el mundo quería conocer. Pero ni Ciudadano Kane fue su primer proyecto (fue El corazón de las tinieblas, película cancelada por sus disparatados costes), ni Hollywood lo trató con respeto (era un intruso que no tenía ni idea de escribir y rodar cine), ni participó en la escritura de Ciudadano Kane.

En Mank, Orson Welles es un personaje ausente, un ajetreado megalómano que solo se relaciona con Mankiewicz por teléfono hasta que por fin lo visita y suelta su famosa furia juvenil cuando el creador del guión (que entonces se titulaba American) le dice que quiere aparecer en los créditos. Iracundo y violento, Welles acabó aceptando y ganando el Oscar de forma totalmente injusta e inmerecida.

Por eso Mank es una película importante. Porque no solo está magníficamente producida y bien rodada, además reescribe la historia oficial del cine de forma valiente, como valeroso fue el ensayo de Pauline Kael. En él, la crítica de cine apuntó que para escribir Ciudadano Kane Mankiewicz pudo inspirarse en la película Poder y gloria, escrita por su amigo de juergas Preston Sturges. El film es la narración de la vida de un magnate tras haber fallecido.

Kael también denunció que Rita Alexander (apellido que Mank puso a la protagonista de Ciudadano Kane) escribió al dictado del escritor todo el guión de la película, desde el primer párrafo hasta el último. Cada secuencia, cada diálogo. Y también que lo entregó en el estudio y que lo supervisó hasta terminar todo el rodaje. Alexander dijo categóricamente que Orson Welles no escribió ni dicto ni una sola línea del guión.

Y remata Kael: “Mankiewicz acostumbraba a guardar todos los borradores y le encantaba verse en líos. Le sobraban pruebas de que era el único autor de Ciudadano Kane y las llevo ante el Sceen Writers Guild armando tal escándalo que Welles tuvo forzosamente que acceder a compartir el crédito, apareciendo segundo en los títulos de la película en lo que concierne al guión”. De hecho, el Hollywood Reporter eliminó a Welles de los créditos del guión al hablar de la película y el famoso maestro de guionistas Ben Hecht declaró a la prensa: “Esta película no fue escrita por Orson Welles, sino por Herman Mankiewicz”.

Como apuntó la famosa crítica de cine, el fatuo Welles se sintió tremendamente frustrado y cabreado por no poder poner en los créditos de su debut en Hollywood “Una película escrita, dirigida y protagonizada por Orson Welles”. De hecho, y esto aparece en Mank, Welles intentó comprar con 10.000 dólares a Mankiewicz para que el verdadero autor del guión no apareciese en los créditos. Algo realmente mezquino.

Mank es un trabajo cuidado y brillante. El guión de Jack Fincher, estructurado en saltos en el tiempo como Ciudadano Kane, está muy trabajado, al igual que sus estupendos diálogos. También el trabajo de Erik Messerschmidt en la dirección de fotografía es loable y la música de Trent Reznor y Atticus Ross perfecta para lo que se nos cuenta.

El libro de Pauline Kae
El libro de Pauline Kael. / Cult Book

Estamos ante cine adulto, ambicioso y caro, un cine que solo Fincher y Netflix pueden levantar. Mank es una película que habla del poder en Hollywood, de la egolatría y de sentirse orgulloso de una obra literaria que puede redimirte, como le pasó a Mankiewicz con su guión de Ciudadano Kane. Y también sobre la traición. Porque Mank es la historia de un escritor a sueldo que, sin proponérselo, logra su obra maestra y la gloria académica traicionando la intimidad de una buena amiga.

Lo peor: que quiere contar demasiado, es excesivamente ambiciosa. También que muchos de los conocidos personajes que pululan en la trama pueden pasar desapercibidos por estar indebidamente presentados o desarrollados. Es el caso de famosas personalidades como David O. Selznick, Darryl F. Zanuck, Charles MacArthur, Ben Hecht, Cedric Gibbons o Upton Sinclair.

Mank tampoco es una película que asombre en cuanto a su dirección. Ejemplo de ello son esas falsas marcas de cambio de rollo metidas en montaje que hacen que la película sea más una imitación que una búsqueda narrativa genuina por parte de Fincher, que ha rodado una película en blanco y negro “a la menara de” pero demasiado digital.

Además, Mank es demasiado intelectual, tan intelectual como Ciudadano Kane, un film desmedidamente cerebral. Porque el último Fincher informa, pero no emociona, es una película tan explicativa como glacial. Y aunque no es mi caso, porque me chiflan las películas que habla de la creación de películas, entiendo que a muchos espectadores les llegue incluso a aburrir.

Lo mejor: la historia que cuenta, sus estupendos diálogos (glorioso cuando Mayer define la filosofía de Metro-Goldwyn-Mayer caminando por los pasillos del estudio), su revelación sobre la verdadera autoría del guión de Ciudadano Kane y todo el reparto, en especial Gary Oldman como Mank y Tom Burke como Orson Welles.

El valor principal de Mank es su preciosa defensa del oficio de escribir y su arrojo para cuestionar un mito, la leyenda del genial e imaginativo Orson Welles. Mank nos descubre que el film que ha estado décadas en el puesto número uno de las mejores películas de todos los tiempos no fue escrita por su famoso director. Casi nada.

 

‘Mank’ revela, por fin, que Orson Welles no escribió ni una línea del guión de ‘Ciudadano Kane’

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