Luis Gilberto Caraballo

Luis Gilberto Caraballo

Luis Gilberto Caraballo es un poeta y artista plástico con más de tres décadas de trayectoria. Entre sus  poemarios  publicados están Encuentros con el Sur (Venezuela, 2007), El árbol de las casas vacías (España, 2008), Los caminos del tiempo (España, 2009), Poemas de números y series infinitas (Portugal, 2012),  Arpa Invisible (Letras Salvajes, Puerto Rico, 2020); Es tiempo de volver destellos de un regreso (Del Sur a Sur Editores, España, 2021) y La Gruta del Ávila (Letras Salvajes, 2021). Su libro Celajes de noche salió en febrero de 2022. Y sus libros Rafagas y Poemas, retazos y mares de un poema salieron en Venezuela a finales de ese año.

La poesía de Luis Gilberto Caraballo ha motivado el estudio de ella por parte de la intelectual puertorriqueña, Díana Guemárez Cruz quien ha publicado ensayos y reseñas sobre esta en revistas del calibre de Cruce (PR), Revista Literaria Taler Igitur (México) , Gambito de papel (Argentina), De Sur a Sur, revista de letras, Poemame (España), CHPP (Chile Pais de poetas), Sapiencia (PR) y Revista Alhucema (España)El hecho de que todos los artículos, ensayos y prólogos de la doctora Guemárez Cruz se hayan publicado o estén en vías de publicación, es un reconocimiento no sólo a la labor erudita de esta estudiosa, sino además, un gran reconocimiento al valor, la importancia y la altura de la poesía de este poeta venezolano. La doctora Guemarez Cruz publicó en junio de este año un amplio estudio sobre esta obra poética, La música callada, la soledad: la poesía de lo inefable de Luis Gilberto Caraballo bajo el importante sello editorial, Grupo Ígneo. Todo esto es el tributo a una obra poética de casi cuatro décadas de un poeta venezolano con preocupaciones universales.

Notas a tomar en cuenta

Un frasco de agua bendita ayuda, en un cosmos trasegado.
Tener a la mano una libreta, aún con hojas en blanco.
Llevar consigo un lápiz con cierta inteligencia espejan.
Tener consigo la claridad de la noche, ver llegar el alba.
Sustentar el manto titilante de un náufrago.
Tener en su haber el relámpago rasga la sien y embiste las vísceras.
Llevar pies descalzos, toparse con piedras y saldar heridas en los versos.
Abrir entre labios, exhalar esperanza, abrigar las siluetas de las nubes.
Albergar en el océano el silencio.
Tener en el morral gasas y vendajes auxilian las heridas que deja
el alumbramiento del verso.
Tener un repositorio, dramamina celestial para el abordaje a altamar.
Haber tocado la lluvia a secas.
Quizás a estas horas falten muchas otras, objetos,
al menos llevo un botiquín para emprender.
Olvidé mencionar hierba para buscar las respuestas incompletas.
Y un frasco de colonia ayuda en la lumbre de los sueños.
Un beso tibio de algún astro nos guía antes del viaje.
Llevar el intermedio de un sueño para beber imágenes.

El paso sediento

La mano desliza
con la noche
sobre dos puntos
ínfimos el ojal, teje
el tiempo.
L.G.C

La inquietante línea
suspendida de
dos adverbios como cuerda fulgurante
elevada en su dolor exigua,
puntea estrellas en el norte.
Amanece en su otro extremo
en menoscabo
la ilusoria curva,
cavila dibuja en silencio
su abismo de guitarra melindrosa.

Hay varios ojos
en la punta de la lengua
como inequidades
en los labios y un rótulo.

El arco del violín,
toca el vals con ternura.
En la corola, la orquídea
oye el agua su atardecer
redondea la memoria
cava su lápida.
Lagrimea
el cenáculo arbóreo de los cipreses llorones
decapitan nubes albinas.
Al sorber entre dos puntos
la circunvalación de lo inalcanzable se vuelve infinito.

La triste dama pasea la calle
camina con sombra en el rostro
la guarda en la tinaja,
gotea dos sombras un antes y un después
despeina aromas.

El reloj deambula por el boulevard de la ciudad asoleada
lleva urgencia en los bolsillos, una ambulancia
en la harapienta tienda de una esquina enclavada en el corazón
se honra entre memoria y olvido,
como dos puntos al crepúsculo ígneo.

La ventana dibuja el paso del día entre rendijas
la memoria atribulada en soledad lleva,
deja caer su sed abriga recuerdos del olvido y el silencio último.
Las horas dormitan entre dos puntos, dos puertas
en lejanía colgadas de estrellas.

Me conmueve

Me conmueve el paso del poeta,
al hilar el reverso de las sílabas.

Me conmueve el amor
indolente la voz, voz tránsfuga de una piedra.

Me conmueve el almíbar en la cicatriz del exilio,
el soñador de mundos y cárceles solitarias,
el espíritu del ser incierto.
Intentar el corazón tocar la noche vestida de dama blanca
enhebrar su exhalación, su voz trasegada.

Me conmueve la lluvia tórrida impertérrita piel nocturna,
soledad, carencias,
al gotear huérfana en ventanas, tierra,
yerbas crecen, al elevarse
como bailarinas secretas y alzar templo.

Me conmueve los faros incandescentes bordan
navíos, sublimes de esperanza riscos.
Lo insalvable del mundo, con la boca desnuda.
Lo insólito de habitar una palabra cálida del harapiento.

Me conmueve el amor del iris en el tranvía
luz enceguece la iluminación.
Hay un puente en el océano del túnel
al final,
y mientras tanto renegamos, soñamos posponer la muerte.

Me conmueve el deseo de alzar el óbice
del verso en tempestad, su voz,
amar el ojal del oleaje
la nieve tímida, la ventisca íntima
la luz en grietas cuando acaricia la intemperie.

Me conmueve el soñador de puertos hogaño
capaz de encender la miseria
y hacerle un poema a la vida.

Me conmueve el amor, la vida del poeta,
la flor al desprender pétalos rojos durmientes
y aromas enceguecer el alma.
Pasar por una plaza
mirar en los ojos calles visitantes
los versos de la noche.
Abrir el paso
y nos ilumine el viaje
el mundo fulgente.

 

Me he contenido

“La mano inexorable del tiempo
desfigura suntuosos monumentos
y desploma las torres, ayer altivas,
y desluce los bronces, sus esclavos mortales”.

William Shakespeare

Me he contenido,
espirales
elaboran partitura entre brasas y el hilo colgado del susurro
sinfonía del poema al claro oscuro.
Un alumbramiento en la boca el carrusel gira,
encuentra la piel ceniza,
poros, voces esculpen máscaras del relámpago.
El ímpetu ígneo, en las comisuras del viaje,
ojos como vitrales en ventanal de iglesia
reposan tras, cívicas entelequias,
sonrisas quietas
entretejida la noche respira el sudario de la hierba duerme
en el cielo hay un vals de silencios.

Hay algo de mí en tu desierto

Será que en los desiertos
llueve,
aunque nadie los ame,
por sus aguas.
En ellos
se ven lagunas
como sueños. Por los caminos
interpretan
danzas, cantos eólicos.

Dejan un baldío
espacio,
lleno de misterio.

Se ve su reflejo en el anhelo.

Esas visiones provocadas.
Será, ¿Qué será negar del agua,
por abundancia de mar?.

Y verla en sueños
en el devenir mágica
levanta caravanas, y acuesta
el sueño y lamento.
Lo hace sentir, desierto,
intransitable, evocativo.

Y desde mi ventana,
con el estanque al lado
sentirlo vacío,
en la aridez sus danzas
a la espera de la lluvia.

Las nubes hablen de ti y derramen besos
sobre tu desierto y el agua huya
entre las arenas cálidas.
Entre sueños de lluvias,
y las flores abran la piedra
erosiva, levanten aromas.

Y ahora sé,
mi mar y tu desierto son míos,
solo espero la lluvia,
gotas.

Y extraño las arenas y los ovalados silencios,
cuando navego
el oleaje remoto, cuando
me elevo en la tormenta,
y el horizonte llama
se me hace cinéticos
los recuerdos de tus ojos,
ven partir a las gaviotas.

Escuchan la lluvia
y huyen a morar su tierra,
tu desierto.

Ahora sé,
las estrellas
son ajenas tras las nubes,
y solo se alza
la proa.

Para verte morir en el recuerdo
de no saber
de la tuna
de mis sueños
y de las caravanas levantadas del desierto
¡Cuánto te añoro!.

Tu aridez en la tempestad
en el sendero,
del cual me hago
del cual nazco
cada minuto.

Y trago
el mar, lo bebo
hasta ahogarme.

De mi poemario Ráfagas, publicado por la Editorial Tierra Árida de Venezuela, 2022.

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Amos Rostras
Amos Rostras
1 month ago

Se apreciaría mucho mejor si hubiese una clara separación de lo poemas

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