Las Escaleras Conectan Mundos, Decía Cirlot

Las Escaleras Conectan Mundos, Decía Cirlot

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Las Escaleras Conectan Mundos, Decía Cirlot

    Las escaleras conectan mundos, planos del ser, situaciones, niveles. La vida es un subir y bajar escaleras. La propia música se basa en una escalera de tonos, en mezclar altos y bajos, y la vida es como la música. Por eso también es lo pasajero, lo que no encierra la casa, lo que excluimos de nuestro límite.

    La escalera más antigua del mundo la vi en Jericó, la ciudad más antigua. Era algo tan sencillo y tan mágico. El que inventó la escalera inventó tanto como el fuego.  En “Bomarzo” de Mújica Laínez hay un pasaje memorable en que la duquesa Orsini se muestra a todos desde lo alto de las escaleras y baja con todo su esplendor.

     En  “Historia de una escalera” de Antonio Buero Vallejo los personajes llevan su vida frustrada, sus amores y sus decepciones, sus ideales y sus renuncias, en la sencillez de la escalera que conecta a los vecinos.

      En el “Cántico espiritual” de San Juan de la Cruz el alma sale de su encierro y sube hasta su amado “por la secreta escala disfrazada”, sin que nadie la estorbe.

    La escalera se presta a encuentros fugaces y nostálgicos, como cuenta Konstantino Kavafis: “Bajando por aquella escalera,/junto a la puerta nos encontramos./Yo me oculté en las sombras  /y pasaste rápido alejándote./Y sin embargo el amor que deseabas yo lo tenía para dártelo, /el amor que yo deseaba tus ojos me lo ofrecían”.

     Giovanni Papini atormentado y confuso como un Unamuno frustrado habla en “ La escala de Jacob” de una iluminación ardiente e imposible.

      “De las innumerables escaleras/ que suben a mi corazón/ tú subiste solo dos o tres” dice Akiko Yosano, la poeta de la pasión, en “Pelo revuelto”. Hace falta pasión para recorrer escaleras.

       William Butler Yeats en “La escalera de caracol” sugiere una escalera que sube hasta la luna, donde no llega la sangre: “Pero ninguna mancha/ puede llegar al rostro de la Luna/ cuando desde una nube ha mirado gloriosa

      De modo similar Jorge Luis Borges encuentra “El Aleph”, el símbolo de la vivencia absoluta, en una esquina de una escalera de Buenos Aires.

      El arquitecto Piranesi en el siglo XVIII inventó montones de edificios que se basaban en vértigos de pisos y escaleras. Y Thomas de Quincey en sus “Confesiones de un opiómano” tenía pesadillas en las que se veía perdido en esas escaleras.

   Era más vitalista Antonio Machado cuando pedía una escalera para subir a la cruz y desclavar a Jesús porque le angustiaba esa religión del sufrimiento.

        Hermann Hesse en “El lobo estepario” habla de encuentros casuales en las escaleras, el lobo solitario también tenía que recorrerlas para conectar con la vida.

      Juan Eduardo Cirlot en el “Diccionario de símbolos” repasa los significados de la escalera, comunicación entre distintos niveles, subida hacia el espíritu en las pirámides, unión entre los mundos, escala de las virtudes.

    Juan Luis Panero en “Enigmas y despedidas” ve una escalera en Viena y no la sube y luego sueña que ha muerto en esa casa que es para él lo desconocido y lo descartado y la muerte.

      Washington Irving en su “Vida de Mahoma” novela la creencia musulmana en que el profeta subió al cielo en una escalera desde la explanada de las mezquitas en Jerusalén y la propia roca quería subir con él y tuvo que detenerla.

       En el “Zohar (Libro del Esplendor)”, la obra principal de la Cábala, se sube por una escalera de diez Sephirot (atributos de Dios) hasta la Esencia Divina. Y Baal Ha Sulam, un comentarista, escribe: “Si posees un desván lleno de abundancia lo único que necesitas es una escalera”.

      Georg Trakl en “Metamorfosis del mal” habla del extraño detenido en la ruinosa escalera de la casa de sus antepasados (según Mircea Eliade algunas culturas creen que la escalera simboliza la unión con los antepasados).

    Pero la escalera también puede ser la amenaza, el modo de asaltar una fortaleza. Francisco de Quevedo dice que la muerte asalta nuestro ser como un enemigo imbatible: “Ya cuelgan de mi muro tus escalas”.

      El mejicano José Alvarado escribió el ensayo “Las escaleras” sin usar la palabra “que” : “Casi todas las escaleras tristes son de madera, gimen bajo el peso de los seres. Casi todas las bellas, en cambio, son de piedra y alcanzan un préstamo romántico”.

    Para Julien Green en su “Diario” la escalera va asociada al miedo, a cambios en el ser, de niño soñaba que lo perseguían por una escalera, es un rito de paso, es convertirse en otro. En su novela “Adriana Mesurat” la protagonista empuja a su padre por las escaleras.

     Se dice que los gallegos en una escalera no se sabe si subimos o bajamos. Qué coño, subimos y bajamos, qué manía con los simplismos y las definiciones, estamos en tránsito, nos movemos, superamos los contrastes, estamos en otra cosa, tenemos saudade (que no morriña).

 

Las Escaleras Conectan Mundos, Decía Cirlot

ANTONIO COSTA GÓMEZ, ESCRITOR

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