La piel del cielo

La piel del cielo

Francisco Velez Nieto
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La piel del cielo 

Por Francisco Vélez Nieto

Elena Poniatowska. La piel del cielo

 Quisiera haber sido más libre, haberme aventurado más a cosas a las que jamás me aventuré por mi formación tan católica, tan religiosa… les pido perdón a todos los amantes que no tuve”

                                                   E. P.

 Entre la magia de las estrellas, la realidad más  condiciones geográficas de la sociedad mexicana transcurre la existencia creativa de Elena  Poniatowska  Premio Cervantes 2013, siendo ya en 2001  ganadora del Alfaguara con su novela La piel del Cielo. Una historia apasionante, mágica que se desliza poreseMéxicoinmensode desbordantes contrastes de riquísima abundancia capaz de cautivar a la más exigente imaginación humana, con tristeza sumando la dolorosa cifra de cuarenta millones de mal alimentados viviendo en la miseria, presidentes que no envidian los grabados goyescos en su so­ciedad, aunque lleven  vaqueros con estampas zapatistas como polvorín de incalculables explosiones ante los oídos sordos de los poderes corrompidos. “Porque  este es un país –señala Poniatowska- difícil en el que ocurren muchas cosas terroríficas que te marcan,  entristecen y te quitan el sueño”

La piel del cielo Así es la tierra desde donde esta escrito­ra mejicana de origen polaco (nació en París y vive en México desde 1942) ha situado su arte de crear literatura con La piel del cielo, ganadora del IV Premio Alfaguara de Novela. La lectura de esta obra me per­mite considerarla la mejor de los premios fallados  hasta la fecha,  lo que obliga a tener muy en cuenta que una gran novela de este nivel quedará para siempre en el listado de las buenas obras digna de sustanciosos  premios, aunque, sin ellos también lograría el éxito. Ya que una cosa es la carrera editorial que se vive y comer­cia, lógico, y otra el contenido literario con el que alcanzar la deseada gloria. Pues no se debe obviar el aluvión masivo en el mundo de la literatura y el periodismo de columna, que sufre nuestra inma­culada  patria.

 De aquí no restar nada en absoluto calidad a la novela sobre la que escribo esta crónica remetiendo como frase de salida lo que otros críticos vienen utilizado: “Mamá, ¿allá atrás se acaba el mundo?” Es la pre­gunta clave de la primera línea de la historia que sirve para comprender  todo el desarrollo de su contenido por medio del principal personaje. Un hombre que vive o mejor dicho se desvi­ve entre la realidad miserable de un país rico muestra real de una extensa di­versidad cultural, pero bajo el maleficio de pésimos gobernantes. Y a esta soñadora madre pregunta del hijo, y ella  responde: “No, no se acaba.Te voy a llevar más lejos de lo que se ve a simple vista”. Y desde ese mundo campesino y pobre una mujer acude a la fabulación para distraer la penuria de sus vástagos  para quienes su padre es un ser extraño y distanciado, esclavo de sus propias circunstancias de clase, que únicamente ha buscado una parada y fonda intermitente para sus apetitos corporales.

Mas no cae la narración en el típico serial, sino que nos cuenta una historia tierna y humana,quebrantada  con el fallecimiento de la madre lo que obliga  a Elena los cuatro hijos a trasladarse a la gran ciudad bajo la protección de la familia del padre. Aquél campo lleno de contrastes va quedando lejos, pero no así los recuerdos y esa sensibilidad que la naturaleza dota al ser humano en su lucha por la vida desde otras perspectivas a las urbanas. La personalidad de aquella mujer, su manera de enfrentarse a las circunstancias sin desfallecimiento, será nostalgia constante, permanente, en el primer protago­nista, espíritu inconformista y rebelde cuya pasión por la vida es la astronomía frente a la descarnada realidad de su patria.

 Ficción compuesta de una precisa e significativa parte histórica auténtica que nos lleva a conocer através del tiempo un México diverso, envolvente y con­tradictorio, sus poderes, las grandes oligarquías y la miseria de una población que ha visto traicionada  sus ideas revolucionarias. Porque se repite la historia: los hijos de la revolución son tras un periodo de tiempo devorados por ella misma, por un poder distinto y confabulado que lo domina todo sepultando en el olvido los más ele­mentales principios básicos de las ideas con las que el pueblo los llevó al poder (La España de los últimos años es un claro espejo). Y en ese desfile histórico igualmente queda un lugar para los exilia­dos españoles de la II República, el agradecimiento del país a su aportación científica y cultural para la sociedad mexicana.

Lorenzo, su principal protagonista, investiga­dor exigente y portentoso científico del universo de las estrellas, cuando baja con su mirada del cielo para descansar e n la tierra, se encuentra con al injusticia y la calamidad de los sistemas estable­cidos y el poder de una administración corrompida confabulada con la oligarquía y no menos con la droga. Espléndido y crítico retrato de un giran pueblo a tra­vés de la pasión de la vida y la lucha por la evolución cientí­fica representada por tan contrapuesto personaje. Una envolvente narración rica de fabuloso caudal de escritura por ese discurrir de manifestaciones entre la realidad y el deseo, amor y pasiones,  que giran y palpitan sobre un paisaje exuberante y grandioso que nos muestra este hijo de campesina, aquel personaje de la alta cumbre social de nombre Joaquín Tena criatura de enorme talento destinado a desentrañar los misterios de la astronomía.

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