LA PALABRA Y LA VOZ DEL RELATO

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LA PALABRA Y LA VOZ DEL RELATO

(La configuración del pensamiento occidental a través de la Palabra)

Autor: Francisco José García Carbonell.

La comunidad humana no existe de la misma manera que la del resto de animales. Nosotros, como más o menos nos indicaba ya Aristóteles, no solo nos quejamos  a través de nuestro tono de voz de las adversidades de la naturaleza, también dotamos a estas de un significado bueno o malo, injusto e injusto, etc.[1] La persona humana se mueve, pues, en un ámbito de alcance que sobrepasa al resto de seres vivos y que, por tanto, es capaz de emplear un discurso interpretativo de esta. Tenemos, así, la palabra λóγος en los griegos para designar esa intelección del ser humano dentro del ámbito que le rodea. Ya Heráclito dirige nuestros oídos a la naturaleza para que escuchemos el sentido que emplea la misma frente a los discursos aparentes de los hombres, ya el evangelista Juan asocia esta a la segunda persona de la Trinidad, el Dios Hijo, cuando dice: <<En [el] principio (origen) era la palabra (Verbo), y la palabra (Verbo) estaba con (lit. hacia) Dios y Dios era la palabra (Verbo)>>[2], y que nos lleva a otorgar a este una fuerza mediadora que nos revela la voluntad del Creador sobre el mundo creado. Es el Verbo Encarnado, que tomaba carne humana a través del seno de María, quien asume la propia naturaleza humana, quien  dota a la propia existencia de un sentido armonioso, de un plan, en definitiva, que nos salva de las propias desviaciones a las que hemos quedado relegados dentro de nuestros límites naturales. El ser humanos que aprende a interpretar la naturaleza, que salta del mundo de las sensaciones a ese otro donde poder construir relatos alternativos llenos de sentido, como más o menos indicaba el propio Aristóteles, se presta a obedecer –audire (escuchar)- y poner voz a la Palabra que Dios comunica y solo Él puede decir.

La Palabra encarnada en el hombre, pues lo divino necesita de un mediador, así, y arrastrando el  pensamiento de Filón de Alejandría hasta aquí[3], esta se convierte en un sacramento moral que entra por el oído,  toma forma en nosotros creando una realidad, que no existía, sintetizándose en una comunidad, en continuo movimiento, y que ya no cumple su función anterior en la vida social, pues se ha quedado obsoleta,  pretendiendo, en definitiva, tratar de traernos la completa y determinante salvación.[4] Esta misma salvación es posible para el cristiano porque cree en un Dios que se hace hombre, puesto que solo de esa manara puede sacrificar su propia realidad carnal para redimir a los seres humanos[5]. Si Dios es eterno, ¿puede dar su vida para dignificar al ser humano o da solo el cuerpo en el cual se ha encarnado? No vamos a entrar en todos los tipos de controversias que se crearon, sobre todo en los primeros siglos del cristianismo, en torno a la divinidad y humanidad de Jesús, lo que sí me gustaría señalar, y he aquí la relevancia en la configuración de la evolución del pensamiento occidental, que el sentido moral que pone como objeto la revelación de la Palabra divina a través del sacrificio del Hijo encarnado, podríamos decirlo así, haciendo que el Padre se vuelve voz en el Hijo y el Hijo se vuelve Palabra en el Padre, dota al mundo de una guía que va mucho más allá del valor biológico de este,  mucho más allá de las raíces que arraigan en la naturaleza, más allá de los límites del ser humano, al menos así todo esto le parece al cristiano.

[1] Política I, 1553, (Alianza Madrid 1991, p. 43-44), enciclopedia.herdereditorial.

[2] The Greek English New Testament. Christianity Today. 1975, Wikilpedia.

[3]  Filón habla del Logos desde una perspectiva platónica como fuerza que crea y media, a su vez, entre el propio Dios y el mundo que Éste crea (The Greek English New Testament Christianity Today)

[4] Para esta última reflexión he tomado como base algunas notas de la Teología Fundamental de Salvador Pié-Ninot, BAC (Sapientia Fidei) pp. 115-145

[5] Habla Domingo Muñoz León en su obra El don de Dios Amor (EGDA): “En la densidad de sentido que el cuarto evangelista da a sus expresiones, la palabra “Ahí tenéis al Hombre” es de nuevo una afirmación humana, de su carne que será entregada por la vida del mundo”, p. 164.

 

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