La enfermendad misteriosa (II parte)

La enfermendad misteriosa (II parte)

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Yo necesito compañeros, pero compañeros vivos; no muertos y cadáveres que tenga que llevar a cuestas por donde vaya. Friedrich Nietzsche

LA ENFERMEDAD MISTERIOSA, De Mª LORETO SUTIL JIMÉNEZ (II parte)

En mi familia por la rama paterna había habido familiares con enfermedad nerviosa. Me contó mi madre, que la esposa de mi bisabuelo era una mujer menuda y de poco espíritu. Tenía el pelo rizado, a veces, se le soltaba un mechón de pelo rebelde sobre la frente, que le daba al rostro un aire de salvaje pastorcilla. Tenía el rostro blanquecino y le gustaba pellizcarse las mejillas para que tomase un suave color tono rojizo. Sus pequeños ojitos los tenía suavemente retraídos, parecían acorde con su modestia. A veces, iba a mi casa a verme a mí, recién nacida.

– Ana María, le decía a mi madre, Juan José se ha enfadado porque no le han salido bien las cuentas de la cosecha. Dice que va a colgarse de una oliva.

Mi madre la miraba, así pequeña, encogida, temblorosa… como un pajarillo pequeño que hay que cogerlo entre las manos y acariciarlo y abrigarlo.

– No le haga caso, alma mía, sí ya sabe que eso lo dice a cada instante porque es muy nervioso y hace de todo un problema- la animaba mi madre. Además, no debería consentirle que la amenace y la torture con esas cosas.

La señorita Luisa, el bomboncito del pueblo, también llamada chocho bonito por Herminia… no sé por qué, ya que cuando se lo preguntaba nunca me lo resolvió; cuando seas mayor te lo explicaré, decía. Nuca cedió a mis ruegos. Supuse que esa parte del cuerpo como el resto de su anatomía también era digna de alabanza. Ella, la más rica y con la casa más bonita de la villa… me mandó hierbas para cocerlas y beberlas como infusión cada vez que me encontrarse más inquieta.  Así fue tirando unos años.

Cuando terminé los estudios básicos me fui a estudiar a la capital. Mi padre era un gran amante de la cultura, siempre me estaba repitiendo: ¡Hijita querida, estudia para que no tengas que depender de un hombre! ¡Nenita encantadora, estudia para que lleves una vida mejor de la que hemos tenido nosotros! Y es que realmente, mi padre era un agricultor grandullón adelantado para su tiempo. Era querido por mí y por todos por su alegría innata y su honradez. Siempre excitado y contento, regalando sonrisas y palabras amables…

Los apuros y la miseria de la posguerra habían pasado, la economía española estaba empezando a despegar. La gente empezó a comer bien y a ir mejor vestida. Era una alegría salir a la calle y ver vestidos, camisas, trajes… con tela buena y alegre, lejos de los colores monocordes y las telas de mala calidad que habían predominado. Las mujeres maquilladas empezaron a multiplicarse, así como los collares y los destellos cerca del pelo. Hasta las casas empezaron amueblarse decentemente y el televisor que era un artículo de lujo empezaba a normalizarse y por tanto la información llegaba a todos los puntos del país con rapidez.

Antes que no había comida estaban de moda las mujeres rellenitas y ahora que había comida para poder saciarte se habían puesto de moda las mujeres esqueléticas. Cuando te ponías negra trabajando en el campo eran guapas las blanquitas y ahora que estaba llegando la maquinaria al campo se puso de moda el moreno. Pero el moreno de playa, para llenar los hoteles. ¡Lo que es la moda, que absurdo, que incongruencia! Pero eso lo pienso ahora, entonces no había hecho esa deducción o por lo menos no la había asimilado. (Continuará)

Se puede complementar la lectura escuchando música deliciosa. Ej. Lady in red de Chris de Burg

Desnuda soy, desnuda digo: soñadora.

Mª Loreto Sutil Jiménez

 

Image by Peter H from Pixabay

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