Historia de una escalera de Antonio Buero Vallejo

Historia de una escalera de Antonio Buero Vallejo

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Creo que parte de mi amor a la vida se lo debo a mi amor a los libros.

Adolfo Bioy Casares

Historia de una escalera de Antonio Buero Vallejo

En esta ocasión he elegido una famosa obra de teatro para hacer la reseña literaria. A diferencia de la novela en el teatro es todo más Historia de una escaleracondensado, en cada frase dice mucho… algo parecido a lo que ocurre en la poesía.

El prólogo es muy interesante, aunque algo excesivo. Ahí comprendemos la enjundia de la trama; es una tragedia porque la vida, según el autor, es siempre una tragedia y a veces la chispa salta.

El argumento está sacado de la sociedad del momento: la posguerra. Pero, no de la alta sociedad sino de las clases humildes. Buero Vallejo se mete y profundiza en este sector de la población: “Escribo porque espero y confío en el hombre pese a toda duda”, especifica el escritor.

Intentó y consiguió restaurar la tragedia para ofrecer a hombres y mujeres de su tiempo una ventana hacia la esperanza, dentro de su propia limitación, porque con sus torpezas y recaídas “los hombres son necesariamente víctimas pasivas de la fatalidad”, nos recuerda en el prólogo nuevamente.

La ubicación de la obra es sensacional, pues si en la actualidad son los ascensores un punto de encuentro de la comunidad de vecinos, en aquellos momentos el protagonismo lo tubo la escalera.

El lenguaje verbal es extraordinario y el no verbal es igualmente soberbio, pues ya en la presentación aparece una escalera deteriorada y al fina del primer acto la patada a la lechera derramándose la leche… te dice sin hablar.

Retrata perfectamente la época y en los personajes define los caracteres de la sociedad, según te los va presentando ya te da su perfil.

Urbano: un poco violento. Fernando: el guaperas. Dª Asunción: la vecina venida a menos a quien le importa las apariencias. Pepe: el chulito de bario que vive a costa de las mujeres y Rosa la niña tonta que cae en sus redes…

La trama está condensada, pero con un contenido interesantísimo. Sólo al abrir el telón aparece un señor cobrando el recibo de la luz. Aquí, empieza haciendo una crítica sibilina a las empresas eléctricas y al gobierno, pues a través de las subidas de este recibo controlan al pueblo. Algunos países, cuando han tenido colonias que han querido independizarse, les han subido el recibo de la luz como arma de control.

Presenta el tema de la formación de los sindicatos, entonces clandestinos. También este hombre inteligentísimo plantea como Urbano pone todas sus esperanzas en estos sindicatos (al principio muy activos) pero pasan los años y las generaciones están en el mismo lugar, algo falla…

En la comunidad hacen de psicólogo, psiquiatra, está quien quiere aparentar… pero todo lo solucionan allí… hasta pagar el entierro de Dª Asunción, que finalmente es más lujoso que el de D. Manuel que lo pagan sus hijos.

Pasa el tiempo y la escalera sigue deteriorándose y marchitándose igual que sus habitantes que viven en la miseria, a veces, pasando frío, calor y necesidades. Nos podemos preguntar por qué no hacen algo más para salir de ahí, por qué pasa el tiempo y una generación y otra… y todo continua igual. Simple y complicadamente porque falta un fondo de educación de base, de empuje por parte de los padres hacia los hijos que los impulsen. La educación, en su mayor parte, aún está en manos de la iglesia, en manos privadas, aún no ha llegado al pueblo; por tanto, falta el cimiento principal para que la sociedad avance.

Sería muy importante ver la obra de teatro, de lo contrario hace falta imaginar, visualizar mucho…

Desnuda soy, desnuda digo: soñadora.

Mª Loreto Sutil Jiménez

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