Escribir afuera. Cuentos de intemperies y querencias

Escribir afuera. Cuentos de intemperies y querencias

Escribir afuera. Cuentos de intemperies y querencias

 En algún momento del pasado me lamenté de la escasa visibilidad de la literatura contemporánea venezolana, quizás con cierta ligereza, puede que por la abrumadora presencia de las de algunos otros países de Latinoamérica, puede que con cierta sensación de que Venezuela no estaba representada con tanta profusión, si acaso en los entornos promocionales más usuales, en fin, sin intención de justificar esa apreciación, sí que notaba en falta una representación más acorde, por decirlo de alguna manera, proporcional a su mero peso como país.

Esta antología de autores venezolanos viene a contradecir de alguna manera mi afirmación. No menos de treinta autores aportan, cada uno, cuentos o relatos o como queráis llamarlos, y como elemento cohesionador estos relatos hablan de esa diáspora de la población del país, ese reagrupamiento de un estimable porcentaje que se ha ido repartiendo por el mundo. Aquí he de parar un poco para expresar mi opinión algo contradictoria sobre el tema: tan estúpido es quejarse de la politización de las corrientes culturales (que deberían, en un mundo utópico y estético, aislarse de las distorsiones de su entorno) como negar que la permeabilidad del creador a lo que sucede a su alrededor, en especial a lo que el poder hace que suceda, es necesaria para conseguir que las corrientes artísticas se constituyan en representaciones de las sociedades que las hospedan.

En este contexto, sería estúpido partir de la premisa de que un libro de este tipo sea un artefacto de la disidencia. Sería estúpido pensar, tan formulaico como pensar que toda la intelectualidad es de izquierdas o todos los escritores son unos bohemios. Porque algunos de estos escritores forman parte de esa corriente migratoria (que ha acabado en Argentina, en Colombia, en Estados Unidos o en España) pero no son pocos los que han elegido quedarse en el país. Y ninguna de esas elecciones tiene que situarlos en un extremo o en el otro. Escriben sobre estar desplazados y esa temática cohesiona los relatos, de los cuales voy a optar por no destacarlos individualmente. Hay elementos fantásticos en algunos de ellos. Agradezco que la nostalgia, ese Ferrari que solo funciona marcha atrás, no sea un elemento protagónico. Me gusta cómo muchos de esos elementos comunes son cercanos: las relaciones de objetos, los recuerdos de las personas y los lugares, las no pocas menciones gastronómicas, cierta sensación cosmopolita que ha sido pulverizada (quizás el elemento crítico más velado: cómo pasar de una nación moderna y poderosa a un sitio donde todo se ha convertido en precario) por el abrumador peso de la realidad. Esa es la sensación más poderosa como lector. Ver que ninguno de los autores es falaz y dogmático en su planteamiento. Que, por generación espontánea, desprenden sensaciones coincidentes y que no hay desesperación sino una resignación latina a lo que se presenta y las pocas opciones que les quedan. Y entre tanto autor no todos van a ser componentes de esa minoría privilegiada que puede elegir dónde posa sus huesos en su huida. Ese promedio espeluzna: me temo que el poso en la memoria que esta lectura arroja es más eficaz que la crítica obstinada y descarnada.

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