EMILIO DURÁN, VOCACIÓN DE VIDA Y POESÍA

EMILIO DURÁN, VOCACIÓN DE VIDA Y POESÍA

Jose Cenizo Jiménez
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EMILIO DURÁN, VOCACIÓN DE VIDA Y POESÍA

                                               José Cenizo Jiménez

            Acercarse a la obra literaria de Emilio Durán (Sevilla, 1934-2025) es recordar una larga trayectoria de poeta y narrador reconocido con diversos premios y la admiración de sus lectores. Asimismo, ha sido recogido en diversas antologías, desde los años setenta (como en Nueva poesía: Sevilla, ed. e introd. de Rafael de Cózar, Madrid, Zero-Zyx, 1977) hasta la última en 2020, Alguns poemas, edición en portugués y español (col. Poesia a Sul, núm. 4, Olhzao -Portugal-).

            Con motivo de su fallecimiento el 1 de marzo de este 2025 le dedicamos unas palabras de homenaje y recuerdo en nuestro diario Luz Cultural:

https://diariodigital.org/adios-al-escritor-emilio-duran/

            El 17 de octubre de este mismo año se celebró en el Ateneo de Sevilla un emotivo homenaje a su personalidad y trayectoria, organizado por algunos de sus mejores amigos.

Quien quiera seguirlo puede verlo en este enlace de dicho Ateneo:

   https://www.youtube.com/live/8JPzVS0If6U?si=UY8LuRJ7152XgFsI

En él se presentó un libro, Emilio Durán: memoria de vida (breve antología poética), dedicado a su significación, donde hemos tenido el honor de escribir la parte del prólogo y de hacer la selección de los poemas, pues se centra en los mismos, y no en su obra completa, llena de aciertos y premios de narrativa también. Los amigos del poeta han escrito la parte de su trayecto vital y literario centrándose en su participación en actividades literarias.

En ese prólogo decimos palabras sobre su obra poética. Recogemos algunos párrafos:

Desde su lejano estreno en 1975 con Paralelo 40 hasta su último libro de poemas, Itinerario de amor sobre un plano de Olavide, de 2003, libro a libro, verso a verso, a menudo apoyado por premios literarios (Leonor, Miguel Hernández…), ha construido una obra variada y rica en matices, siempre de calidad. El poeta recopiló su poesía (excepto el libro Exilio de pecho adentro) en la antología Toque de silencio, de 2011, cuyo prólogo y análisis tuvimos el honor de escribir. Un año después, en 2012, Gallo de Vidrio nos publicó un ensayo sobre su poética y trayectoria.

Hom

Demos un breve repaso a sus entregas poéticas. Paralelo 40 (1975), su primer libro, publicado en la colección Algo Nuestro del grupo sevillano Gallo de Vidrio, de verso libre en rica polimetría, debe su título a la edad del autor en aquel momento y su pretensión es “meter la locura en el tronco gris de lo diario”. Aborda distintos temas: el amor, la muerte, la crítica de la vida en la ciudad, el dardo social, etc. Su vitalismo irrebatible se enfrenta a la sombra inevitable de la muerte, como en “Este instante” (pp. 21-22), incluido en esta antología:

… Mas la muerte

está ahí como un rumor

sonando en las pleamares

de la sangre.

                                   (…)

     Con fe o sin ella, con duda o sin ella, aúna la crítica feroz -y a la vez la glosa encomiástica- de fenómenos socio-religiosos como la Semana Santa o el Rocío. En “Noche en Palacio” (pp. 33-34) el poeta contempla esa realidad mágica del Rocío con una visión descriptiva enardecida, mientras que en otros poemas, como en “Lamento a la esfinge del Rocío” (pp. 37-38), ataca al señori­tismo dionisíaco e hipócrita de “caballistas rijosos, / pretorianos de charol y verde, / ninfeo multicolor / y sudoroso / que estrena el sabor / del tabaco y las retamas”.

            El segundo libro, Exilio de pecho adentro (1977), ofrece diecinueve poemas directos, “como dardos”, como dice José Matías Gil en el prólogo. La base temática es de índole social, acorde con los tiempos que corrían en España, la transición de la dictadura a la democracia. Es un canto a la libertad, “una palabra hecha / para la boca tenaz de los valientes” (p. 23). El paso del tiempo le ha pasado factura, quizá por eso el poeta prefirió no incluir poemas de este libro en la selección antológica Toque de silencio (2011).  Por ello, nosotros tampoco hemos incluido poemas de este libro en la presente selección.

Ejercicio de retina (1983) es “la reflexión crítica sobre el entorno que rodea al autor, en una total consonancia con aquellas palabras de Góngora, `El oficio del poeta es mirar`”. Hay diversidad temática, desde el tiempo o la muerte al asunto social o la desazón existencial. Un símbolo potente es el muro, que expresa la opresión y la falta de libertad, y da título a un poema (pp. 33-34):

                        Siempre ha de acabarse, antes o después,

                        chocando con un muro de cemento:

                        un alto paredón donde se estrellan

                        las ansias más tenaces y profundas,

                        un muro que hasta puede colocarte

                        esponjas de silencio entre los dientes,

                        (…)

Tras abandonar el grupo Gallo de Vidrio, Emilio Durán dirige, a partir de 1985, la colección El Carro de la Nieve, de Sevilla, donde edita unos pliegos sueltos de poesía, una colección de literatura erótica y cuatro libros suyos con un mismo formato: La luna de la Menara, Camino de Nadir, Catacumba de rosas y La dorada memoria de ese narciso. Cuatro libros espléndidos, breves e intensos, de un exquisito gusto poético.

En La luna de la Menara encontramos veintiocho poemas de diferente medida, sin rima generalmente, una remembranza de un viaje poético por el norte de África, donde el pulso social no abandona el dictado poético (canta también a seres marginados, como el mendigo ciego, la prostituta, el leproso).

Camino de Nadir es un canto a la vida, al amor y a la muerte, unas veces con dolor, otras con esperanza. Aquí un fragmento del poema que ilustra la segunda (p. 51):

                                   (…)

                                   Una niebla de plomo me ocultaba

                                   el luminoso mundo circundante.

                                   Dando traspiés en la densa noche

                                   no encontraba salida al estrecho túnel.

                                   Un remedio, quizás alguna taumaturgia

                                   de viejo boticario

                                   o sólo unas palabras

                                   han vuelto a encender para mí

                                   el color de los días

                                   y, otra vez, la esperanza, joven siempre,

                                   comienza a remontar su verde vuelo.

 

Catacumba de rosas es, como escribe Antonio Enrique en el prólogo, un libro con diversas claves temáticas: el sentido de la trascendencia, la búsqueda de la verdad, la desgracia y la muerte, el amor, temas universales al fin. Y todo con un lenguaje con referencias culturales, y a veces imágenes surrealistas y potentes: volcán de zumo, silencio hecho de hambre de palomas, etc. El poema XXXV da título al libro:

He sumergido las claves de mi ser

en el pozo de frío de la luna

y he sellado un pacto de silencio

con esa alcahueta de sombras y de sauces,

mientras desciendo con temor y ansia

a la oscura catacumba de las rosas.

El cuarto y último de esta entrega en El Carro de la Nieve es La dorada memoria de ese narciso, alusión a la Giralda de Sevilla, ciudad por la que hace un recorrido esencial y poético. Una Sevilla romana, árabe, flamenca… Sevilla como “vieja amante” y a la vez “madre”, ancestral y atractiva, acorde con la fuerza de los cuatro elementos: “(…) / No he tenido otra madre que esta Ciudad / aupada de torres y cielos cálidos, / donde deroga la muerte sus apremios, / a golpes de azahar, en primavera.” (p. 9). Emblemático es el poema “Julio César cumple una promesa la mañana de Viernes Santo en la Calle Parras”, que está en nuestra antología, y de acertado lenguaje popular son las soleares, como las que siguen:

 

Hoy ha sonado el reloj

diciendo “Esto se acaba”

y el que se acaba soy yo.

Vivo contando las horas,

cuando la última llegue

que no me encuentren a solas.

 

            Blanco es el color de la paloma (1987) es una obra dedicada a la fiesta, rito y lugar del Rocío, la famosa romería, tema tratado en otros libros. Ofrecemos una muestra, el poema 22 (“Hacia el sol que agoniza…”), tal como aparece en la primera edición, si bien en la antología citada de 2011, el poema ha sido modificado, los versos quinto y sexto quedan así: “Como si se le clavara un hierro dentro del pecho, el caminante piensa con amargura, (…)”.

Cartas son cartas fue premio Miguel Hernández 1991. Durán nos invita a la lectura serena y sensible de estas veinte cartas de amor de personajes célebres de la historia o de la literatura, más un “telegrama desesperado de un suicida anónimo a su amante”. Están escritas en primera persona por los remitentes -todos hombres- a sus famosísimas amadas. Son personajes reales o ficticios, contemporáneos o pretéritos: Dante a Beatriz, Arthur Miller a Marilyn, Pedro de Castilla a María Coronel, El Cid a doña Jimena, Goya a Cayetana de Alba, Calisto a Melibea, Flaubert a Madame Bovary, José Manuel Caballero Bonald a Ágata o Manuel Halcón a Anita Peñalver.

Son, muchas veces, amores imposibles, adúlteros o platónicos. Poetiza con fina sensibilidad los efectos que provoca el flechazo amoroso. El erotismo y la sensualidad presentes en las epístolas se torna melancolía por el paso del tiempo, la premonición de la muerte y el destino aciago de esos amores: “No cabe ya pensar. Quizás tan sólo / vivir este instante de ebriedad, / hasta el momento en que del amor no quede / sino el rescoldo -tan bello- de sus brasas” (p. 10); “Al buzón sin fondo de la muerte / tendré que echar esta carta que te escribo” (p. 39).

Mosaico de los amores perdidos (1995), XIII premio Leonor de poesía 1994, se abre con una cita de Antonio Machado (“Todo amor es fantasía…”). Está dedicado a la experiencia del amor. Predominan las formas libres, pero hay ejemplos de poesía tradicional, como las soleares siguientes: “Quien mira de cara al sol, / el sol le ciega los ojos. / Igual pasa en el amor”; “Tienes un nombre, Rosario, / que está hecho cuenta a cuenta, / para el que quiera contarlo”; “Qué me importa a mí el morir. / De la muerte sólo temo / que tú te olvides de mí”. Se rememoran poéticamente supuestos amores con diversas mujeres de toda condición con un lenguaje poético dispuesto a expresar la sensualidad y el erotismo, algunas veces no exento de trazos existencialistas:

                                               XV

Miro tu cuerpo naúfrago en la ducha

y adivino en sus líneas

el futuro cadáver.

Tu sonrosado cuerpo

tiene ya marcado su final de ataúd.

No importa la advertencia:

te tomo y al gozarte,

escucho a tu esqueleto gemir con lascivia…

Logia de conversos (1996), aborda temas como el arte de escribir, la falacia de los poetas “de flor natural”, el anticlericalismo, ironías sobre la represión sexual-religiosa, el tiempo y su insaciable devorar, etc. De nuevo, como en su anterior obra, observamos el tono mordaz, irónico, junto a destellos profundamente líricos, conseguidos a menudo con la gracia de la sencillez trabajada: “La complejidad del mundo, / la muerte y su silencio, / acaso se reduzcan / a un trino de pájaro, / a una gota de agua, / a unos ojos…” (p. 34).

Sólo memoria de la vida (1997) es un libro denso, irónico, mordaz, ácido, y a la vez, elegíaco y personal, expresado con libertad métrica, con un lenguaje ágil y actual. Junto a deslumbramientos verbales y sarcásticos hay, no obstante, apuntes de inmensa hondura, como en el poema que explica el título, “Memoria” (p. 83):

El placer no existe: sólo su memoria.

Puros recuerdos ­venturosos.

Y tampoco el dolor.

Amargos minutos archivados.

Ni el placer ni el dolor tienen presente:

somos tan sólo memoria de la vida.

Dolor existencial y memoria privada se aúnan en estas páginas que condenan el mundo hipócrita y que nos presentan a un hombre angustiado por la fragilidad de la vida.

El Puerto de las Mulas (1999) hace alusión a un lugar por donde Sevilla echa sus sueños camino de la mar. Como hace siglos, hacia el XVII, los echó un adolescente llamado Alonso Vázquez de Abertura. De este soñador y peculiar aventurero nos relata, en prosa

-poética, desde luego- sus andanzas sevillanas y americanas, las primeras entre una Sevilla con autos de fe y pícaros y unos sueños de volar -en barco- hacia las Indias, como Colón; las segundas, entre los frutos agridulces de la inquietante conquista: la ambición, la guerra, la aniquilación del culto indígena, el arrepentimiento.

En 2003 se edita Itinerario de amor sobre un plano de Olavide, un conseguido poemario amoroso en la línea de la redondez de otros poemas amorosos contenidos a lo largo de sus obras. “Lomas del Aljarafe” es un ejemplo de apasionado poema de amor, nostálgico y dolorido, lleno de sutileza y belleza en la mejor línea de la poesía de madrigales:

 

                             No es el futuro sin ti el que me aterra

                                         sino el pasado que no podré vivir contigo;

                              un tiempo que pasó en blanco,

                                          una extensión estéril de días y paisajes

                              a los que tu gracia nunca iluminó.

                              Qué trágica ignorancia padecí,

                               cómo gasté amores y caricias

                               sin advertir siquiera tu presencia…

                               Y, sin embargo, qué cerca estabas ya,

                                           derramando a raudales tu hermosura,

                               fijando en las fachadas carteles al amor

                               que no supe leer,

                                incapaz de advertir que, entre las gentes,

                                en las fiestas de luz y primavera,

                                en las cálidas noches de luna y de tambores,

                                en las playas de arenas y reflejos,

                                estabas tú, felicidad que huía

                                por el triste desagüe de los años.

                                Pero ya es tarde: el sol se tambalea

                                herido hacia poniente

                                por los cerros que encierran milenarios tesoros

                                 y las suaves colinas donde vives

                                 y a donde, cada día, como un pobre,

                                 acudo fiel a recoger las migas

                                 del pan de tu persona.

Así pues, su obra poética ofrece una variedad estrófica y temática dentro de las coordenadas que forman su visión poética: el predominio del verso libre, polimétrico y sin rima; la profundización en los grandes temas universales del amor, la muerte y el tiempo, junto a otros como la crítica social o la religión desde un punto de vista panteísta, antropológico y lírico, nunca superficial ni folclórico.

Creemos que es un poeta especialmente dotado para la comunicación del sentimiento del amor, en cualquiera de sus vertientes, exultante o fracasada. Así lo avalan los premios conseguidos. Su lenguaje es cuidado, sin afectación, en un límite justo entre la dicción culta y la expresión neopopular. En su trayectoria ha mostrado una madurez progresiva y nunca ha renunciado a las bases de su poética.

            En cuanto al criterio de esta antología, la selección es personal, tratando de cubrir diferentes aspectos de su obra tanto en la expresivo como en lo temático. Elegimos un poema de cada libro, excepto del citado segundo libro Exilio de pecho adentro (1977), que el poeta no incluyó en la selección antológica Toque de silencio (2011), en la que sí estaban algunos poemas inéditos de 2005, uno de los cuales reproducimos. Se añade una breve selección de fotografías del autor.

En el plano más personal, hemos de decir que ha sido una gran satisfacción introducir la selección de versos de toda una vida de un poeta al que hemos seguido libro a libro, con lectura y reseñas en prensa y revistas, más un ensayo sobre su trayectoria. La amistad es otro don que nos ha dado Emilio Durán, un caballero, un ser dotado de sugerente conversación, agudeza natural, forjado en lances culturales, una conciencia crítica y lúcida hasta el final. Nos nombró su legado literario, con esa mezcla de seriedad y sorna que era tan suya. Su hija Verónica, a punto de entregar este libro, nos envió un último texto de su padre, texto que, al parecer, estimaba mucho. Dice así y fue escrito el 14 de agosto de 2020:

Aquella noche era un negro pozo sin brocal. El temor batía las esquinas y un desamparo agudo me paralizaba. Invoqué palabras, gemí recuerdos y una negra desesperación inundaba mi frente. Se oyó de ponto tu voz que decía “dame la mano”. Recuperé el brillar de las estrellas, el rugir de la marea en la noche y todo volvió al orden que nunca debió perderse.

Hasta aquí mis palabras. Con emoción y admiración, este recuerdo en Luz Cultural al escritor Emilio Durán, vocación de vida y de poesía.

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