El lado intenso de Siria

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El lado intenso de Siria

     Me encuentro a un médico sirio en el Colegio de Médicos de Salamanca.  Le hablo de cosas sirias, le hablo de Rafiq Schami.  Recuerdo cuando leía “El lado de oscuro del corazon”. Cuando planeaba viajar a Siria y ya estaba a punto de ir. Yo siempre leo mucha literatura sobre un país antes de viajar a él. Me interesa captar sobre todo la atmósfera.  Me interesa mucho más que los datos y cosas de ésas.

El lado intenso de Siria     Farid y Rana viven su amor a escondidas en Damasco. De vez en cuando se van a Beirut para vivirlo. Beirut significa la libertad para muchos. Pero  Damasco es la concreción de tantas cosas, lo entrañable. Los niños que juegan en primavera con pelotas, las niñas que juegan con aros de  hula-hop venidos de América. Sus caderas se menean en el aire y Rana se queda mirándolas.

       Las mujeres están sometidas, el amor está sometido. Pero al ser clandestino se hace más libre que nunca. Farid usa la casa abandonada de su abuela para sus encuentros amorosos. Y al darle la llave su madre le dice: “pero déjate puestos los calzoncillos”.  Las familias son como los estados, con sus relaciones políticas y su dominación. Las personas no cuentan. Si matas a tu tía para salvar el honor de la familia te aplauden en la calle y solo estás un año en la cárcel.

     Rana deja de hablarle a su primo y cuando aparece de visita se encierra en su habitación. El silencio es el territorio de la libertad. Pero Rana observa como la niña que juega con el aro cae al suelo y sus manos se mueven como mariposas. Es la infancia aún palpitante que no ha entrado en las doctrinas feroces.

      Las masas aman a los dictadores. Los gobiernos persiguen y torturan a los disidentes. Toda vida es secreta y oscura. La vida tiene que esconderse en los instantes, en los recovecos del tiempo.

     Las madres calculan lo que valen los pechos de sus hijas y las venden a los ricos y poderosos. Schami imagina lo que sienten ellas, como se acuerdan de los primeros baños en la infancia, como se preguntan cuantos corazones tiene un hombre.

      Y luego aparecen las vidas de los antepasados. Sus amores trágicos, sus luchas, sus frustraciones. Sus luchas contra los poderes, contra los ocupantes franceses. Sus odios enconados y sus amores secretos. Sarka que se convierte en una leyenda y  se queda a dormir en un árbol. Las leyendas  deforman lo que fueron las personas. Toda la vida es un malentendido y la incomunicación se prolonga a través de los siglos.

     Schami cuenta las revueltas campesinas aplastadas, las bandas donde los individuos juran fidelidad. La vida de los clanes que son más fuertes que las personas. La Historia brutal que aplasta a los individuos como siempre y todo aquello que sienten. Y las novelas son peligrosas, le dice su madre su  madre a Rana.

     Schami escribe con rapidez, con fluidez. Pero las acciones tienen su significado revelador.  La vida habla mediante metáforas. Los personajes cruzan entre aplastamientos y significaciones.

       Mi amiga Ángeles  estaba  en Damasco cuando empezó la guerra civil en 2011 y me escribía emails cada día.  No podía salir a la calle pero no tenía miedo. Yo imaginaba intensamente Palmira, Aleppo, los castillos cruzados. Los desiertos del este. Las calles de Damasco, qué sé yo.

        Pero lo que me hacía vivir a fondo era esa novela de Rafiq Schami.  La historia de una familia y las ramificaciones vitales y amorosas.  Como es siempre una novela honda la vida de cualquier familia. Como se contraponen las pasiones a las normas cotidianas y doctrinales, la Historia feroz a la intrahistoria apasionada.

ANTONIO COSTA GÓMEZ, ESCRITOR

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