El Encanto de Perderse en un Libro de Arena

El Encanto de Perderse en un Libro de Arena

El Encanto de Perderse en un Libro de Arena

 (“Memorias, apariencias y demasías”)

 José Manuel Corredoira Viñuela lleva más de diez años ocupando en el panorama literario español una situación insólita y, a fin de cuentas, poderosamente original. Él mismo se confiesa grafómano empedernido, pero conviene entender que, al adoptar esta etiqueta, no se define a sí mismo como mero plumífero, sino que aspira a dar cuenta de la diversidad de géneros, estilos y tonalidades entre los cuales se mueve con asombrosa agilidad y soltura. Bestiario de amorRetablo de ninfasIluminaciones al público, Elucidario sentimental y, más recientemente,  Diferencias sobre la muerte figuran entre los títulos que han suscitado el interés de destacados prologuistas como Fernando Arrabal, Juan Goytisolo, Domingo Miras, Francisco Gutiérrez Carbajo o Ricardo Senabre, antes de recibir la ferviente acogida de un selecto público de lectores y espectadores.

portada libro El Encanto de Perderse en un Libro de ArenaMemorias, apariencias y demasías, que viene a enriquecer su bibliografía, consta de un centenar de ensayos, de diferente extensión, aunque todos compactos, que conocieron en sucesivos momentos una difusión previa por internet, destinada a unos cuantos privilegiados. Su recopilación no sigue un esquema cronológico que nos llevaría desde la Antigüedad hasta el momento actual. Tampoco obedece a una distribución temática que pretendería deslindar entre teología, filosofía, literatura, bellas artes y artes mágicas, para limitarnos a algunos de los campos predilectos del autor. Parece más bien, salvo error de mi parte, organizarse según el orden en que se escribieron y se dieron a conocer los artículos así reunidos, consiguiendo de esta forma un concertado abigarramiento. Entre los diferentes ámbitos en que se reparten, se observa que las preferencias de José Manuel se dirigen a menudo hacia las letras grecolatinas, españolas y extranjeras, aunque otras se orientan más bien hacia campos de muy distinta índole.

Más, quizás, que las obras publicadas hasta ahora, esta miscelánea nos permite  vislumbrar entre líneas el perfil del autor. Haciendo hincapié en una extraordinaria amplitud de lecturas –todo lo contrario de una hueca erudición – José Manuel va pasando de un siglo a otro, sorteando entre varios idiomas, alternando entre libros y artículos, conforme va ensartando observaciones y glosas. Su sentido del humor le sugiere unas picantes reflexiones con las que matiza y hasta suaviza, con notable ingenio, sus arrebatos de polemista. Entre los griegos, especial admiraciuiólo la remoza al contemplaroseón tributa a los poemas homéricos. Por lo que se refiere a autores peninsulares, desde el anónimo del Lazarillo hasta Ortega y Valle-Inclán, los textos de santa Teresa, Cervantes, Tirso, Quevedo son ocasión de acertados comentarios. Aficionado también a escritores extranjeros, se revela atento lector de Shakespeare, Joyce y Henry James entre los anglosajones; Jean-Paul Richter y E.T.A. Hoffmann entre los alemanes; Voltaire, Rousseau, Hugo y Stendhal entre los franceses. Huelga decir que sus consideraciones no se reducen a meras fichas de lectura: si se acerca a Valle-Inclán, lo hace pasando por el examen de sus cartas inéditas a Corpus Barga; y para incitarnos a la lectura de Jean-Paul, elige su Diario de a bordo del aeronauta Gianozzo, donde el protagonista recorre Alemania a bordo de un globo porque le da asco la Humanidad, consignando en un cuaderno de bitácora sus aventuras y discursos. De este modo, las reflexiones de José Manuel se expanden en sabrosas disquisiciones sobre la persona, la labor y el estilo de cada escritor.

Si bien su interés se centra en algunas figuras cumbre de la filosofía alemana –con especial mención de Leibniz y Heidegger– también nos descubre su fascinación por las artes mágicas y las manifestaciones del mundo sobrenatural: vampiros, salamandras, cábalas y cabalistas, alcaldes endemoniados  asoman en diferentes momentos, por no hablar del Martillo de las brujas o Malleus maleficarum, en el cual se nos explica cómo las tales pueden «arrebatar el miembro viril sin despojar dél al cuerpo humano (esto es, sin herirlo ni causar dolor)». Finalmente, Memorias, apariencias y demasías nos aproxima, más de una vez, a todo un muestrario de cuestiones al parecer intrascendentes, pero en realidad aptas para alimentar divertidas consideraciones que provocan el placer del lector: desde la apología del asno, el uso del color azul en la vestimenta o la alabanza de los cuernos, hasta los belenes catalanes, la dieciochesca cydiversidad de géneros, estilos,rónica del arte de las castañuelas o las vicisitudes históricas de las pulgas. Ahora bien, esta predilección no es la de un polígrafo adicto a futilidades, puesto que, en más de una ocasión, José Manuel no duda en salir a la palestra, encarándose con temas políticos de candente actualidad: así su reacción ante las posturas contradictorias de Podemos, si hemos de creer lo que escribe sobre el particular en su reseña de un libro recién publicado. Al observar que, en opinión de uno de sus autores, Carvallo Robledo, «Podemos es, simple y llanamente, “un esperpento” político; una “pesadilla ideológica boba y cursi, y adolescente”», añade a renglón seguido: «Algo que muchos compartimos». Otro botón de muestra es la frase de Pedro Sánchez, secretario general del PSOE y actual Presidente del Gobierno, para quien «Cataluña es una nación y España una nación de naciones»: declaración que nos arrastra hacia un terreno resbaladizo, si reparamos, como hace el autor, en las múltiples acepciones del término «nación».

Con esta Silva de varia lección, que es a la vez un Jardín de flores curiosas, José Manuel Corredoira recoge a su manera la herencia humanística de Torquemada y Pedro Mejía. Pero no sólo la actualiza al pasar revista a un sinfín de concertados disparates con la mirada crítica del hombre moderno, sino que la renueva por su lucidez y su voluntad de estilo, marcándola con el sello innovador de quien se ha mostrado capaz, al decir de Juan Goytisolo, de «sacar nuevos visos al espejo del idioma».

Jean CANAVAGGIO

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Literatura

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