El diseño como exposición de ataúdes

El diseño como exposición de ataúdes

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El diseño como exposición de ataúdes

    En Salamanca hay una plaza donde se ven unos bancos de cemento en forma de rombos. Parece una exposición de ataúdes. Eso es el diseño actual. No tienen respaldo, no tienen adaptación ninguna al hombre que puede sentarse. El sentado estará en tensión, estirado, manteniendo a duras penas el equilibrio, angustiado como un ser perdido de Kafka. No se hizo el asiento para él, sino él para el asiento. Es un ente vacío o vaciado que debe adaptarse a ese vacío.

    El hombre sentado no importa, solo importa el diseñador. Le impone su prepotencia, su rigidez, su angulosidad. Sus ángulos de guillotina. Dentro no cabe la vida, el movimiento, el dejarse estar. Esos asientos son la imagen misma de la muerte, como todo el diseño actual.

    Son la imposición de lo cerebral, de lo árido, de lo geométrico. Son el dominio del concepto sobre la vida, de la pobreza y la aridez sobre la variedad y la flexibilidad. Has de mantenerte rígido, has de reprimirte a ti mismo, si estás en manos del diseño. Manda en ti la pedantería sin vida, la abstracción impersonal, la pijería y l cursilería feroz. Manda en ti el triángulo que lo cercena todo y te cercena a ti mismo. No se te ocurra ni respirar.

    Esos asientos son ataúdes y todos los locales actuales de diseño son también ataúdes. Con luces de comisaría que no te dejan donde esconderte. Con líneas rectas y ángulos. Negando toda sombra donde cobijarte. Negando toda curva, todo refugio. Son como el ejército llevado a toda la vida. Son como el puritanismo y el asesinato exquisito.

   Y los que viven en eso se creen unos elegidos y se estiran. Porque se mantienen al margen de la vida. Porque niegan toda personalidad y toda imaginación. Y encima son el mismo diseño en todas partes. Lo meten todo en vereda, le imponen su forma árida a todo. Le imponen su simplicidad asesina al mundo. No se te ocurra ni respirar ahí dentro. Respirar es vulgar, es vulgar estar vivo. Si eres de diseño te mantienes sin respirar y con tus manos convertidas en figuras geométricas.  A la variedad de la vida le llaman con displicencia álbum. A la vitalidad de la planta le oponen el triángulo muerto. Son elegidos y son pijos porque están por encima de la vida, en su cursilería helada. Porque encima pagan el triple por esos productos fríos y muertos. Porque la vida es vulgar y ellos sustituyen el mundo entero cambiante y movido por la exquisitez helada de su cabeza. Y configuran el mundo sin piedad a su manera convirtiendo todo en triángulo. Incluso las montañas serán triángulos, incluso la nariz de su novia se volverá un triángulo. Qué digo, las montañas y las novias son vulgares y demodés, lo exquisito son los triángulos de diseño. Y la comida helada de diseño y los ríos inmovilizados de diseño.

    Niegan la vida con su puritanismo cursi y se creen superiores. Incluso el rostro de su madre es demasiado variado y vivo, lo convertirán también en un rombo. Hay que meterlo todo en el diseño y que no ose moverse. Y que venga el reino del aburrimiento y la rigidez. Y todos los objetos iguales en el mundo entero. En todos los rincones del mundo ese mismo triángulo mental.

      Y si escribo un libro contra eso me dicen que es un álbum, que está demasiado vivo. Mi propio libro tendría que ser un triángulo, un silogismo. Yo tendría que entregarme también a la cursilería. Meterme en un ataúd de esa exposición de ataúdes. Y estarme calladito, y no levantar una palabra por encima de otra. El mundo entero será un flan helado o un ataúd exquisito de hormigón.

Antonio Costa Gómez, no diseñado

Foto: Consuelo de Arco

 

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