Conversando con Acacia Domínguez Uceta: Hija de la Extraordinaria Escritora Acacia Uceta Malo

Conversando con Acacia Domínguez Uceta: Hija de la Extraordinaria Escritora Acacia Uceta Malo

Conversando con Acacia Domínguez Uceta Hija de la Extraordinaria Escritora Acacia Uceta Malo

POR ANA PATRICIA SANTAELLA

A.P- ¿Quién fue Acacia Uceta?

Mi madre perteneció a una generación de mujeres que tuvo que soportar la dureza de la posguerra y más de 35 años sin los derechos

Acacia con su hija
Acacia con su hija Acacia Domínguez

fundamentales que ahora tenemos. Pese al exilio interior que vivió y al aislamiento de España mantuvo una actividad literaria inmersa en la modernidad. No fue ajena al Existencialismo ni a la poesía social de la Generación de los 50, pero su poética fue mucho más rica y compleja dando lugar a una voz propia reconocible.  Con la conquista de la Democracia su actividad literaria se acrecentó tanto en publicaciones como en la participación en actos públicos. Además de poeta fue  novelista, dramaturga y conferenciante, y su compromiso con el mundo literario la llevó a ser pionera, a abrir el camino a muchas mujeres –creó el Premio Fémina en España, fue Vicepresidenta de la Real Academia de Artes y Letras de Cuenca, durante doce años resultó elegida Presidenta de la Sección de Literatura del Ateneo de Madrid, etc.… Mantuvo programas de poesía en Radio Nacional de España  y ayudó a muchos poetas a darse a conocer. Su obra siempre recibió buenas críticas en la prensa especializada y obtuvo importantes premios. Pero no pudo romper el techo de cristaL, frio y duro, que todavía hoy se cierne sobre las poetas. En un poema dice “Amanecí muy pronto, yo he podido/haber adelantado la mañana/ cuando todos despierten me habré ido.”

A.P- ¿Conserva algún recuerdo imborrable vinculado a su madre?

Recuerdo cuando yo era niña a mi madre, una mujer bellísima de ojos verdes. Era una persona muy familiar que siempre estuvo a mi lado en los momentos fundamentales de mi vida.  También desarrolló una importante labor cultura por lo cual, como escritora, estuve siempre muy unida a ella y la recuerdo en numerosos actos, de manera especial el recital antológico que dio en el Centro Cultural de la Villa en Madrid. Además, a las dos nos apasionaba viajar. Recorrimos el Mediterráneo juntas y nos apasionamos por el Egipto faraónico y por la cultura clásica de Grecia y Roma. De hecho yo me licencié en Geografía e Historia, en la especialidad de Historia Antigua y Medieval. También poseo recuerdos más sencillos como verla sentada en un parque con sus amados gorriones posados  en sus manos en busca de una miga de pan, o su sensación de plenitud cuando, después de la tormenta, se asomaba a su galería sobre la Hoz del Huécar a respirar el aire perfumado por la tierra húmeda y el sin fin de plantas…

A.P- ¿Recuerda alguna enseñanza o recomendación suya que le haya servido para transitar por la vida?

Acacia joven recitando
Acacia joven recitando

 Si, no rendirse nunca al desaliento, tener esperanza y labrarse uno la propia existencia. No dejarse atar por el pasado pero sin olvidarlo. Con la naciente democracia se esperaba que le concedieran el Premio Nacional pero no fue así. Yo me disgusté mucho por el machismo imperante, pero ella se quedó tan tranquila y me dijo “si no me han dado la alegría de recibirlo no les voy a dar yo la alegría de disgustarme”.  Y me dio un consejo: Lo importante es escribir, hacer una obra y consolidarla, el resto ya es otra cosa, son los mundillos literarios tan miserables como otros.  Se independiente, se libre.

A.P- ¿Crees que esa independencia perjudicó a tu madre?

Pienso que fue positiva a la hora de crearse un universo poético propio y original. Pero también le restó apoyos. Aunque ciertamente sus libros siempre fueron muy bien acogidos por la crítica especializada.

A.P- ¿Qué formación académica tuvo?

Fue una estudiante brillante pero al terminar la Guerra, Franco no dio validez a lo que los niños de la zona republicana habían estudiado con tanto esfuerzo. En su caso siguieron  tres años de enfermedad a consecuencia de la contienda, siendo la lectura y el dibujo sus únicos entretenimientos. Luego tuvo que empezar de nuevo y examinarse del bachillerato por turno libre.  Sus estudios reglados continuaron en Bellas Artes, pero mi madre fue autodidacta en otras materias como las matemáticas, que le apasionaban, la física y la filosofía, asistiendo como alumno oyente a la Universidad en las asignaturas que le interesaban, algo que entonces se podía hacer.

A.P- ¿A qué edad se inició en la escritura, y en el dibujo?

Escribió su primer poema a los 12 años pero su vocación temprana fue el dibujo y la pintura. Ella, hija única,  provenía de una familia

Acacia Malo Peñalver
Acacia Malo Peñalver, madre de Acacia Uceta

protegida por la pasión del arte y la cultura. Su madre, Acacia Malo Peñalver, madrileña, fue una mujer de gustos aristocráticos adelantada a su tiempo. Estudió la carrera de Comercio y era bilingüe en francés, dedicándose a la docencia de dicho idioma. Su padre, Rafael Uceta Sanz, madrileño, fue un prestigioso dibujante, pintor y decorador, lo que hoy se entiende como Arquitecto de Interiores.   De su madre heredó la pasión por la literatura y de su padre el amor por la música clásica y las Bellas Artes. Además don Rafael inculcó a su hija la unidad entre las diferentes artes, la conciencia social y lo que llamaba el franciscanismo,  un amor por la naturaleza y el ser consciente de que cuanto más se crezca intelectualmente más humilde se debe ser y más se debe valorar la sencillez.  Todas estas facetas se encuentran patentes en su poesía.

“Conversando con Acacia Domínguez Uceta Hija de la Extraordinaria Escritora Acacia Uceta Malo”

A.P- En el magnífico libro del periodista y escritor Manuel Chaves Nogales, Los secretos de la defensa de Madrid, escrito en 1938, dice textualmente: “Madrid era una inmensa trinchera ocupada por tiernas criaturas, débiles mujeres e inofensivos ancianos que un enemigo implacable batía furiosamente. En los sótanos de los gran- des y sólidos edificios del centro se apiñaba para resguardarse del bombardeo constante una inmensa muchedumbre sobrecogida por el terror; sólo en los sótanos del edificio de la Compañía Telefónica, el más alto de Madrid, estuvieron refugiadas durante la madrugada más de seiscientas personas”

Rafael Uceta
Rafael Uceta padre de Acacia

Ciertamente mi madre me relató el suplicio  que las tropas franquistas infligieron a la población civil en Madrid. Ella vivía en la calle Pelayo, muy próxima al edificio de la Telefónica. Al ser en ese momento uno de los edificios más altos de Europa, los cañones franquistas, apostados en la destruida Ciudad Universitaria, lo tomaban como punto de guía para bombardear. Al final a la Telefónica le alcanzaron cinco veces, pero el barrio que rodeaba a dicho edificio fue duramente castigado. Ella mantenía el recuerdo de los refugios antiaéreos y de lo que sucedía cuando comenzaban a sonar las sirenas. Iba a un colegio en la Calle Gravina. Cuando se iniciaban las sirenas el maestro abría las puertas de la escuela y los niños asustados corrían hacia los refugios. Algunos ya no volvieron nunca más a clase. De hecho mi madre recuerda a un compañero muerto en la calle cubierto con hojas de periódico. Esta imagen la vertió en su poema Madrid, primavera de 1938. En su casa cayó un obús y derrumbó la mitad de la vivienda, pero tuvieron que seguir viviendo en ella sin cristales y sin agua….. Cuando los bombardeos eran nocturnos se refugiaban aterrados en la portería y en los bajos del edificio ¿quién puede evaluar el sufrimiento de los afortunados que no murieron bajo las bombas o por las enfermedades? Recuerdo que mi madre se estremeció toda su vida cada vez que escuchaba una sirena. Y también la indignación cuando leyó que Franco no había bombardeado Madrid en Nochebuena. Sí, la bombardeó.

En su libro  inédito Asedio  hay un poema que plasma su impresión de los aviones que bombardeaban Madrid.

“Aviones contra el alba, alas de sombra/acuchillando el aire, / rasgando con su furia/ el raso tibio del primer crepúsculo, …..”

A.P- En este terrible escenario bélico de la guerra cundió la rapiña y el caos. Se perpetraron asesinatos por doquier sumidos en una absoluta impunidad, a raíz del golpe militar franquista, y de gente desalmada. ¿Solía Acacia  echar la vista atrás para recordar esta barbarie? 

Acacia niña
Acacia niña

Sí lo recordaba vivamente. Mi madre fue niña en la Guerra a la que llamaba Incivil. Pero una niña mayor ya que tenía 11 años cuando comenzó. Le pedí que escribiera unas memorias pero no lo hizo porque le suponía demasiado dolor. Yo compuse un poema “Solo la dulce voz de mi madre me hablaba de la Guerra” que recoge la siguiente anécdota: En 1965 oí hablar por primera vez a una compañera del colegio  de que en España había habido un Guerra. Al llegar a casa le pregunté a mi madre si era cierto, entonces mi madre comenzó a detallarme su sufrimiento en la Guerra Civil.  ¿Cómo era posible que existiera una sociedad sumida en el silencio del miedo? ¿Cómo era posible que ni maestros o periodistas mencionaran lo sucedido? ¿Qué terror tenían las familias a la represión franquista?  Nadie habla de la autocensura ni que España, en la posguerra, vivía atemorizada por la delación de los informantes del régimen.

Transcribo unos versos de su madre, espejo fiel de la guerra: “Los niños, escuálidos, hambrientos, /diminutos fantasmas ateridos, / salimos a la calle / e intentamos     jugar desorientados”

Además de los bombardeos mi madre me habló del frío y, sobre todo, del hambre. En los últimos meses de la Guerra llegaron a estar 3 días sin comer.  Para conseguir alimentos había que ir con la cartilla de racionamiento. Ante las tiendas dispensarios se formaban colas vigiladas por los milicianos. Eran colas del hambre de la muerte y había quienes para ocupar tu puesto no dudaban en herirte con punzones para que abandonaras la fila. Cuando se acababa el suministro decían NO HAY MÁS y cerraban. Recordaba que uno de estos establecimientos estaba cerca de la calle Serrano. Entonces tenían que esperar el cañonazo que apuntaba a la Cibeles. Cuando caía la bomba los milicianos dejaban cruzar corriendo el Paseo de Recoletos a las famélicas mujeres y niños que buscaban comida en el dispensario del barrio de Salamanca. El hambre, la tisis, la tuberculosis también mataban. Mi abuela murió después de la Guerra pero a consecuencia de ella ¿Quién contabiliza éstas muertes? Cuando veo las fotos o los documentales de la Guerra en Madrid busco estremecida a mi madre entre los niños hambrientos retratados.

A.P- ¿Puede transcribir algún poema relacionado con  la hambruna y la contienda escrito por ella?

Madrid, jaula de fuego

recitando Escritora Acacia Uceta Malo
Acacia recitando en lasmurallas de Ávila

con un millón de pájaros cautivos…

¡Qué implacable recuerdo

conservo de aquel tiempo,

martirizada y dulce ciudad mía!

Niña fui por tus venas dolorosas

intentando jugar entre las ruinas,

preguntando al destino

qué tenaza de odio

ciñó el hierro y la muerte a tu cintura.

Morada de una estirpe,

tratabas de abrigar entre tus muros

la dignidad de un pueblo no vencido.

Hija de la Extraordinaria Escritora Acacia Uceta Malo
Acacia. Recitando en la Hoz del Júcar

¡Qué sed la de aquel tiempo de palomas

anhelando beber en la alborada

sin hallar otra fuente que no fuera

la llama del volcán alzada en vuelo!

¡Qué plenitud de pechos encendidos

doblaron su bravura a la metralla!

Héroes sin nombre fueron obligados

a coronar tu frente con sus vidas.

Oh, jóvenes muchachos y muchachas:

por la infantil pupila del recuerdo

continuáis pasando hacia la muerte

sin más armas que el puño levantado

y una canción de libertad soñada

que yo sigo cantando todavía.

.A.P- ¿Cómo cree que su madre pudo sobrevivir a una experiencia tan traumática, con las secuelas que le siguieron de atraso, pobreza e incertidumbre?

Escritora Acacia Uceta Malo
Acacia foto de juventud

Creo que mi madre de la terrible experiencia de la Guerra consolidó rasgos muy importantes de su personalidad. Tuvo la serenidad y la inteligencia de buscar lo mejor del ser humano habiendo sufrido lo peor. Era una persona de gran fortaleza y de un vitalismo que, según los críticos, caracteriza su poesía. Pacifista militante, también aprendió de la fuerza de la solidaridad que está presente en muchos de sus poemas. Lo mismo sucede con la rebeldía ante la injusticia.  No dejó que su vida la moldeara o dirigiera nadie. Era tremendamente independiente. En un poema de su libro Íntima Dimensión escribió: No podréis herirme/ porque yo ya vengo de la herida.

 

 

 

 

 

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