Concha García

Concha García

Carlos J. Rascón
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Concha García

Poeta. Nacida en la Rambla (Córdoba). Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona, ciudad donde vive. Autora de ensayos sobre poesía en diversas publicaciones y de diarios como:  La Lejanía, Cuaderno de Montevideo (Carena, 2013) y Los antiguos domicilios (La Isla de Siltolá, 2015), Desvío a Buenos Aires. Diario de una poeta en la Patagonia argentina (Chamán ed. 2019). Autora de dos antologías de poesía de la Patagonia Argentina. Premios Aula Negra  de la Universidad de León, Barcarola, Jaime Gil de Biedma y Dama de Baza. Autora de varios libros de poesía. Los últimos hasta ahora: Acontecimiento (Tusquets, 2008) y El día anterior al momento de quererle (Calambur, 2013), y Las proximidades (Calambur, 2916), La obra reunida: Ya nada es rito y otros poemas (1997-2003) se ha reeditado  (Dilema, 2017). Ha publicado en Argentina Un brillo del no y otros poemas (Ediciones en Danza). Su obra ha sido traducida al inglés, italiano, francés, chino y árabe. Traductora de poesía catalana contemporánea.

 

 

Confirmación

Concha García
Concha García

 

Soy una larga espalda inclinada hacia el sur.

Que mi madre me dio leche, ya lo sé. Que me

hincó la uña con cierta parsimonia bajo los cojines

y edredones, y su femenino amor tuvo que darme

osamenta y cutis. Gracias al fervor de las nubes

cultivó soliloquios, y ella, sin destreza

me puso el ombligo entre las sienes, la epidermis

en las nalgas y el placer arquea mi perfil

hondo y altanero. Declino en sombra

proyectada, enorme, rasa. Único

desligue que hay en mí.

 

(de Otra Ley, 1987)

 

 

 

Reiterando el olvido

 

Mujer sola muy sola, dimitiendo en el mar.

Me estuve diciendo que no, que muy

lejos arbitraria y cumplidora con los paseos,

mejor nadar a perder la quilla, o que se

resquebraje por muy húmeda, meter la mano

en el peso de la partida y muy lejana

mirando el agua moverse muy sola.

 

(de Otra Ley, 1987)

 

 

 

Presencia

 

Ha anochecido. Vivo gratificada en varias casas,

lunas opuestas, distintos muebles, la misma dicha

en el recorrido del ojo hasta mi vientre, vivo

en varias latitudes con sillas y sofás, en aceiteras

de distinta transparencia, en enormes encrucijadas

donde reencontrarse es imposible y siempre acecha.

Vivo tomada de la mano, tomada de la colilla,

de la caída de la tarde muy tomada.

Nocturna, pero atravesada. Vivo alta, esquiva

apretando los labios en casa de mi amante.

 

(de Pormenor, 1990)

 

 

 

UN BRILLO DEL NO

 

He visto romperse cántaros y estaba presente.

Mi cuarto es una playa. Se extiende.

Mi cuarto. Compartí en lugares poco ignotos

la mirada nunca correspondida. Nunca dispuesta.

Mi cuarto no deja de ser un dormitorio

con una cama, en sus garras estuve presente.

Era una geografía limitada por demarcaciones

territoriales. Una parca extensión de terreno

de la que emergía una ciudad con lengua propia

donde pude ver mis dedos

desentendiéndose del sentimiento. Es grave

por ahí comienza todo. Lo vas a tener difícil.

Yo también. Estoy rota.

La belleza es transitoria si no conmueve.

El centro resquebrajado. Las aristas romas.

Me gustaba estar sobre la cama

de mi cuarto, los botines morían.

Yo también, pero era una valentía,

un brillo del no. Me eduqué en la quimera

del sí a todo. El poema es un tragaluz.

Despuntaba el día cuadrilátero.

Nuestras cabezas. Los cántaros.

 

(de Cuántas Llaves, 1996)

 

 

 

En la ducha

 

Hoy he hecho un adelanto.

No confundí la espesura

con cierta manera de mirar,

tampoco me equivoqué de calle.

Eso no es terrible,

si  se vive en la ciudad.

¿Sabes? Te adoro. Voy a definir

exactamente en qué consiste

tamaño esplendor. Es un brillo

que acompaña. Es un brillo

¿que acompaña?

 

(de Acontecimiento, 2008)

 

 

 

Recogiéndose el pelo

 

Mujer mía, que desvinculación

tan sonora, las leves manos

que ayer lo eran todo, y esos

pequeños estorninos. Parece mentira

que encuentren alimento

y saben sostenerse todavía

y levantan un mundo.

 

(de Acontecimiento, 2008)

 

 

 

Un rayo de sombra

 

No parece haber esencia

en la manera de recogerse el pelo.

Los días libres

se alargan en domingos amontonados,

no hay reconocimiento certero,

ni tampoco hay  pasos que dar,

ni ociosas comparaciones, no hay

vuelcos, ni la medida

triangular, ni la sacudida,

sólo la penosa tranquilidad, el simulacro,

en el expectante

domicilio.

 

(de Acontecimiento, 2008)

 

 

Ella quería ocupar

ese espacio

pero es inhabitable.

Safo pidió a Afrodita

que cruzara el éter

para llegar corriendo

a ella. Pasaron largos

meses. Los tiempos

no mejoraron,

el ansia quedó expuesta

en la escritura

y los siglos la conservan

clavada en el libro de fragmentos

como mariposa

seca.

 

(de El día anterior al momento de quererle, 2013)

 

 

El comienzo de la sabiduría

 

Mientras la traba

sea que no acabas

de comprender

lo que has imaginado.

Mientras detenerse

sea una espera a tiempos muertos

o una espera de otros tiempos

que llegaron

y no fueron percibidos,

mientras no llueve

y las casas se vuelcan

y en la pantalla

tantos accidentes

comienzan a afectarte.

Mientras haces cola en el tren

hacia la ciudad donde naciste

y te detienen con una pregunta

acerca del destino.

 

( de Las proximidades, 2016)

 

Image by Albrecht Fietz from Pixabay

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