CARMEN ARJONA, BESOS DE OTOÑO

CARMEN ARJONA, BESOS DE OTOÑO

Jose Cenizo Jiménez
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CARMEN ARJONA, BESOS DE OTOÑO, SEVILLA, FÉNIX EDITORA / GALLO DE VIDRIO, COLECCIÓN ALGO NUESTRO, NÚM. 47, 2022

Carmen Arjona, periodista y escritora, doctora en “Estudios avanzados de Flamenco”, publica su primer libro de poesía en la colección “Algo Nuestro” del grupo sevillano Gallo de Vidrio, que hace muy poco cumplió los cincuenta años de su inicio. Carmen es actualmente secretaria de dicho grupo o colectivo, al que pertenecimos allá por los noventa y con cuyos miembros anteriores y actuales guardo honda relación de amistad y de cultura.

Uno de sus miembros y buen poeta, Benito Mostaza, nos dice en el prólogo que Arjona es “es la voz de los que no tienen voz, de los que callan”, y prosigue: “la primera vez que nos habla de su propio pesar, de la lucha, de los recuerdos dolorosos, de la soledad compartida y, fruto de esa lucha interna, renace una luz nueva, como más alegre, de colores más vivos, y así lo trasluce en sus versos, recordar la mariposa de este poemario”.

Títulos de variado camino -Juan y Ana (sus hijos); Amor infinito, Gorriones, Golondrinas, Las palabras que os nombran, Utopía, Flamenco…-, sirven para hacernos llegar sus emociones a través de la palabra, esos sentimientos, temas universales que señalaba el prologuista. La libertad -”Puede que quieran enseñarme / que, para volar, solo hay que / desplegar las alas”, el amor -”Voy, amor, / presta, silenciosa, / ávida, libre, / a tu encuentro”; la crítica social -en “Tambores de guerra”-, los familiares o nuestro querido arte flamenco, en uno de los mejores poemas del libro -”Dicen que son de canela y clavo / las seguiriyas de los gitanos, /que traen castañas los caracoles / y aromas de sal las alegrías”.

            Carmen se ciñe a un lenguaje poética sencillo, previsible y tópico a veces, algo que debe cuidar en futuras entregas, pero demuestra, como en los poemas indicados o en los más breves, precisamente, que es capaz de alcanzar la médula de la poesía: sencillez y profundidad. Ejemplo de ese acierto hay en los poemas cortos de tres versos, a modo de haikus: “Insinuaciones, / palabras encendidas / que me lastiman”. Y todo un lema de vida, en “Siento mi caminar”: “A sorbos bebo la felicidad que nutre / mis firmes huesos erguidos, en paz”. Paralelismos y anáforas -que podría usar con más moderación-, metáforas, símiles o una adjetivación abundante son rasgos de su estilo: “Serás en mi recuerdo la llama eterna. / Lucerna encendida en el alféizar de la ventana que guíe.”,  “Caíste de mi pensamiento / como hoja marchita del árbol de la indiferencia, seca y / abandonada… en el camino dibujado sobre mi existir”,  “Quise ser tú con la triste idea de no sentir miedo, / de hundir firme el suelo bajo mi pisada temblorosa, / la cabeza erguida, el torso robusto, la mano sentida”. Un estreno, pues, que es bienvenido, con sus logros, con su ímpetu y su actitud vital honrada y humanista. El siguiente mejor, seguro.

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