CAMUS Y SU DISCURSO DEL MÉTODO

CAMUS Y SU DISCURSO DEL MÉTODO

Antonio Costa Gómez
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CAMUS Y SU DISCURSO DEL MÉTODO

     Meursualt se sentía desconectado de todo, se sentía extranjero. Mata a un hombre en una playa y no sabe bien por qué. Tal vez solo porque hacía mucho sol.

     Y después se siente ajeno a los que le juzgan, se siente extraño. Y no siente dolor cuando muere su madre.

   No encuentra lazos con los demás. .Busca en el placer, en la sensación, en la concreción de la vida. No le servirán de nada las teorías ni los sermones.

    Lo mismo ocurre en “El malentendido”. Unas mujeres creen que nada tiene valor. Pero cuando matan a su propio hijo descubren que algunas cosas sí lo tienen.

     La vida no cabe en teorías ni en ideologías. Las teorías no lo conectarán con la vida ni con los demás. Pero puede hacerlo el tomar  una copa de vino,  tanto como para Proust tomar una magdalena.

    Camus escribía “El extranjero” en el hotel Madison, en el Bulevar Saint Germain. Donde gestaron tantos libros. Tal vez en un momento de crisis, de cuestionarlo todo para replantearlo todo. De extrañarse de todo.

    En cierto modo, era su Discurso del método, pero opuesto al de Descartes. Vamos a dudar de la vida entera, para ver qué queda de la vida.

    O lo que decía Ernesto Sábato acerca de la crisis de Occidente. Vamos a poner en cuestión todos los valores, a ver cuáles quedan. Cuando lo destruyes todo, al final queda lo que no puede destruirse.

    Es lo que planteó en “Abaddón, el exterminador”. Es la crisis total, el calcinarlo todo. Y vamos a descubrir lo que no se calcina. Lo que vale de verdad.

    Camus lo hizo con “El extranjero”. Cuestiona todas las certidumbres, todas las ideologías. Y encuentra lo que queda cuando acaba con ellas. Meursault encuentra cuando todo le parece extraño un poco de complicidad en las cosas más sencillas. Y del despego total le nace algún apego.  Una amistad con algunas cosas, como decía Saint Exupery.

     También en “La náusea” de Sartre Roquentin se siente asqueado de todo, desconectado de todo. Hasta que un fragmento de jazz le hace conectar. Le parece algo acierto, algo convincente.

     Camus lo hace también en “ciertos crepúsculos en los que el corazón se dilata”, como dice en “El mito de Sísifo”. Esa vivencia vale más que las teorías, que las construcciones científicas.

   Sísifo es su náusea. Pero algunos crepúsculos pletóricos le hacen superar su náusea. El método es sentir asco de todo. Pero surgirán cosas de las que no se puede sentir asco.

    Más tarde surgió la rebeldía, el sentir la dignidad del hombre contra todos los sistemas aplastantes. En “El hombre rebelde”.

    Y eso después se prolongó en “La peste”. El verdadero evangelio de la rebeldía. La defensa de lo humano contra todo aquello que lo ataca.

    Ese es el Discurso del Método de Camus. Siente extrañeza ante todo, despégate de todo. A ver si hay algo que te resulte familiar y cercano, ante lo cual no puedas sentirte extraño.

   Como Sartre: siente asco de todo. A ver si hay algo ante lo cual no puedas sentir asco. Como un fragmento de jazz. Como cierta música. Como los recuerdos del abuelo Albert Schweitzer  en “Las palabras”.

ANTONIO COSTA GÓMEZ

FOTO: CONSUELO DE ARCO

 

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