CAMUS EN MI PARED

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CAMUS EN MI PARED

   Una vez que estuve en París comí dos veces en el restaurante Le Select en Montparnasse. Por allí iban Cioran y Simone de Beauvoir y Albert Camus. Pero a mí me emocionaba sobre todo saber que allí estaba Albert Camus y brindaba por él con vino tinto. Estaba con una anciana que aunque decía admirarlo defendía posturas fanáticas opuestas a él. Miraba la ciudad a través de los cristales y me parecía que la veía a través de los cristales humanísimos de Albert Camus, que aquellos cristales me daban su sensibilidad y su transparencia.

    Porque siempre he admirado con pasión a Camus y ha sido mi amigo en muchas cosas y El hombre rebelde ha sido mi biblia en muchos aspectos. “Oh alma mía no aspires a la inmortalidad,/ pero agota el campo de lo posible”, decía citando a Píndaro al comienzo de El mito de Sísifo. Y es toda una invitación apasionada. Las tiranías nos roban la vida pero él quería estirarla hasta los límites. Con toda la tensión, con toda la belleza, con toda la rebeldía, con toda la lucidez. Con el arco tenso, como decía en sus libros.

    Camus siempre mantuvo su obstinación y su rebeldía y sigue más vigente que nunca. Él defiende al hombre más allá de las barbaridades de la Historia, afirma el lirismo contra la Historia. Otros se encerraban en ideologías, cedían su personalidad a los partidos, pero él nunca entregó su independencia ni su capacidad de ver las cosas ni el decirlas con toda honestidad. El hombre rebelde es el evangelio del humanismo. La revolución es sustituir un sistema por otro igual de deshumanizado, la rebeldía es defender al hombre contra todos los sistemas. Es defender la vida , con sus contradicciones, con sus paradojas.

    El mundo es absurdo, dice Camus, ya no tenemos dioses, nada nos guía. No hay inmortalidad, solo tiempo, todo lo que hacemos es inútil. Pero nuestra grandeza está en vivir a pesar de todo, y vivir hasta el final. Contra la plaga, el cura de La peste habla de resignarse, pero el médico defenderá la vida de cada persona hasta el último instante. Camus es un Dostoyevski sin Dios. Defiende la vida contradictoria contra las abstracciones de la ciencia, el lirismo desesperado, las emociones, el pulso. El sentido de la tierra que quería Nietzsche, nuestras bodas con la tierra como él dice en Bodas. Más verdad que los átomos, dice en El mito de Sísifo, son “ciertos crepúsculos en que el corazón se dilata”. Es decir, la poesía y la pasión.

Antonio Costa Gómez

Foto: Consuelo de Arco

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