BUBER, EL PENSADOR QUE ROMPIO CON NUESTRA SOLEDAD

BUBER, EL PENSADOR QUE ROMPIO CON NUESTRA SOLEDAD

Francisco josé Garcia Carbonell
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BUBER, EL PENSADOR QUE ROMPIO CON NUESTRA SOLEDAD[1]

                ¿Por qué es interesante el pensamiento de Martín Buber? ¿Qué importancia tiene un pensamiento, el suyo, que bebe de los estudios que este realizó de la Biblia y, sobre todo, del Hasidismo? ¿Cuál es el sentido ético al que nos lleva?

                El investigador Diego Sánchez Meca, en su breve introducción a Buber, nos cuenta que este tuvo la perspicacia de ver tanto el punto común catastrófico  de la corriente de pensamiento individualista como de la colectivista,  las cuales venían  surgiendo, de un modo radical, en el siglo XIX, así como de las consecuencias a las que nos abocaban estas, ya que las mismas se apoyaban en un racionalismo que trazaba límites en el ser humano y, por tanto, también lo encerraba en una angustiosa soledad. Una soledad que situaba al ser humano ante un abismo inmenso, y en donde se perdía toda referencia con el otro, y por tanto con todo acto de comunicación más allá del objeto.

                Esa visión enfrentada con la soledad en la persona,  es la que le llevó a entrever las posibilidades de transformación entorno a la relación del ser previa a cualquier discurso. Aquí, es cuando nos habla del conocimiento en el hombre que  va más allá de nuestro propio cuerpo, más allá del “sentido analógico husserliano”, cuya fenomenología reduce al otro a una extensión de nuestro propio yo, a algo que  deja, en definitiva, encerrado al otro dentro de nuestro propio ego. El pensador judío mantiene, al contrario, una actitud, al igual que otros muchos discípulos de Hursserl, de buscar romper esos límites que mantienen a la conciencia sometida al “epojé”.  Buscar un algo que traspase el conocimiento lógico y objetivo hasta llegar a lo que es propio y distintivo de los seres humanos.

                Para entender esta búsqueda distintiva, ese proceso intelectual que le llevó aportar una nueva perspectiva ideológica a los problemas éticos, hay que situar al pensador dentro de un proceso vitalista en relación al espíritu de la tradición judía. Es desde ahí que nos descubre ese cariz profético-mesiánico judío , pues  todo, en palabras de Buber, vive en torno a la relación con un Tú que no puede ser buscado, un algo que da un propósito y deja en manos del hombre la total responsabilidad fuera de toda posición privilegiada, todo fuera de un  ser divino  que vaya al encuentro de este, fuera de toda escatología, de todo proceso arbitrario y totalitarista por parte de Dios, ya que este deja un proceso abierto, que no va dirigido a una historia final,  sino que construye junto al hombre. Se abre así, en definitiva,  al poder  explorar las posibilidades de una transformación que vaya más allá de cualquier intermediario. De aquí, entonces,  es cuando surge la relación Yo- Tú. Una relación que se mantiene por encima del tiempo.  El hombre, con esto, ya no queda en un ensimismamiento que le lleve a pensar, a crear, a buscar de una manera radical el ser como Heidegger, sino que nos está hablando de una comunicación que busca encontrarse con ese mismo ser, de dialogar con él desde la distinción.

                 En Buber, pues, y he aquí la gran contribución de su pensamiento dialógico,  este busca el responder a la comunión con el otro, no a conquistarlo, sino a responder a ese mismo instinto de comunión. En la medida que nos dejamos afectar por el otro se abre ante nosotros una manera nueva de vivir la vida, pues ese otro que nos afectas también nos invita a acompañarlo, a cuidarlo, a escucharle y aprender de este.

                Como explica la investigadora  Vivia Romeu:

                <<El yo-tú permite una relación mutua y directa por medio de la cual el yo se da al tú y viceversa. Esta experiencia ocurre en la medida en que se “penetra” en la esencia del otro y se crea una atmósfera de apertura y comunidad que resulta benéfica y transformadora. En cambio, en el yo-ello la distinción indica que la experiencia no es ni mutua ni directa; de hecho, se trata de una experiencia mediada, condicionada, donde el ello sólo puede dejarse experimental sin participar de la experiencia, pues se cosifica y despersonaliza. Se cancela así la posibilidad de ser percibido como el yo, como persona o ser su esencia>>[2]

[1] Tomo como base la introducción que hace Diego Sánchez Meca a Buber, Biblioteca Filosófica, 1997.

[2] Vivian Romeu, Buber y la filosofía del diálogo: Apuntes para pensar la comunicación dialógica. Universidad Iberoamericana, Ciudad de México, México, scielo.edu

Por francisco jose garcia carbonell

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