Artefactum, de David González Lago

Artefactum, de David González Lago

Gema Albornoz

Artefactum, de David González Lago 

Está publicado por Bajamar Editores y maquetado por Lloviendo Letras. Cuenta con un prólogo de Pedro Alberto Cruz Sánchez, una portada ilustrada por la artista cordobesa, Marlem Cantón y una foto de solapa del autor por Rafael Garrido Chacón.

Artefactum es un poemario dividido en cinco partes y cuyo título en latín, parte del significado etimológico Arte-factum, «hecho con arte», según me comentaba el propio autor.

David González Lago es profesor de Geografía e Historia y licenciado en Historia del Arte, por la Universidad de Córdoba y en Antropología

David González Lago
David González Lago

Social y Cultural por la UNED.

Algunos de sus poemas han sido traducidos al francés y al italiano, y han aparecido en medio nacionales o internacionales. Ha sido colaborador en la web de La Galla Ciencia y ha obtenido diversos premios, como el XXXVII Premio de Poesía de Bargas en Toledo, el I Certamen Nacional de Poesía para niños Villafranca en la Talega o el I Premio de Poesía Nocturna Poetas en la Noche. Ha sido finalista en el I y III Certamen de Poesía de la Casa de la Juventud de Córdoba, participando en Cosmopoética en 2015 y 2017.

Ha publicado los libros de poesía 33 reflexiones que Cristo haría en mi lugar, Corazón inmueble, Satán es un canalla despeinado y Animalicémonos. Artefactum es su quinto poemario.

Este quinto poemario que ha visto la luz en unos momentos difíciles, puesto que solo se ha podido presentar en una ocasión. En él, González Lago se deja llevar por lo intuitivo al traernos una obra entre prosa poética, relato y crítica literaria, según palabras de Pedro Alberto Cruz Sánchez en su prólogo.  Y a su vez, parece romper con los encasillamientos de la forma normativa. Además, también asegura que «el poema crea al mismo tiempo la norma y la excepción» y donde nos advierte que este poemario sería como «una tematización del proceso de creación a ciegas». Allí, donde confluyen ambos mundos y juega con los lazos entre cualquier creación artística. A fin de cuentas, Pedro Alberto nos explica que se trata de «una radiografía del mundo de las artes visuales», en este caso vividas por ese «alter ego» de David González Lago, que se introduce en su obra, al encarnar al pintor protagonista en estos poemas, que nos habla como en un monólogo reflexivo.

Sin duda, el arte y la poesía son formas de expresión. Encontramos la conexión, entre esa poesía universal que es reflejo de todas las cosas. ¿Acaso no ocurre lo mismo en el arte? Ambas son esa manifestación de cómo nuestro interior ve el exterior. En ocasiones, en la forma que toma y en otras, por el proceso por el que pasa. ¿Qué detalles se resaltan con la longitud de una pincelada o con el ritmo con la que se asesta?

COLOR FRENTE A LO GRIS

Observo mis manos manchadas de pintura. Cada decisión

se torna un archipiélago poblado de múltiples islas de

color. Cada mancha es un mundo independiente, una

escueta obra maestra que dará un nuevo matiz a mis

huellas dactilares. Será el lienzo lo admirado por el pú-

blico, pero el arte siempre está en la mano liberada.

Mano en la que siempre veré, aun lavándola a con-

Ciencia, ese mapa emborronado y colorido inherente

al proceso de vivir. En una realidad cada vez más in-

flexible y apagada, no hay estímulo mayor para seguir

en la batalla.

La importancia del minucioso detalle. En este caso, nos dirige a detalles como la creación de obras incompletas, cuando los resultados no Artefactumcoinciden con las previsiones esperadas o cuando se crea «sufriendo apasionado». Cuando el creador compone «por amor a un arte ancestral, suelo trabajar a pecho descubierto», pese a todo lo que acontece en el exterior, donde producen con «técnica mixta: acrílico, sudor, óleo, sudor, desazón y sudor». O donde se despierta para buscar y redefinir «los confines del mundo de las ideas», mancha sus manos y esa cuerda ajustada que nos sujeta, se afloja para volver a respirar. Cuando las ideas te atacan con urgencia, existe la etiqueta, la crítica y los halagos, donde se «me considera un torrente inagotable» o nace ese intento de permanecer y quitamos la venda de quien participa de la obra. En la creación, de quien no esconde complejos, se señalan los errores comunes de identificación con todo lo que se hace y donde «millones de bocetos avivaron la hoguera». Una creación con puertas abiertas, del mundo interior, donde habitan los lienzos en blanco, las obras son «una mancha en el océano» y donde el arte no tiene precio. Allí, donde todas esas similitudes, enfatizan los parecidos de los procesos artísticos y donde el arte suscita al arte. Como en el caso de la ilustración de portada, que se unió al libro tras estar terminado, aunque David González al verla, escribe ese poema de manos manchadas, el último texto que formó parte del libro y a pie de cada página se emplea un nuevo pincel preparado para dar forma a esta obra.

En definitiva, una obra que se lee siendo observadora de cada escena y cada reflexión de su protagonista. Tras intercambiar impresiones con David González Lago, me comentaba que artistas como Marlem Cantón, autora de la ilustración de portada o Andrea Castilla, pintora argentina afincada en Motril, habían leído el libro sintiéndose identificadas en sus procesos y comentándole que es «un libro que todo artista debería leer». Estoy de acuerdo, coincido y extiendo esa invitación a quienes se lancen a la creación, en cualquiera de sus formas, puesto que todas esas escenas se pueden trasladar a ellas.

Por Gema Albornoz

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