Antología de un Poeta Esencial

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Antología de un Poeta Esencial

Enrique Baltanás, Antología completa, Sevilla, Poesía al albur-Cypress, 2021

José Cenizo Jiménez

            Hace dos años comentábamos en esta misma sección de “Luz Cultural” el libro de poemas Esta sombra que fui, de Enrique Baltanás (Alcalá de Guadaíra -Sevilla-, 1952). Profesor de Enseñanza Secundaria y de Universidad ya jubilado, hombre culto con una curiosidad inmensa, cuya obra se reparte -damos fe de ello, pues la hemos seguido y, en gran parte, comentado- entre diversos géneros (novela, poesía, ensayo…).

            Ahora reúne una antología completa de su poesía, complemento de Medidas provisionales, publicada en 2004. Recoge poemas de sus diez libros de poesía, desde Rumor de azuda, de 1991, al que hice las palabras de la solapa, hasta el citado Esta sombra que fui, de 2019. Premios como “Luis Cernuda” o “Unicaja” han apoyado esta trayectoria, que proseguirá, sin duda, hasta una futura tercera antología dentro de unos años.

            En la que comentamos, es patente que Baltanás usa con destreza las diferentes formas  métricas (sonetos, soleares, romances, coplas, verso libre…) y los recursos literarios más variados. Uno de ellos, el símbolo, en la estela de la tradición que tan bien conoce (la machadiana la ha estudiado a fondo), aparece expresado en la sombra, el río, al mar, la niebla, el espejo, la rosa, entre otras formas, en el marco de una de sus bases temáticas, el paso del tiempo, nuestra esencia temporal. Así la rosa en este poema de tres versos (p. 91):

La rosa nunca es la rosa.

Es la rosa que soñamos.

La de siempre: ésta de ahora.

Reconocemos deudas con Machado, Quevedo, Cernuda, Sócrates, Lope de Vega (de quien hizo la tesis doctoral), Fray Luis, San Juan de la Cruz… O Rubén Darío, del que toma el título de otro poema, “Lo fatal” (p. 109), en que, a modo de poética, escribe que le parece una suerte que sus poemas se reconozcan en otros ya escritos, para acabar con ironía:

Lo de menos es que se equivocaran

en algunas palabras, en pequeños detalles.

El lector encontrará temas variados (amor, el paisaje natal de Oromana, la muerte, el tiempo, la creación poética, el dolor…) con una exquisitez al modo clásico pero con una profunda actualidad y renovación. Lean “Vida retirada” (p. 128), por ejemplo, que termina con estos dos versos que invitan a la vida:

                                   Ver abrirse la rosa de la nueva mañana.

                                   Y el milagro que es siempre un día más de vida.

            Aunque hay poemas más pesimistas, preferimos terminar nuestra invitación a la lectura de esta antología con ese canto. No olviden pasearse con serenidad por estos versos que, en nuestra relectura, nos han parecido aún mejores. Buena señal.

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